Yo había encontrado a Carlos Ruiz Zafón, en las entrevistas promocionales para su última novela, El juego del ángel, cierta ironía distante cuando le preguntaban si un escritor podía vender tanto y las críticas a la calidad sobre su novela.
El hombre se defendía atacando y mostrando cierta distancia con el resto del gremio; y, como decía la fábula, no hay que comprar el libro por la portada. Y yo no lo he leído; de La sombra del viento no pasé de las primeras veinte páginas, aunque lo reintenté. Luego pensé que había demasiado bueno por leer y que en una vida no me daría tiempo de leerlo todo -lo bueno, digo-, así que decidí dejarlo por imposible. ¿Que si me pareció malo? Sí.
A propósito de El juego del ángel, que ni siquiera he tenido en mis manos -¿lo que me desacredita para criticarlo?-, he aquí el fragmento que publicó El Mundo. Voy a detenerme en un párrafo en concreto:
Una madrugada desperté de golpe sacudido por mi padre, que volvía de trabajar antes de tiempo. Tenía los ojos inyectados en sangre y el aliento le olía a aguardiente. Le miré aterrorizado, y él palpó con los dedos la bombilla desnuda que colgaba de un cable.
–Está caliente.
Me clavó los ojos y lanzó la bombilla con rabia contra la pared. Estalló en mil pedazos de cristal que me cayeron en la cara, pero no me atreví a apartarlos.
Dice Horacio Quiroga que:
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
Desde luego, lo de “los ojos inyectados en sangre”, “el aliento le olía a aguardiente”, “la bombilla desnuda”, vamos, uno espera un esfuerzo estilístico superior para un producto de éste tipo. En fin, que debe ser que no tenían “negros” para poder revisar el texto y darle un toquecito de calidad.
Y para qué voy a hacer el esfuerzo de leerla. ¿No dicen que las buenas novelas enganchan desde el principio? Pues eso. Perder el tiempo, lo justo.
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