Desde Canarias

Castillo San CristóbalHa cambiado la entrada porque no quiero comenzar mi bitácora con una noticia tan quejica. Verás, ocurre que hoy no tenemos calima pero el tiempo se ha vuelto un poco más ventoso. En la calle no hace frío, pero se está fresco. Con una camisa y unos vaqueros uno puede ir a cualquier parte. Si vives en zonas ventosas igual recomiendo una chaquetita; para los de cuerpo abundante, un chaquetón.

Luego tomé un atajo y bajé a la playa de cemento y piedra. Los que son de la capital la conocen: San Cristóbal. Un viejo torreón, que llamamos castillo -porque aquí todo es minúsculo y entonces nos parece gigante una construcción que no nos defendería de un grupo de adolescentes en una chalana-, reverde de musgo en su base, cercano a la orilla; y yo que lo acompaño.

No sucede nada. El tiempo es apacible y la mar se encrespa ligeramente. Las nubes transitan tranquilas y dejan que el sol me caliente la cara. Son las siete de la tarde pero el trópico tiene estas cosas.

Luego me subo y pienso: he perdido tiempo pero he ganado en salud. Me sonrío: me apetecería charlar con cualquiera de la vida. Por eso busco un señor mayor -o un bribón mayor- porque ellos desconocen los protocolos de la juventud. Son más modernos que los jóvenes modernos.

Le miro y le digo: ¡pues parece que hace buen tiempo!

Y me responde: Sí. En la tele dicen que viene lluvia, yo me traje mi chaquetita por si acaso.

Era delgado; de ahí que no usara chaquetón.

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