Por si no teníamos bastante con Lucía Etxebarría o con Ray Loriga, ahora nos sale Agustín Fernández Mallo, un tipo que dice que el noventa por ciento de la poesía española es mala. No sé si se refiere a la totalidad o a la actual. Pues si hubiera sido presidente de un jurado, Ángel González y Leopoldo María Panero lo hubieran tenido crudo. ¡Menuda suerte hemos tenido!
El tipo, que es listo, ha creado una trilogía, titulada Proyecto Nocilla, de la que ya ha publicado las dos primeras partes (y nadie nos librará de la publicidad de la tercera). En la primera, gran parte de la crítica, acostumbrada a lo de siempre, es decir, catedrales en el mar y el retorno de los pilares en la tierra, y pasando por alto a gente como Vila-Matas o Juan José Millás, entre otros, ha decidido que el collage de Fernández Mallo no es malo, es decir, es muy bueno, a pesar de quien afirma que es Rayuela en ciertos aspectos pero un poco peor (si leo que es mejor que Rayuela pues entonces sí que me compro los dos volúmenes y guardo otros dos en una cajita por si vienen los marcianos y dejar así testigo de nuestra literatura). El estilo fragmentado tampoco es propiedad de Rayuela. Estoy seguro que algunos años atrás Fernández Mallo hubiera participado de la OULIPO (disertando de Nocilla con Perec y Queneau).
Dicen que lo mejor son las contínuas referencias a la cultura pop, tanto a nivel de lo comercial que inunda nuestras vidas como de la cultura indie, e incluso de la contracultura. Y que el tipo recoge, en los créditos del segundo, las críticas positivas y la necesidad de sus novelas en el panorama español. Eso es autoestima y lo demás bobería.
Y digo yo: ¿no podría haberla presentado al Nadal, el Primavera de Novela, el Planeta? No, porque ya dejaría de ser lo que es, la “antinovela” a la novela tradicional y canónica española (porque Vila-Matas o Álvaro Pombo escriben como Galdós, se entiende). Y entre crítica y crítica, gente que dice que abre la puerta a una nueva forma de narrativa en la literatura de nuestro país. También reseñar la importancia del impacto de las novelas en el mundo blog: esto le da un aire nuevo porque Dostoievski no tenía blogs que recomendaran Crimen y Castigo.
Y la gente se queda tan ancha. No pienso comprarme ninguna de las dos, a pesar de que me hayan desengañado y de que describa el paisaje americano con tanta maestría (Cormac McCarthy se puede ir retirando de la literatura y dedicarse a otra cosa). ¿Es el nuevo Thomas Pynchon a la española? Es que leerme a Tarantino versión literatura española de vanguardia como que no me apetece (y me gusta Tarantino, pero no lo adoro). Si un escritor abre una nueva vía formal en la literatura de nuestro país, bravo por él. Pero que no me desbarre nadie. ¿Dónde están los críticos “carcas” e inamovibles? ¿Ahora se han vuelto “progres”? Ni tanto ni tan poco.
Esto nos pasa por no tener un Houellebecq en nuestro país (aunque Loriga hizo oposiciones para eso durante una temporada). Lo siento por Alfaguara pero quiero ser un crítico bloguero post-novísimo… ¡sin leerlo!. Tengo mis razones. Entre ellas, que hice juramento: si Harold Bloom lo integra en el nuevo canon occidental, me lo leo. Palabra de romántico.
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He leído la novela y me pareció un lío tremendo, no es mi estilo pero no digo que sea mala tampoco, tan solo que no me gustó leerla, prefiero la prosa de toda la vida!!
Una transgresión aparente (es decir, una autoproclamada variación formal) vale, en estos tiempos tan rumbosos, más que el tranquilo ejercicio del talento. O al menos vende más, que hace rato que en nuestro adorado sistema productivo la cantidad ocupó el lugar de la excelencia, y los gritos y la purpurina acallaron las antiguas templanzas del rigor y la imaginación. ¿Qué mejor publicidad para la propia obra que vestir la opinión con las oscuridades de la libertad formal y de la incomprensión? ¿Qué credencial de genialidad más sólida que la crítica indiscriminada a la estética de los clásicos, tan decadente e insatisfactoria para explicar los cambios fulgurantes y la “problemática” de la sociedad contemporánea.. bla..bla…bla…?. La literatura del futuro, me temo, estará llena de obras vacías y autores engreídos.
En la revista Qué Leer, no sé si el número de este mes o el anterior, si no me falla la memoria (conmigo nunca se sabe), en un artículo humorístico sobre la fiesta del Premio Planeta 2008, decía el articulista que se le acercó una y le dijo que si le gustaba Paul Auster, le gustaría Fernández Mallo.
¡Me encanta Paul Auster! Me entró tembleque de pensarlo. De Paul, por cierto, me gustan menos sus últimas novelas que las primeras (Viaje por el Scriptorium es más de lo mismo).
Si Fernández Mallo escribe como Paul Auster le recomendaría al niuyorker que lo demandara por plagio. Amén.
Es que Paul Auster es muy bueno. Y coincido contigo: mucho mejores las primeras obras (trilogía, palacio de la luna) que las últimas. Siempre suele ser así, la creatividad se va agotando… y eso quien alguna vez la tuvo, por supuesto (un ejemplo palmario de ese agotamiento es el de H.G.Wells).Haría falta una vida infinitamente variada para no notar el desgaste. Auster es bueno porque parece que se cree lo que cuenta, que le interesa verdaderamente lo que está contando y que por añadidura lo cuenta muy bien, sin avasallar con “genialidades” parciales. No tiene tiempo para experimentos chorras ni para grandes teorías de la revolución literaria.Y eso se agradece casi tanto más que el encanto de sus libros.
Saludos