La pedantería científica

¿Cuál es el sentido y la finalidad de la nota a pie de página? Una pregunta cuya respuesta exigiría probablemente que buscásemos una nota a pie de página ya olvidada; y una pregunta que atormenta a todo aquel que, al comenzar sus estudios, se sumerge por primera vez en ese submundo de textos breves que, como si de un sistema de canalización de aguas se tratase, abastece de pruebas a todo gran texto científico y, al mismo tiempo, sirve para depurarlo de las hipótesis discrepantes de ineptos colegas.

Las notas a pie de página son las dos cosas: fuente de provisiones y digestión, banquete y lavabo, festín y sitio para vomitar. Así como una casa moderna sólo es un lugar habitable si tiene luz y agua, sistema de alcantarillado y servicio de recogida de basuras, del mismo modo un texto sólo es científico si tiene notas a pie de página. Estas notas surgieron como reacción a las acusaciones cartesianas contra las ciencias históricas, a las que se consideraba poco científicas: en tanto que instrumento de control propio de las «ciencias del texto», las notas a pie de página se convirtieron en el equivalente del experimento, el instrumento de control de las ciencias de la naturaleza. Esta evolución tuvo su punto de partida en el Dictionnaire historique et critique de Bayle (1697) y su conclusión en Ranke, quien se sirvió de las notas a pie de página para transmitir su entusiasmo por el trabajo de archivo y creó el Seminario Histórico, dedicado a a la investigación de las fuentes.

De este modo, originariamente la nota a pie de página sirvió para demostrar corrección de las afirmaciones del texto. En ella se citan fuentes y documentos; se apela o se refuta a las autoridades en la materia; hace las veces de quien da su testimonio ante un tribunal y al mismo tiempo ofrece la posibilidad de un interrogatorio contradictorio. Y el fallo del texto sólo es posible tras la discusión de las notas a pie de página.

Pero la verdadera clave para comprender la función de la nota a pie de página es el afán de notoriedad. La acción de la novela Small World, de David Lodge, arranca en un congreso sabre libros de caballerías: Lodge quiere comparar a los profesores con caballeros andantes que van de torneo en torneo buscando la fama, del mismo modo que los profesores van de congreso en congreso para medirse con sus adversarios científicos. La búsqueda de la verdad es probablemente el principal motor de la investigación. Pero el logro del reconocimiento de los demás investigadores es igual de importante. La nota a pie de página también cumple esta función, y es para el científico lo que para el caballero su blasón: lo identifica como científico y le confiere credibilidad y legitimidad para particiipar en el torneo. Al mismo tiempo, la nota a pie de página es su arma. Con ella no sólo aumenta su fama, sino que reduce la de sus adversarios. La nota a pie de página es un arma de la que puede hacerse múltiples usos y de la que todos pueden hacer uso. Unos la utilizan como puñal para matar al enemigo por la espalda; otros la usan como porra para derribarlo; y otros como florete con el que batirse elegantemente en duelo. Por eso, para el lector, las notas a pie de página suelen ser más entretenidas que el texto. En este sentido, las controversias que se reflejan en ellas se asemejan a las peleas que los camorristas mantienen en la calle después de retarse en el bar. Así, en la nota a pie de página el autor puede quitarse la máscara de respetabilidad que usa en el texto y mostrar su verdadero rostro. Esto hace que la nota a pie de página sea más veraz que el texto, pues en ella el autor da la cara.

Pero también tiene sus astucias. Una de ellas consiste en no citar nunca al enemigo, en ignorarlo, aunque su libro sea fundamental. Quien no es citado, no existe a los ojos de la ciencia, pues carece de impact factor. Este factor lo mide la Sciencie Citation Index del Institute of Scientific Information de Filadelfia, basándose en la frecuencia con la que se cita una publicación. Así pues, quien no es citado, no figura en el mapa de la ciencia. El arma de la indiferencia puede producir graves heridas; pero esta arma, como el arco de Ulises, sólo pueden usarla combatientes acreditados; los demás se harían inmediatamente sospechosos de no haber citado el libro por desconocimiento. Inversamente, los pesos ligeros pueden llamar la atención arremetiendo en sus notas contra las celebridades. A éstos les ocurre lo mismo que a los pistoleros de los westerns todos quieren medir sus fuerzas con ellos. Quien sobrevive, de repente puede hacerse famoso. Esta vía la toman fundamentalmente los parásitos que, a falta de méritos propios, se hacen una reputación criticando a los demás. Esto no significa que no cumplan una función importante en el dominio de la ciencia: como las hienas, sólo atacan a los textos enfermos. De ellos cabe decir lo que se dice de los buitres en los documentales de animales: son la policía sanitaria de los textos y quitan de en medio los cadáveres científicos.

Cuando el torneo se convierte en una batalla campal, la nota a pie de página sirve también de estandarte en el que amigos y enemigos reconocen a las escuelas científicas y a los seguidores de la misma teoria. De este modo, en sus notas cada cual puede tomar como aliado a un gruupo: lo único que debe hacer es apelar a él, logrando así entrar en un club científico.Por lo general, los miembros de una misma escuela se citan los unos a los otros, por eso en el folclore científico se habla de los «monopolios de la cita». De esta forma los miembros de una misma escuela logran aumentar su impact factor. Por la misma razón, en las ciencias naturales suelen citarse como autores a científicos que tienen tanto que ver con el texto publicado como el fabricante de una sartén con el guiso que en ella se cocina: así el director del laboratorio en el que se han realizado los experimentos descritos; pero la publieación contribuye a aumentar su impact factor. Lógicamente, el destino de cualquier texto es convertirse en materia prima de las notas a pie de página de otras obras. Eso es lo que le espera: convertirse en texto de una nota a pie de página. O inversamente, y expresado en términos freudianos: «Donde había texto, debe haber nota a pie de página». Todo texto se alimenta de los desechos de loss otros textos, cuya fermentación da lugar a la nota a pie de página. Cada nuevo texto degrada los textos anteriores, convirtiéndolos en un depósito de nootas a pie de página del que él pesca lo que le conviene. Entre los textos y las notas a a pie de página se produce una metamorfosis interminable, y el mar de textos constituye el conjunto del material genético a partir del cual la combinatoria infinita de las notas a pie de página produce continuamente nuevos textos.

A pesar de esto, como habrá podido comprobar cualquier estudiante durante los primeros semestres, cuesta habituarse a leer textos con notas a pie de página. En el texto leemos algo sobre la historia de Prusia, pero en las notas a pie de página se nos habla de las circunstancias que rodearon el nacimiento del texto. Es como si nos contaran un chiste y nos lo explicaran almismo tiempo. O, como dice Noel Coward, como si, en pleno acto sexual, uno tuviese que ir hasta la puerta para recibir una visita y después continuar. En la lectura también hay que practicar el coitus interruptus.

Extraído de La cultura, todo lo que hay que saber, de Dietrich Schwanitz , Taurus, 2007. El libro es malo con ganas pero al menos esta “nota al pie” es de las poquitas cosas que se salva de la quema.

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