Literatura buena, literatura mala

how-to-talk-about-books-you-haven_t-readSi Woolf, Kafka, Conrad, Cortázar, Faulkner, Carpentier, Joyce… , es decir, la buena literatura, trataran de publicar mañana, en alguna de las grandes editoriales, sus manuscritos, estoy convencido de que no publicaría casi ninguno de ellos. Ulises se me antoja un imposible porque ¿quién va a querer publicar una novela con esa complejidad narrativa, lingüística, etc.? El propio editor lo abandona tras las primeras 60 páginas y lo arroja a la papelera.

Si yo digo ahora que: Almudena Grandes,  Elvira Lindo, Maria de la Pau Janer, Ken Follett, Dan Brown, Ruiz Zafón, Arturo Pérez-Reverte, Antonio Gala, Javier Cercas, Juan Cruz, Maruja Torres, Lucía Etxebarria,  Ildefonso Falcones… y así hasta el infinito, es mala literatura, me acusarán de elitista y de fatuo y pedante.

¿Cuál es el problema con la buena literatura? Que no es fácil de leer. La montaña mágica de Thomas Mann es una lectura que el lector medio de hoy día, esos que leen a Boris Izaguirre o a Espido Freire, no podría pasar de la página cien (y estoy siendo generoso). Mann requiere un esfuerzo intelectual así como una hábito lector. Y dentro de ese hábito, lectores con “competencia literaria”; es decir, personas habituadas a leer textos de diversos campos de la cultura (arte, literatura, historia, ensayo, etc.), y que posean un bagaje como lectores. Lo que suele denominarse, popularmente, como “nivel cultural”.

Aquí se encuentra, a mi juicio, uno de los grandes problemas de señalar con el dedo, a los lectores, a este o aquel autor: que uno puede reconocer que elige un mal vino, pero jamás que no sabe lo que lee, y mucho menos que lo que lee es mediocre. ¡En todo caso, el que rechaza o destroza a un novelista es porque es un ignorante, de esos que lo único que quieren es tener la razón!

Porque la lectura está reconocida socialmente como una actividad de “gentes cultas”, de personas con “cultura”. “Yo leo”, dicen con orgullo quienes tienen ese hábito, aunque luego sus elecciones estén novelas recomendadas por los suplementos semanales -a menudo, obras de autores adscritos a sus editoriales, caso de Alfaguara con El País, pero hay más ejemplos- o el último premio Planeta (dicho esto, jamás ganaré el Planeta o me editará Alfaguara; aquí, haciendo amigos).

¿Qué sucede con el gusto literario? ¿Es educable? Estoy convencido. Pero hay que tener mucho cuidado con dos aspectos, a saber: uno, el de proponer obras que amplíen el catálogo de lecturas que, por impulso, no se tienden a leer -por culpa de las campañas publicitarias-, ya que éstas nos abrirán a nuevas sensaciones y perspectivas -que de eso se trata-. Ocurre igual con la cocina, el deporte o la música. El otro, el de que la importancia de leer, sea lo que sea, es más importante, en última instancia, que la lectura en sí. Potenciar el acto de leer frente al qué se lee, porque el lector debe tener la libertad de elegir lo que lee, cómo y cúando.

Dicho esto, la lectura posee un problema inherente a su liturgia: el tiempo. No es lo mismo ir a buscar un libro de cocina para probar nuevas recetas e impresionar a los amigos, que tener la paciencia de leer las más de 1000 páginas de Guerra y paz, por más estimulante que pueda parecer. Incluso a los que leemos mucho y no nos dan miedo los libros gruesos -o de varios tomos-, el tiempo supone un hándicap.

Volviendo a las editoriales, me deja perplejo que las grandes campañas de las editoriales sean para novelas como La sombra del viento, que tengo a menos de cuatro metros de este portátil y de la que no pasé de las primeras veinte páginas. No es que me guste la pose de “intelectual” y me fuerce a no leer este tipo de novelas. Es que si uno tiene en la retina Madame Bovary (Flaubert), El corazón de las tinieblas (Conrad), Meridiano de sangre (McCarthy), La subasta del lote 49 (Pynchon), Orlando (Woolf), El rey Lear (Shakespeare), El arrancacorazones (Vian) o La náusea (Sartre), esa competencia lectora marca una línea de placer estético. ¿Las malas lecturas son del todo excluyentes? No. Puedo prometer y prometo que he leído varios libros de la saga de la forense Kay Scarpetta, escritas por Patricia Cornwell, o El enigma de la catedral de Chartres, de Louis Charpentier. Introducir fast-food en nuestra dieta, sin abusar, no va a hacernos peores lectores.

A un amante de Tchaikovsky le puede encantar Extremoduro, pero sabe distinguir las dos opciones y situarlas en un marco concreto, cada una en un nivel. Tchaikovsky, o Vivaldi, podrían -debería- enseñarse en las escuelas; Extremoduro es prescindible, aunque dentro del estudio de la música popular de una época también tiene su cabida (porque es cultura).

Por un lado, hablamos de música clásica, por otro de música popular; ambas tienen sus referentes históricos, ideológicos, técnicos, etc. determinados. Aún así, a una persona con nivel cultural medio no se le ocurriría decir que Vivaldi es mala música y Extemoduro, buena; más bien al contrario. Y lo afirmaría aún no sabiendo diferenciar entre una corchea y una semifusa, o entre una clave de fa y una de sol. :grin: ¿Por qué? Pues porque hay una convención universal sobre las que se asienta -formal y conceptualmente- esta afirmación. Aplicando las mismas técnicas de investigación, vemos como otro tipo de música jamás llega a la calidad y la emoción pura de las piezas clásicas. Enciende la radio, pon cualquier cadena de música comercial. Ése cantante del que has estado oyendo y leyendo por todas partes va a vender 7 millones de discos con su primer álbum y dentro de cinco años nadie se acordará de él. La música, como la literatura, no puede ser medida por su valor económico, sino por valores relacionados con la técnica con que fueron hechas y la emoción que despiertan.

Extremoduro tiene su momento y Vivaldi el suyo, digamos; para Álex, el protagonista de La naranja mecánica, Mozart tenía su momento. A muchos personajes de Murakami, por ejemplo, les apasiona el jazz; o bien lo escuchan, o aparece en sus novelas como elemento recurrente.

La literatura es igual, bajo mi punto de vista. La mala literatura y la buena conviven, como no podría ser de otra forma, cada una tiene su momento. Pero son malos tiempos para la lírica, que diría el poeta -esto es cierto: vivir de la poesía en España, y me temo que en el mundo, sin subvenciones o sin ganar premios importantes, es un imposible-.

Las críticas literarias parecen acercarse más a la importancia del boom del producto (El niño con el pijama de rayas ha sido best-seller en 25 países -y, por lo tanto, es una obra maestra-; si has leído El principito, de Exupéry, o los cuentos de Andersen, me juego un brazo a que parece una novela todavía más infantil y ñoña: no la he leído, puedes matarme) que alumbrar las virtudes ocultas a ojos poco despiertos. ¿Cómo se hace una crítica hoy día?

Magnífica novela, prometedor autor, personajes profundos, trama sorprendente, final trepidante, hallazgos de todo tipo, son algunas de las definiciones más recurrentes (¿no te suenan?). Luego busca un juego entre autores clásicos para dar un aire de respeto a tu crítica (“una mezcla entre los personajes oscuros del Dostoievski más descarnado y la ironía social de Jane Austen”, por ejemplo, y creerán que van a leer a Dostoievski y Austen en esa novela). No olvides añadir algunos párrafos que no se entiendan ni con el diccionario de la RAEL a mano: “lleva la inconsistencia de lo extraño a una epifanía sinestésica apabullante, arrinconando las miserias humanas en pequeñas chispas arremolinadas alrededor de una asfixiante ascensión a una metafísica hegeliana: el agón ya no es una futilidad whitmaniana”. Podría ser casi cualquier cosa que se te ocurra.

Hay buena literatura dura de leer. El paraíso perdido de Milton, por ejemplo, no es fácil; pero hay otra que te abre fronteras y es como si -imagino- fumaras opio: Las flores del mal de Baudelaire (aunque el Spleen, sus pequeños poemas en prosa, también habría que echarles un vistazo); y otra que sorprende porque derriba prejuicios: La Biblia (como narración, maravillosa; unos evangelios más que otros, hay que decir).

Estoy convencido de que estamos en un periodo bajo de autores; que de la generación de los años ochenta apenas sobreviven unos pocos, y no precisamente por su calidad literaria sino por empuje, porque no hay más, o por publicidad editorial, porque el libro es un gran negocio.

En todas partes cuecen habas, pero creo que la literatura en España no pasa por su momento más álgido. Hace mucho que no leo a un autor nacido en España que me conmueva como pueden serlo Juan Villoro, Claudio Magris, Michel Houellebecq, Alessandro Baricco o Ricardo Piglia. Desde Juan García Hortelano, Delibes, Caballero Bonald, y algunos pocos más, no hay una literatura -exceptuando a geniales escritores, para mi gusto, como Vila-Matas- que uno pueda palpar como producto de alto nivel. La literatura en español ha cruzado el charco, y desde el boom de la literatura hispanoamericana se ha quedado allí. En América -incluídos los Estados Unidos- hay unos estupendos herederos del realismo mágico, y unos autores que han reivindicado la literatura estadounidense, colocándolas entre los referentes mundiales.

Si lees El proceso, La cartuja de Parma, los cuentos de Chéjov, a Delibes, a Bolaño, a Mastretta, a Onetti, a Octavio Paz, y toda la maravillosa poesía española -Hierro, Ángel González, etc.-, vas a seguir leyendo mala literatura -como yo-, pero ganarás criterio para saber quién es quién.

Sé que no me he explicado todo lo bien que debería y que he dado tumbos; pero no importa. Ahora, pediría que, tanto a favor como en contra, me den argumentos, si es que hay alguien con el valor de comentar este artículo -porque este artículo deja a mucha gente al descubierto-. No me salgan con el “no tienes ni puta idea” porque eso no es ningún secreto. :grin:

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13 Comentarios

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  • En mi humilde parecer has sido lo suficientemente claro en tus conceptos. Es más, yo los comparto en su mayor parte a riesgo (o seguridad) de quedar expuesto como integrante de la lista “junk” de los escritores. A esta altura de mi vida sé que disfruto de lo que hago y por suerte no necesito (psicológicamente) vender mi imagen. La libertad interior que respiro abona todos los precios.
    Menciono que estoy de acuerdo contigo, esencialmente, porque luego de leer “El juego de los abalorios” de Hermann Hesse puedo perfectamente sentarme frente al televisor y disfrutar de “Lost”; luego de escuchar las “Danzas Húngaras” de Johannes Brahms puedo recostarme en la playa y disfrutar de “Macarena” (reconozco que esta última, por tiempo limitado).
    Pero por sobre todas las cosas tu post me ha permitido reflexionar en algo: “teniendo el ser humano tantas genuinas obligaciones sociales que cumplir y que aún no cumple, al menos, en las que nos competen a nosotros mismos sin riesgo de perjudicar a nadie… ¿porqué no tomarnos la libertad de sentirnos libres (valga la redundancia).
    Un saludo.

    • ¡Hola Rudy! Pues gracias por tu comentario, y creo que la libertad interior no es incompatible con un criterio literario. El juego de los abalorios es una maravilla de texto.

      Tu comentario extiende y potencia la idea del artículo, me gusta el párrafo entrecomillado. ¡Un saludo desde Canarias! :grin:

  • Me va acostar un poco contestarte con objetividad, puesto que soy uno de estos malos escritores que mencionas en tu artículo.

    Me explico, tengo la suerte o mala suerte de no haber sido publicado aun, pero llevo una novela escrita y estoy confeccionando otra, me temo que soy un proyecto de escritor mediocre.

    Siendo así, entenderas que se me hace difícil opinar, pero te diré una cosa, no creo (te lo digo por experiencia) que una escritura alambicada y con muchas floritura sea de calidad Per se, es mas, cuando un texto se hace difícil de leer en principio es un mal texto, porque el objetivo principal de todo autor es que te puede leer la gente y que todo el mundo entienda lo que pretendes transmitir, si no es así no has conseguido tu objetivo.

    Lo que ocurre es que hay autores, que escriben para lucirse o mejor dicho para lucir sus galones culturales y dejar constancia de su extensísima cultura y bagaje intelectual.

    Pero amigo mío escribir es transmitir, es pasión…al menos así lo entiendo yo.

    Un saludo.

    • ¡Hola Alberto! Pues no veo que te haya costado, te he entendido muy bien la tesis. Cuando llegué a “soy uno de esos malos escritores que mencionas”, me pensé que serías Pérez Reverte y me machacarías, vaya, me lo he perdido, no tengo suerte en esta vida, definitivamente. En fin, que pensaba que eras Juan José Millás o alguno de los que cito.

      ¿Porqué eres un proyecto de escritor mediocre? ¿Quién dijo eso? Mal vamos, con esa actitud, disculpa que te lo diga así. Para escribir uno se tiene que creer mejor que Cervantes, o mejor ni intentarlo. No creo que tengas que esperar al juicio ajeno para saber si eres bueno o malo; ¿sabes cuántos grandes han tenido que esperar a que muriera el crítico canónico de turno o que lo redescubriera otro autor de prestigio de su época para rescatar su obra? Nada, escribir, escribir, escribir, y ya lo demás se irá viendo.

      No me refería a un estilo alambicado o con florituras, porque entonces “El retrato de Dorian Gray” sería un modelo y lo que es, si me permiten los que saben, es una apuesta de estilo de Wilde. Flaubert no tiene nada que ver con Salinger, y a ambos, estaremos de acuerdo, los podemos situar en la categoría de “maestros”. Pienso en Góngora, que es difícil de leer -o incómodo, al menos, con toda esa sapiencia mitológica que tiene-, pero que es un poeta excelso. No todos escriben como Benedetti, sé que te consta.

      Tú tendrás tu estilo, y si consigues darle un “toque” personal, de manera que te identifique, pues ya lo tienes, ahora queda saber qué contar.

      Tienes toda la razón, creo, en lo de que escribir es pasión, y de que hay quien vende mucho humo y luego debajo apenas encuentra dónde agarrarse. Justo como muchos de los libros de los autores que menciono como mala literatura -no digo que todas todas sus novelas sean malas-.

      Me ha gustado mucho tu comentario, me ha parecido que transmite opiniones que muchos escritores comparten, y abres puertas a debates interesantes como eso de “lucirse y mostrar galones culturales”. Me hubiera gustado que dijeras autores que consideras que lo hacen, a tu juicio.

      En fin, un comentario nada famélico, si me permites, y más bien interesante -mira todo lo que me ha sugerido-.

      ¡Un saludo y gracias por tu comentario! :grin:

      P.D.: ¡Mucha suerte con tus novelas!

  • No, nadie te acusará de fatuo o pedante, aunque lo seas. Otros como tu, escritores frustrados, mediocres y llenos de envidia y rencor te darán la razón y te dirán que si, que si, que tu si que vales y no esos que triunfan y que tu en realidad eres como flaubert o algo así y que la gente es tonta y el mundo es malo y por eso no te lo reconoce. Si eso te hace feliz, adelante. La gente como tú, los mediocres, grises, frustrados y rencorosos son los mismos que en su día ponían a parir a flaubert y a los demás por su éxito. Y si, eres fatuo, pedante y esnob porque eso es lo único que puedes ser y debe ser muy triste no llegar a nada más en la vida que a ser uno de esos blogeros que vienen a internet a criticar a quienes triunfan porque uno, en el fondo, es un don nadie y siempre lo será. La suerte es que siempre hay un coro de mediocres y de amargados que te darán la razón. Algo que la vida nunca hará.

    • ¡Hola Miguel Angel! Gracias por el comentario.

      Por qué soy pedante, a ver, y porqué tengo envidia. Mi ideal de escritura está más en los autores hispanoamericanos, norteamericanos desde Melville a Salinger pasando por John Fante y Kerouac, que en los españoles, ¿y qué culpa tengo yo de que me gusten más sus temáticas y sus estilos? Es una cuestión de gusto personal y lo mejor que tiene mi artículo es que es sincero. Belén Gopegui, Muñoz Molina y Vila-Matas, por ejemplo, son autores que me encantan y que no cito entre los que considero sobreprestigiados. Sólo es un punto de vista :grin:

      Sobre si soy Flaubert o no, deberías leer un comentario que tengo como artículo.

      No sé tampoco en qué párrafo digo que soy mejor escritor que, por ejemplo, Lucía Etxebarria. Digo que no me gusta cómo escribe y que está sobrevalorada, y tengo argumentos: por ejemplo, que plagia -sentencia judicial que lo confirma-. ¿Sus libros-feministas, de los que he leído Amor, curiosidad, prozac y dudas y Beatriz y los cuerpos celestes son la mejor expresión de nuestra narrativa? Prefiero Amelié Nothomb, Irene Némirovsky. Reconócelo, ¡tú eres el famoso fan de Pérez-Reverte que fijo me llama estúpido y cosas así! Si es que…

      Por último y agradeciéndote los cumplidos, te diré que otro día podrías poner un argumento/s por los cuales sí valoras en positivo a esos autores, no sé, algo del tipo: siempre infravaloramos la literatura propia y prestigiamos la de fuera. O descubrir aspectos de la narrativa de esos autores que los hace interesantes.

      En fin, soy demasiado joven para sentirme ya frustrado. :grin:

  • Sublime post.

    Creo que un texto puede ser todo lo difícil que quiera el autor mientras recompense al lector que lo lee. Otra cosa es que haya gente incapaz de apreciar ciertas recompensas.

    Y hablando de mala literatura y de Arturo Pérez Reverte, me he leído el cuento ese suyo que venden por catorce euros y me lo he cargado en una crítica acompasada. Jo, jo, jo.
    .-= Último artículo del blog de Lector Iracundo… Ojos azul billete, crítica acompasada de Ojos azules, de Arturo Pérez Reverte (Editorial Seix Barral). =-.

    • ¡Hola Lector Iracundo! Gracias por el comentario.

      Hombre, yo no tengo una inquina especial por Pérez-Reverte, pero me hace gracia la de gente que me salta al cuello cuando digo que no me gusta -como si dijera que no me gusta el helado de chocolate-. Yo nunca he dicho que no sabe escribir, sus novelas me gustan menos que las de otros, pero esto es un juicio subjetivo.

      En cuanto a la crítica acompasada, a ver si un día me cuentas si hay alguna lectura que al hacerle una crítica acompasada no quede en evidencia :evil: . Aplicar una metodología (New Criticism, Deconstrucción, Estructuralismo, Formalismo Ruso, etc.) a un texto te abre perspectivas pero también genera unas respuestas que pueden ser equívocas.

      Respeto tu propuesta de análisis porque tampoco la conozco en profundidad, pero la encuentro muy sui-géneris. Yo me quedo con percepciones globales.

      ¡Un saludo! :grin:

  • Hola Jules:

    Dado que el fin de la crítica acompasada es poner de relevancia fallos o aspectos dudosos de ciertas obras, habrá algunas en las que estos fallos sean o muy escasos, o inexistentes.

    Leyendo algunos clásicos he encontrado a veces fallos (que podrían haber sido de traducción), pero nunca tantos como en ciertas obras actuales.
    .-= Último artículo del blog de Lector Iracundo… Ojos azul billete, crítica acompasada de Ojos azules, de Arturo Pérez Reverte (Editorial Seix Barral). =-.

  • Este artículo lo he leido, y todo hay que decirlo, con mucho interés. A partir de ahí es cuando empiezo a notar mis discrepancias y mis distintas opiniones.
    El texto, como he podido comprobar, ataca directamente a escritores de actualidad o un poco anteriores, como Delibes. Quizá sus obras no superen a las que has nombrado, pero por esa regla de tres cuando se publicó Madame Bovary o El corazón de las tinieblas también fueron criticados como tú haces ahora. :wink:Es más, seguramente muchas de estas novelas a las que de alguna manera desprecias serán clásicos en un futuro.
    Dicho esto, la historia volverá a repetirse y cuando salgan al mercado nuevas historias se las comparará con las otras. De esta forma la rueda sigue corriendo y queda claro que en cada tiempo y en cada momento habrá un Dostoievski, un Dumas o un Tolstoi que no podrán repetirse. Por esta razón tienes que tener en cuenta que no por ser nuevo tiene que peor. Así que, aquí tienes a alguien que se atreve a hacerte un comentario verdaderamente razonable. ¡Hay cojones! :grin:

    • @Luis: Muy bien, se respetan las discrepancias, como tiene que ser. Yo a Delibes no lo ataco, qué lo voy a atacar, si es un genio. Yo lo que digo que puedes leer a Delibes, por ejemplo, y leer una literatura de peor calidad, que tampoco pasa nada. Más bien critico la sobrevaloración de algunos escritores en lengua española que considero sobrevalorados por el márketing. Hay grandes ejemplos de autores criticados por críticos de prestigio que eran como dioses, Saint-Beavue, por ejemplo, que podían hundir a quien ellos desearan y enterrarlos en el olvido, como intentó y logró en gran medida con Charles Baudelaire o Stendhal. Es cierto que siempre habrá novelas que necesitan un distanciamiento en el tiempo, pero no es menos cierto que podemos confrontarlas con esas grandes obras de Tólstoi o Dumas y comprobar que ese bombo de “gran literatura española, una novela irrepetible y un escritor representativo de la mejor literatura en español”, pues… Pero, dicho todo esto, digo dos cosas más: una, que yo no tengo la verdad absoluta, y que desde luego que ese punto de vista de que a veces lo nuevo resulta poco aceptado, se puede dar, pero con obras que rompan con ciertas tendencias e innove (ejemplo, Ulises de Joyce); pero Philip Roth, Cormac McCarthy, Houellebcq, Caludio Magris, Mastretta o Villoro son contemporáneos y nadie duda de la calidad absoluta de sus obras. Me cuesta encontrar esto en España: excepciones de Vila-Matas, Juan Marsé… Y sí, es un comentario verdaderamente razonable. ¡Los hay, los hay! :grin:

  • Aló! Tiene años de este post, pero aún así quiero decir:
    Acuerdo contigo, aunque eso de la mala y buena literatura les suene a muchos subjetivo al dar una critica final, pero creo que es palpable la distinción de la buena y mala. Como al exponer tus pensamientos contrastándolo con otras artes, tomando, por ejemplo, la música y así dar entender el porqué la existencia de esa diferencia, y sobre todo en las referencias que mencionas como ejemplos…
    Considero que la buena literatura conlleva o una lingüística o un contenido narrativo, esplendorosos, o ambos. Y la mala cojea de esas dos. Además la diferencia estará tanto se lean mucho, poco o nada los malos y buenos textos. ¡ESTARÁ!

    Me gustaron tus argumentos, y tu manera de contestar los comentarios.

    Pd: Eso que escribiste sobre lo que usualmente dicen, tanto cómo lo dicen, las críticas literarias a algunos trabajos, más visto.. en la mala literatura, quedé encantada con tu irónica suntuosidad:
    “lleva la inconsistencia de lo extraño a una epifanía sinestésica apabullante, arrinconando las miserias humanas en pequeñas chispas arremolinadas alrededor de una asfixiante ascensión a una metafísica hegeliana: el agón ya no es una futilidad whitmaniana” Jaja.
    Degusté de ello, enserio.
    En lo personal, dejando de lado mi respuesta…amo la estética en los textos, aunque muchos digan que son pomposidades ridículas,a quienes digo que se tomen el tiempo de entender, porque cuando leo a un erudito en el uso correcto y bello del lenguaje, yo lo aprecio. Tampoco digo que no aclamo los textos más ligeros y con un contenido penetrante en simples palabras, porque claro que sí. Soy fan de la bien usada grandilocuencia y esas florituras..

    Saludos desde alguna parte de este mundano planeta.

    • ¡Hola! Me ha encantado tu comentario. Cumples una máxima: para gustos, colores. Me alegro que te gustara porque sigo pensando casi lo mismo -con algunos matices, lógicos por el paso de los años-, pero sigue resumiendo bastante bien lo que pienso sobre la buena y la mala literatura.

      La estética me gusta. La calidad de un texto es la forma, en principio -para mi gusto-. Y luego, engarzado, lo demás: la trama, los personajes, etc. etc. Un abrazo desde el Aleph. :grin:

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