Hay momentos que marcan a toda una generación. Son recuerdos que nos han unido a todos los españoles en algún momento.
En este artículo vamos a recordar el precioso partido de España contra Yugoslavia, y que daría a la postre la medalla de plata de baloncesto en las Olimpiadas de Los Ángeles en 1984. Y, lo más emocionante, es el haber visto ese partido desde la perspectiva del baloncesto “moderno”.
A tener en cuenta
En primer lugar, hay que señalar dos circunstancias importantes: una, que no había línea de tres puntos. La otra, que los tiempos de posesión eran de treinta segundos. ¡Treinta malditos segundos! Me viene una sonrisa a la cara cuando los entrenadores se agobiaban porque las defensas tenían que aguantar cada segundo de posesión el ataque del contrario. Dadle ahora seis segundos más por posesión a cada entrenador y los harás felices.
Y para los que la memoria los traiciona… recuerden que eran ¡dos tiempos de 20 minutos!
Italia y Yugoslavia
Decían, por aquel entonces, que la combativa Italia era un equipo peligroso porque sabía rentabilizar como nadie las pequeñas ventajas, buscando posesiones que llegaban a los 26-28 segundos. Pero los yugoslavos eran maestros también en todo lo que no tenía que ver con el juego: el arbitraje, los pequeños detalles, la intimidación al contrario, el teatro (sí, eso de lo que se acusa tanto a Garbajosa, Rudy o Ricky Rubio, ¿no será parte del dominio lícito de otros aspectos del juego?). Casta de grandes jugadores. A los grandes, perder les duele más que al resto: es la diferencia sustancial.
La selección venía de hacer un papel estupendo en el Eurobasket de Nantes’83, perdiendo la final contra la potente selección italiana. Ya entonces se veía que España, con Díaz Miguel al frente como entrenador, estaba en un nivel dulce de juego, con una gran generación de jugadores.
¡Qué equipo tenía Italia! Dino Meneghin, Pierluigi Marzorati, Antonello Riva, Roberto Brunamonti, Renato Villalta, Marco Bonamico, Enrico Gilardi, Romeo Sacchetti, Ario Costa, Alberto Tonut, Renzo Vecchiato, Carlo Caglieris (Entrenador: Sandro Gamba)
Oh, sí, recuerdo a Antonello Riva, que era una especie de Epi o Villacampa, un verdadero fusil desde el perímetro, una facilidad pasmosa para anotar. Recuerdo ver también -en diferido, años después- las grandes defensas de Italia en baloncesto, tanto en selección como en sus clubes -¡el increíble Scavolini!-. Uno no sabía si era zona, mixta, individual, o qué era aquello, pero era como una coraza que te se pegara al cuello y te asfixiaba, y caían los segundos y no había fisuras por ninguna parte.
Era un verdadero suplicio y ni los grandes como la URSS o Yugoslavia querían a Italia de por medio porque podía dar el susto a cualquiera. España, nunca antes estuvo al nivel de estas tres selecciones.
Antes de comenzar los comentarios del partido, decir que Yugoslavia era una potencia dominadora en aquella década. Vemos los antecedentes en esa semifinal de Los Ángeles 1984.
- Campeones del Mundial de Baloncesto en 1978
- Bronce en el Europeo del 79
- Medalla de oro olímpica en 1980
- Plata en el Europeo del 81
- Bronce en el Campeonato del Mundo del 82
Da miedo, eh. Los duelos, además, entre URSS y Yugoslavia, como no podía ser de otra forma, eran vistos con lectura política. El imperialismo ruso y la rebeldía yugoslava. Más que chispas. Cómo babeo pensando en aquellos duelos. Y qué jugadores tenían los rusos: eran un ballet, no un equipo de baloncesto.
Además, aparecía una nueva generación que iba a sustituir a la mítica de los Delibasic, Cosic, Kikanovic, Dalipagic, con un Drazen Petrovic joven pero al mismo tiempo un jugador sobre el que ya giraba gran parte del juego yugoslavo.
Un último apunte sobre Yugoslavia e Italia. Ambos jugaban los partidos como si les fuera en ello la vida. España, hasta que llegó la década de los ochenta, era la comparsa que nos puede parecer ahora Holanda, Francia o Polonia.
España
Conozcamos a los protagonistas españoles. En primer lugar, el entrenador, el Álex Ferguson de nuestro deporte -habría que mirar hemerotecas-, Antonio Díaz Miguel, que al paso de las décadas fue componiendo un equipo de baloncesto nacional al que llevó a la gloria olímpica y europea. Plata, como habíamos dicho, el año anterior en Nantes, el seleccionador creía en hacer algo grande en los Juegos Olímpicos -hay comentarios recientes de Epi e Iturriaga sobre la insistencia de Díaz Miguel en que podían ganar a URSS o Yugoslavia-.
¿A quién seleccionó? A la flor y nata de nuestro baloncesto de la época, jugadores que en sus clubs estaban en un nivel altísimo en la Copa de Europa -sobre todo Real Madrid y Barcelona-, junto con otras piezas que componían un puzzle muy bien armado.
España: Juan Antonio San Epifanio, Juan Antonio Corbalán, Fernando Martín, Chicho Sibilio, Nacho Solozábal, Joan Creus, Juan Domingo de la Cruz, Juan Manuel López Iturriaga, Fernando Romay, Josep María Margall, Andrés Jiménez y Fernando Arcega
Veamos contra quién jugábamos.
Dražen Petrović, Aco Petrović, Dražen Dalipagić, Andro Knego, Ratko Radovanovic, Rajko Zizic, Mihovil Nakic, Emir Mutapcic, Sabit Hadzic, Ivan Sunara, Nebojsa Zorkić, Branko Vukicevic (entrenador: Mirko Novosel)
¡Casi nadie! Aunque Petrovic (me perdonarán que use la grafía común española), es el más conocido tal vez para nuestra generación, Dalipagic, Nakic, Radovanovic, etc. eran estrellas. Y el hermanísimo de Drazen, que ya demostraba la mala leche y la picardía que tuvo luego incluso como entrenador. Un buen jugador, no estrella, pero quizás algo eclipsado por el genio de los Balcanes que era Drazen Petrovic.
Comentaristas
¡Hola! Estamos en España para ver las semifinales de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 entre España y Yugoslavia. Son dos comentaristas: sé que uno es el genial Pedro Barthe -muchos detractores, pero lo adoro porque forma parte de todo lo que asocio en mi vida con baloncesto, ¡es lo que hay!, y lo que ha hecho por el baloncesto en este país y por lograr que sea un deporte con retransmisiones decentes, se lo debemos: pero es que yo soy de los que le gustaba cómo retransmitía, con sus fobias y lo que quieras, pero entre Trecet, Montes y Barthe, ¡no hay color, Barthe!-, y el otro lamento no conocerlo.
1era parte.
España juega de rojo y azul, pero en el resto del torneo había jugado de blanco, que es el color que usa Yugoslavia. Vemos que sale España con Solozábal, Epi, Iturriaga, Fernando Martín y Jiménez -¡vaya equipazo!-. El primer tanteo es 4-4. Petrovic, desde que la coge, se juega el uno contra uno y saca faltas. El movimiento de balón es rápido, y las posesiones cortas.
Se nota a España tranquila, y lanza en cuanto puede el contraataque, y cuando anota Yugoslavia, sale rapidísimo para no dar tiempo a colocar su defensa, aunque esto le lleve a alguna pérdida. Yugoslavia, en estático, tiene un marcaje pegajoso. Hoy día, cualquier jugador que se girase en esa defensa sacaría falta: a Yugoslavia no se las pitaban, lo que producía que elevara el nivel arbitral -hay que recibir faltas más duras para que las piten- y beneficiaba su defensa.
8-8, tras anotar Dalipagic. Yugoslavia no se lo piensa: si Dalipagic o Petrovic tienen el balón, tienen patente de corso para tirar en cuanto lo deseen. Es alucinante ver a Pétrovic rompiendo cinturas y anotando. Parece un jugador de otra época. Como si trasladaran a Navarro a los años noventa. Una preciosidad verlo jugar. Puro arte.
Yugoslavia está en zona 2-3, y parece una zona de ajustes. En cuanto el balón se acerca a la zona, se cierran mucho y no dejan espacios para Martín o Jiménez. Este último se abre mucho para lanzar su típico tiro de 4 o 5 metros que tan bien ejecutaba.
Tras algunas faltas, los yugoslavos protestan. El partido avanza hacia los 10 minutos, y tras 10-14 para Yugoslavia, Díaz Miguel pide tiempo muerto. No quiere que Yugoslavia se vaya de demasiados puntos. Faltan 13:20 minutos para el descanso de la primera parte. España ha perdido entre 4 o 5 balones tonto. Se ve que a Díaz Miguel no le acababa de gustar. Llevábamos, además, 5 de 10 en tiros.
En aquella época, si Yugoslavia, Italia o URSS se iban en el marcador de más de ocho puntos -en el baloncesto contemporáneo no es una ventaja definitiva y da un poco de risa-, era una odisea recuperar la desventaja, por la diferencia abismal de talento entre éstas selecciones y las demás.
Así que si Yugoslavia se iba, por ejemplo, de 1o o 12 puntos en el descanso, las posibilidades de ganar el partido eran prácticamente nulas. Y Díaz Miguel era consciente de eso. Y los comentaristas: cada vez que Yugoslavia se iba de 4, de 6, lo narraban como si estuviéramos a punto de ser arrasados por una manada de búfalos. Yugoslavia era el “coco” y el miedo era reverencial.
Pero tras el time-out, España pierde varios balones más. El equipo parece empezar a acusar los nervios. Díaz Miguel se levanta, el polo azul de la selección, sus gafas ocultando su rostro, el bronceado de yate en marbella, y comienza a pasear dando ánimos a los jugadores con su nervio habitual, mientras va pensando en los primeros cambios, que hace: Margall y Corbalán por Iturriaga y Solozábal. Margall anota la primera que coge: una mano de seda maravillosa.
Y Yugoslavia anota; Margall de nuevo. El “matraca” está fino, fino. El equipo se pasa el balón con paciencia, buscando el jugador menos defendido. Epi está sobremarcado siempre. Los comentaristas creen que es miedo a lanzar: a mi juicio, es buscar pacientemente y no lanzar con precipitación.
En el ecuador de la primera parte, 20-14 para Yugoslavia. Petrovic arriesga por línea de fondo, contraataque: Corbalán, Epi, viene por el tercer carril Jiménez y ¡machaca! ¡Sí, sí, sí! Los árbitros pitan falta, parece ser, pero a Epi. 20-16 y balón para España.
En la jugada, Corbalán se encara con el hermano de Petrovic, porque en el contraataque frenó a Epi y le dice con el dedo que eso no lo vuelva a hacer porque podría hacerle mucho daño, ya que Epi no lo ve -lo narra Barthe, no se ve-. Petrovic se disculpa con Corbalán.
España saca: a Margall se le escapa el balón tontamente en el medio campo, y casi le pitan intencionada -¡las intencionadas!-. Petrovic la pide al árbitro pero no la dan. Fallos tontos como éste han habido varios. No es que Yugoslavia coja el rebote tras un lanzamiento: es que no lanzamos y la perdemos. Aún así, a 4 puntos.
Pero Yugoslavia comienza a jugar. Balones a jugadores sólos, la defensa no funciona, y se van hasta los 8 puntos en apenas unos minutos. Mal asunto.
Corbalán anota, 22-28. Se da la vuelta mientras el equipo está atrás defendiendo y dice: “¡Venga, coño, vamos a defender!”. Y me hierve la sangre, ¡me hierve! ¡España!
Petrovic anota: 5 de 5 para él, y los Yugoslavos 15 de 22. Se van de ocho y Díaz Miguel le dice a Romay y a Joe Llorente: a la cancha. Cambio de director por tercera vez para intentar cambiar el rumbo. No anotamos. La cosa se pone mala: de nuevo Petrovic saca falta a Margall. El partido apenas cambia: 24-32. Y luego, se ponen a diez de ventaja: 24-34. Los comentaristas tienen la tentación de cantar la marcha fúnebre.
Margall, por fin, saca a España del problema. Demasiados ataque sin marcar. Parece que tiene la muñeca “boba”: habría que buscarlo más.
España espabila y empieza a sacar faltas: 7 puntos consecutivos de tiros libres, pero en estático no anota. Algo es algo. Al menos hemos compensado en ataque el agujero en defensa. Perdemos de tres. Anota Yugoslavia: 35-40 y última posesión para España. Pero nos complicamos. Epi pista la banda y balón para Yugoslavia. Novosel pide tiempo muerto. Pero no anota nadie.
2a parte.
España sale con el mismo quinteto que acabó la primera parte: Llorente, Margall, Epi, Jiménez y Romay.
Tras los primeros minutos, el partido es un toma y daca, pero empezamos a jugar mejor en defensa y en ataque. Los yugoslavos parecen perdidos; España está lanzada, y pasamos del 35-40 al 43-40 en apenas tres minutos. ¡Una España nueva tras el descanso! Más concentrada, más agresiva en defensa, corriendo.
Con Llorente, el juego español es más incisivo. Frente a Solozábal y Corbalán, que son más distribuidores en la bombilla, a Llorente le gusta cortar por zona e invertir balones al otro lado en bote. Están todos muy concentrados en defensa y a Yugoslavia le cuesta horrores circular el balón con fluidez, como en la primera parte.
Margall está de lujo; pero la defensa le perjudica, y de repente se pone con cuatro. Un verdadero problema para Díaz Miguel, que ve a uno de los más entonados con riesgo de ser eliminado. Aprovecho para una nota: Romay está jugando muy bien. Jamás pensé que lo diría. Sí, se le ve torpón, un poco blando de manos, pero lleva cinco rebotes, creo que un tapón y se coloca muy bien para recibir y anotar bajo el aro, a pesar de que es la última opción en el ataque.
Yugoslavia recorta; Epi consigue zafarse de la defensa: Margall lo ve sólo, y anota de un lateral, en su distancia, y nos ponemos 47-43. Yugoslavia no cede: 53-48, y tienen la pelota para acortar y ponerse a tres.
Ataca Yugoslavia, falla, rebote para Margall -¡está inmenso, el “matraca”!-, la pasa a Llorente, éste la dobla a Epi que venía por el carril izquierdo y ¡uy! casi anotamos, pero no, coge el rebote Llorente, sale, espera al equipo, la pasa a Epi, corta por detrás Llorente hacia la línea de fondo, Epi se la dobla, Llorente cruza el balón hasta la otra esquina con un gran pase con bote, y ¡Margall, Margall, Margall anoooootaaaaaaaaaaaaa! ¡Dios mío, qué muñeca, limpísima, con cuatro faltas, Margaaaaaaaaaaaaallllll! ¡7 de 8 para el “Matraaaacaaaaaaaaa”!
Fernando Martín eleva las manos en el banquillo. 55-48 para España. Se nota la tensión en el partido. Ambos equipos son conscientes de la situación. Los yugoslavos tienen prisa ahora. La defensa zonal de España está de libro. Los yugoslavos no están finos en el tiro, y además lanzan incómodos. Hacen faltas para coger el rebote. Romay, de libro. 10:37 para el final.
Anota Yugoslavia. Se pone a cinco. España falla algún ataque más. Llevan muchos minutos y Margall tiene cuatro faltas, así que Díaz Miguel hace un cambio masivo. Sienta a Margall, Andrés Jiménez y Llorente y entran Corbalán, Fernando Martín e Iturriaga. A los comentaristas les parece que España, a pesar de fallar los últimos ataques, estaba bien. Comparto que estaba bien, pero hay que hacer cambios. Quedan diez minutos, los yugoslavos han hecho sus cambios, y no puedes fundir la defensa con gente que físicamente está cansada.
Pues España ataca, circula el balón, y en estas Corbalán finta a Petrovic en un lateral, y le hace la cuarta. ¡La cuarta de Petrovic! Buena noticia para España, mejor que buena: ¡estupenda! Corbalán aprovecha sus tiros libres. 57-51. 8 minutos, 54 segundos para el final: una eternidad.
Yugoslavia anota. España, baloncesto control. Pasa la pelota de lado a lado, con un hombre en lo alto de la zona, Martín, y buscando mover la zona yugoslava. España anota, Yugoslavia anota: 59-53. La tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo. 7:23 para el final.
Pero los cambios de Díaz Miguel comienzan a hacer efecto. Corbalán sujeta al equipo; Martín rebotea, y lanza el contraataque. Un pase, dos, e Iturriaga hace lo que mejor sabe: anotar en bandeja fácil. ¡España se pone a 10! ¡Novosel pide tiempo muerto! ¡63-53!
¡Pero esto es un sueño! ¡Que alguien me pellizque! ¡Si es Yugoslavia, la actual campeona olímpica!
5 minutos, cuatro segundos para el final. Me va a dar algo.
Sale del tiempo muerto Yugoslavia, pero no anota. Romay rebotea (8 rebotes, 1 tapón), la pasa a Corbalán, que recorre todo el campo perseguido por un yugoslavo: uno, dos, ¡bandeja! ¡España a doce, a doce, a doceeeeeeeeee! Le acompaña Iturriaga, claro, es lo suyo.
Díaz Miguel les hace irse para atrás rápidamente. El público está con España. El ambiente es precioso; vibra al ritmo de nuestra emoción. Yugoslavia nerviosa. España sólo le ha ganado una vez en la historia a Yugoslavia… ¿Podría ser la segunda?
Los yugoslavos fallan el siguiente ataque. 4:2o para el final. España pierde el balón; pero Petrovic comete ataque y es eliminado. ¡Petrovic eliminado! Sí, les quedan muchos buenos, pero parece que sólo Dalipagic puede tirar del carro. Están algo desorientados y con poco acierto en el tiro exterior.
Díaz Miguel hace otro cambio. Mete a Llorente para jugar con dos bases y tener el balón ante la previsible presión yugoslava. Perdemos la pelota. Yugoslavia falla en ataque, demasiado apresurada, y España se gusta. Epi se sienta.
Saca de fondo; España está de lujo, y por la presión yugoslava en uno contra uno, si sale de la defensa hay muchos huecos. Iturriaga a Romay, al poste, que a su vez ve a Corbalán cortando por la zona solo; la dobla a Fernando Martín que está a la izquierda, más solo todavía, y lanza a canasta y anota. La jugada ha sido preciosa, como si en vez de Itu, Romay, Corbalán y Martín hubieran estado Larry Bird, que la pasa al poste a Robert Parish, corta Dennis Johnson y anotara Kevin McHale sólo. ¡Qué jugada, y a qué velocidad! Los comentaristas deliran, el pabellón se viene abajo, ¡vamos, vamos, vamos! 67-55. ¡Vamooooooooos!
Los equipos pierden varios ataques: está todo muy revuelto, y España está decidida a agotar la posesión. 2:15 para el final. Pero España tiene un punto de convicción inquebrantable: Llorente se hace a un lado tras mover mucho el balón, con los yugoslavos desesperados por agotar las fisuras en su defensa y robar el balón, ¡y anota en suspensión! ¡Sí, sí, sí, sí! 69-55
Pedro Barthe: “Yo creo que está, eh”. Dos minutos exactos para el final y anota Yugoslavia.
España pierde dos balones seguidos; los yugoslavos hacen falta en la presión constante, pero los árbitros no pitan. Díaz Miguel, a apenas un minuto del final, pide tiempo muerto. Saca un tercer base, habida cuenta de los problemas en la presión: Solozábal. Novosel espera que el miedo a ganar le pase factura al equipo español. Es su única posibilidad. 69-59, saca Yugoslavia.
El tiempo corre y Yugoslavia no recorta lo suficiente: 70-61. 39 segundos y dos décimas para el final. El jugador número 6, en un ataque español, le da un golpe terrible a Solozábal. Éste tiene que irse del pabellón y lanza en su lugar Epi, que anota los dos tiros limpísimos.
Yugoslavia falla. Corbalán, con apuros, sube el balón, pero vuelve sobre sí mismo al pasar el medio campo. En el pabellón, los españoles que han ido a Los Ángeles gritan ¡campeones, campeones! Quedan menos de 19 segundos para la gloria. La tiene Llorente.
Romay en la bombilla, con todos los jugadores muy abiertos. Llorente se la pasa y cruza a su lado. Romay, ¡qué haces, loco!, se gira sobre sí mismo sin pensárselo, un poco más atrás del tiro libre, ¡y anota! ¡Anotaaaa! ¡Anotaaa hasta Romaaaaayyyyyy! ¡Qué partido de Romay! Al César lo que es del César, ¡ha estado de lujo, en su papel!
El balón entra, y como el reloj no se para, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… Saca de fondo Yugoslavia: un pase suicida al otro aro que se pierde por línea de fondo. Díaz Miguel camina sonriente por el banquillo, y España tiene que sacar de banda.
Saca Corbalán, pero la toca un yugoslavo y fuera de banda. 0.7 segundos.
Barthe: “El reloj no corre, no hay manera”.
Saca Fernando Martín de la otra banda, la pasa a Romay en suspensión -esta vez, no toca ni aro-, y ¡fin del partido! ¡Ganamos a Yugoslavia! ¡Ganamooooooos! ¡Tomaaaaaaa yaaaaaaa!
Díaz Miguel sale como un señor, directo a saludar a Novozel. Luego, sonriente, con los brazos abiertos buscando a sus jugadores; el primero con el que se abraza es con Solozábal, le dice algo a Iturriaga, y los jugadores se les ve cansados, pero felices, algo impactados por lo que habían hecho.
Dios mío, qué partido. Buff. Ha sido orgasmático. Lo he sufrido y vivido hasta el final, 25 años después. Qué maravilla de selección. Qué tiempos aquellos. Qué gozada. Qué jugadores.
Qué recuerdos. RTVE tendría que sacarlo a la venta, remasterizado y todas esas cosas, en DVD. Es un hito. Y, desde luego, el germen imperial y majestuoso del extraordinario nivel del baloncesto actual español. De la selección. Qué grandes. Para siempre, en nuestro recuerdo, la plata de la Selección Española de Baloncesto en las Olimpiadas de Los Ángeles en aquel año del Señor de 1984.
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Tienda Poesía+Letras

vaya post mas largo, lo he leido todo, se nota ue disfrutas con el baloncesto, a mi lo que me gusta es el balonmano, ya que fui jugadora en mis años de escuela, muy bueno recordar eso, un abrazo.
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@mery: ¡Lo has leído entero! Pues debes ser de las poquitas, yo pensaba que a poco que lo empezaran se iban a echar atrás -es que es muy largo-. En fin, jugadora de balonmano, ¡si es que todos tenemos un pasado interesante! Quién te viera metiendo goles. Muy bien, muy bien.
Gracias por recordarme aquella semifinal que había dejado un poco en el olvido.
En aquella época ya disfrutaba con los Lakers de Magic, Kareem, A.C. Green, Worhty Byron Scott, Cooper… y los duelos con los Celtics de McHale, Bird, Johnson, Parish…, ahora disfruto con mis Lakers de Bryant-Gasol.
La liga española y el basket europeo ya no me llaman como antes. NBA y ÑBA
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Salu2
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@Markos: pues me alegro, a mí me sigue emocionando, y pensé que tal vez mucha gente de mi generación no lo recuerda o no puede acceder al vídeo y me dije, ¿por qué no? ¡Un saludo! Y vamo a la cancha a jugar unas canastas
Hola! Muy interesante tu artículo. Yo era muy pequeño pero alguna memoria tengo de ese partido y ese enorme éxito del baloncesto españo. Te quería comentar que el comentarista que estaba con Pedro Barthe creo que se trata de Héctor Quiroga –> http://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A9ctor_Quiroga. Un comentarista que tenía una voz excepcional y que falleció prematuramente. Un saludo,
@Avelino: ¡Hola! Pues sí, es Quiroga, luego me enteré, gracias por la información. Dicen que en esa retransmisión ya estaba muy mal y poco después falleció. A mí Barthe me encantaba, y decían que Quiroga y él no se llevaban nada bien. Adoro el baloncesto. ¡Un abrazo!