La Comisión Bergier fue un equipo de historiadores y expertos que elaboraron un informe. Se trataba de clarificar el papel de la Confederación Helvética durante la II Guerra Mundial y las relaciones del Gobierno suizo con el III Reich y la industria de la Alemania nazi entre 1933 y 1945.
El 19 de diciembre de 2001, esta comisión dio por terminada su misión. El responsable de este monumental informe de 11.000 páginas en 28 volúmenes fue el historiador Jean-François Bergier, archivista paleógrafo. El trabajo de Jean-François Bergier creó una polémica nacional mayúscula.
Esta comisión tuvo acceso a los archivos secretos de los principales bancos de Suiza, un privilegio sin precedentes que provocó ásperas polémicas. También pudo rastrear los archivos de empresas, tanto en Suiza como en el extranjero.
Estas investigaciones echaron luz sobre las transacciones en oro y divisas entre los bancos suizos y alemanes en tiempos del III Reich. Muy en particular, sobre los llamados fondos en desherencia que afectan a las cuentas de judíos abiertas en bancos suizos antes de la II Guerra Mundial.
Su trabajo probó que numerosas empresas suizas, o con capitales suizos, emplearon trabajadores forzados en las fábricas de la Alemania nazi. Especialmente estrecha fue la relación entre la muy poderosa industria químico-farmacéutica suiza y el Reich nazi. Según probó Bergier, la política suiza en esos años oscuros fue una realpolitik basada en el principio de los negocios deben continuar.
Las duras conclusiones de la Comisión Bergier no tuvieron consecuencias políticas y no obligaban legalmente ni a Suiza ni a otros países. Su única consecuencia concreta fue la rehabilitación jurídica de quienes ayudaron a los refugiados a entrar ilegalmente en Suiza. Otra consecuencia indirecta del Informe Bergier fue la entrega por parte de los bancos suizos de 1.236 millones de euros en indemnización a las familias de supervivientes judíos del Holocausto.
Relacionada con la polémica suscitada y la conveniencia de la comisión en su momento, y enfocada desde una perspectiva sociológica y antropológica, en la memoria aparece Sobre la historia natural de la destrucción, de W.G. Sebald. En este ensayo imperdible Sebald habla de las heridas auto inflingidas de las comunidades y la delicada frontera que existe a la hora de posicionarse una parte en el papel de las víctimas tras la Segunda Guerra Mundial, desde la perspectiva del pueblo alemán.
Sesenta y cuatro años más tarde, quedan al descubierto dos grandes, a mi juicio, realidades. Una, que los negocios no entienden de ideologías y guerras, sino de sí mismos. Y la segunda: la S.G.M creó, en el bando perdedor, una costra de silencio autoimpuesta, en la que se prefiere callar como en aquellas casas donde nadie comenta sobre el embarazo de la hija adolescente, como si la ausencia de verbo tuviera el poder de eliminar esa barriga prominente.
Ni la neutral Suiza se libra de haber participado, aunque sea en su entramado empresarial, con el régimen nazi en aquellos años.
¿Qué nos queda? El tiempo va desenmascarando ideas preconcebidas y juicios gratuitos. No por ello vamos a llevar las conclusiones al extremo y pensar que Suiza es un país malévolo y traidor. Pero conocer la realidad de nuestro mundo nos otorga una óptica de éste que sólo nos puede traer beneficios. Suiza: crea fama y échate a dormir.
Fuente de la información sobre la Comisión Bergier: Elpais.com
Imagen: lahaim.wordpress.com








La mcdonalización de la sociedad
John Dos Passos y Manhattan Transfer











Miércoles, 4 de Noviembre de 2009 a las 11:56
Me ha gustado leer esta entrada. Todo lo que sea aprender cosas, es mi perdición.
Respecto a los Suizos, un país sin recursos se tiene que valer de los pocos que tiene, entre ellos el blanqueo de capitales, creación de empresas fantasma, e incluso asesoramiento, y personas que firman por ti. Todo es ir, decir que tienes cierta cantidad de dinero, una que haga abrir los ojos al cajero de par en par, y verás lo que te cuentan para manejar tus ahorros.
Abrazo
Miércoles, 4 de Noviembre de 2009 a las 15:20
Bajo esa fina capa de sociedad ultraperfecta se esconde una verdad irrefutable, en mi opinión, la riqueza del pequeño país alpino está cimentada en el sacrosanto secreto bancarios. El cual lleva generaciones amparando verdades inconfesables.
Un saludo.
Último artículo del blog de JChef (internet deconstruída)… A palo seco (IV): Faceboom
Jueves, 5 de Noviembre de 2009 a las 12:46
@Jose Jaime: A mí también me pareció super interesante la noticia. Ellos está claro que se basan mucho en su banca y en la confianza. A fin de cuentas, es lo que busca alguien que tiene dinero: seguridad y privacidad. Un abrazo.
@ JChef: Ya me gustaría a mí saber quién y cuánto dinero encierra. Anda que no íbamos a llevarnos sorpresas.