Francisco Camps, el presidente autonómico que no tiene factura de sus trajes, que no destituía a su vicepresidente y que mintió varias veces a sus ciudadanos, por acción u omisión -y al que, sabiamente, le respaldan en las urnas-, en un delirio parlamentario:
A usted le encantaría coger una camioneta, venirse de madrugada a mi casa y por la mañana aparecer yo boca abajo en una cuneta.
Francisco Camps, presidente de la Comunidad de Valencia.
Esta frase la podríamos disculpar y hasta unirnos a ella con rabia e indignación si la dijera o dijese:
- Un guerrillero contra una dictadura.
- Un preso político a su torturador.
- Un loco (recordemos que Camps está en una sesión de control al gobierno en el parlamento autonómico).
- …
En resumidas cuentas, la altura política de nuestro país padece una cosecha interminable de individuos en los que el poder, la sugerente oportunidad de acumular dinero de forma más o menos encubierta y la notoriedad les aúpa a lugares donde los cuidadanos deberíamos sopesar, más allá de la ideología que representan, si conocemos a quien vamos a dar nuestro voto.
Los ciudadanos deberíamos hacer un ejercicio de responsabilidad y reprender, castigar y señalar a aquellos que nos defraudan, que no solucionan nuestros problemas, que se limitan a no dar contestaciones o a rehuir las preguntas de los periodistas, y así crear una clase política mejor, más responsable, exigiendo una formación mínima a aquellos que van a tomar las riendas de un país.
Podemos aceptar que una persona, o unas pocas, tengan una capacidad de gestión innata, como quien es un gran ajedrecista o un gran arquitecto. Pero ¿la gran mayoría? Hoy mismo tenemos personas con un bachillerato o menos en cargos de máxima responsabilidad en nuestro gobierno.
¿Tiene lógica esta circunstancia?
Que no es un privilegio, tal y como se ve ahora el cargo político. Es una responsabilidad, con todas sus sílabas, y no una profesión u ocupación cualquiera, en la que una madre abnegada le aconseja a su hijo: “Nene, hazte político, que trabajas poco, no haces oposiciones y es para toda la vida”.
Hago mías estas palabras, sin que sirva de precedente, del escritor Arturo Pérez-Reverte en su blog:
Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del
Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de
ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y
apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.
¡Federico García Lorca! ¡A ti vinieron a buscarte, te hicieron preso sin más, te encarcelaron y luego, fuistes fusilado sin juicio ni derechos! ¡Qué pena de estos políticos iletrados que crean novelitas sin conocer el país en el que viven! ¡Así nos pintan las cosas en España! ¡Y el pueblo votando sabiamente, esto es: dentro de su nivel de sapiencia!
Para Camps, en recuerdo de un pasaje de nuestra cultura.
Romancero Gitano
Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino a Sevilla
de Federico García Lorca
A Margarita Xirgu
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna,
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.
El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos.
Las aceitunas aguardan
la noche de Capricornio,
y una corta brisa, ecuestre,
salta los montes de plomo.
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
viene sin vara de mimbre
entre los cinco tricornios.
-Antonio, ¿quién eres tú?
Si te llamaras Camborio,
hubieras hecho una fuente
de sangre con cinco chorros.
Ni tú eres hijo de nadie,
ni legítimo Camborio.
¡Se acabaron los gitanos
que iban por el monte solos!
Están los viejos cuchillos
tiritando bajo el polvo.
A las nueve de la noche
lo llevan al calabozo,
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
Ya las nueve de la noche
le cierran el calabozo,
mientras el cielo reluce
como la grupa de un potro.
Fuente: Wikisource.
Camps, la furgoneta y García Lorca







2666, libro del año del New York Times
El pasado me persigue 6
Trompazo in Paris











Jueves, 12 de Noviembre de 2009 a las 20:15
Nos queda la Rita, tenemos repuesto.
Abrazo
Último artículo del blog de Jose Jaime… Rofro, el esclavo
Viernes, 13 de Noviembre de 2009 a las 11:11
La culpa de que los políticos sean como son la tenemos el electorado. No podemos votar a los “colegas”, a la gente que “nos cae” bien, etc, etc, etc. Debemos exigir que hagan su trabajo, y que lo hagan bien, y si no ala p. calle. Pero no, nuestra mentalidad sigue siendo, hasta cierto punto y en ciertos lugares, caciquista. Esto es, muchos votan a quienes les dicen que voten, o a quienes creen que deben votar por no se qué deudas o ideologías que están más pasadas que las hombreras…

Y más, en zonas rurales, viva la ley electoral, que estaba muy bien en la transición para no crear una nueva guerra fraticida, pero que debe reformarse y ya. HAsta las narices oye.
En fin… buena entrada torrijilla
Último artículo del blog de kiram… Padecimiento filosófico.
Viernes, 13 de Noviembre de 2009 a las 13:13
@Kiram: Totalmente de acuerdo. Es más, apoyo lo de la nueva ley electoral. No soy comunista, pero que IU tenga menos parlamentarios con un millón de votos que CiU o el PNV, por lo de la jurisdicción y no sé qué sistema algebraico complejísimo de entender, me parece injusto. Qué pasó con lo de “Un hombre o una mujer, un voto”. Pues eso.
@Jose Jaime: Esperanza que nos dejas, con la Rita. ¿No decía usted que no quería caldo? Pues dos tazas.