De paro, catarsis y misereres

Imagen: Fraile Franciscano. Rubens.

La vida es una onda oscilante cuyos picos son las catarsis.

¿Estás en paro -que no parado-? Te voy a contar una historia. Lo peor que te puede pasar es que te duermas; y nadie murió jamás de un sueño reparador.

El camino de la frustración es una tortura. Un bosque de espinos color sepia. Un coro de frailes  detrás nuestro, de rostros negros y de hábitos deshilachados y mugrientos, cantando un miserere lúgubre. Las jornadas caen interminables y, cada amanecer, tus ojos se despiertan hinchados y el cuerpo es recorrido por una onda de energía negativa que hace que arrastres los pies.

En el camino, tropiezas. Y te maldices y te culpas de no haber visto ese tronco desgajado. ¡Cómo vas a verlo, con ese rostro fatigado, el gusto inapetente, y con el pensamiento perdido en el miserere angustioso!

Así puede encontrarse alguien en paro -que no un parado-. Frustrado y alimentando ideas en torno a:

a) Las injusticias de sistema social y político

b) La mala fortuna

c) Las oportunidades perdidas

d) …

Lo que no posee lógica es combatir el sistema social; la fortuna o la casualidad no podemos dominarla al igual que no podemos borrar las nubes grises que cubren el atardecer; las oportunidades perdidas son un recuerdo del pasado. ¿Vamos a poder cambiar de verdad lo que no está en nuestras manos?

Más allá de la frustración y de las ideas retroalimentadas: volvemos una y otra vez a ellas y contaminamos el pensamiento: construímos un laberinto cuyas paredes son las mismas ideas que nos atraviesan el iris como una valla de publicidad subliminal.

¿Y las palmaditas? Sí, ya sabes. Las palmaditas en la espalda, los deseos de que te vaya todo bien; que a ver si todo se soluciona; que ojalá; que a ver si por fin; que ¡cómo estamos! -más conocido por la Nueva Gramática de la Real Academia de la Lengua como el “plural sociativo” o asociativo. Y le puedes añadir que no lo recomienda en contextos formales -y que tú eres muy formal-.

A las palmadas en la espalda, les damos las gracias si viene de gente que lo desea con cariño. Si no, son palabras huecas, recurrentes; y les podemos ofrecer una sonrisa hueca a cambio. De hueco a hueco, y tiro porque me toca.

A los que dicen tonterías… ¡qué le vamos a decir a un tonto que pueda entender!

Y al resto les damos un saludo y un ¡nos vemos mañana!

Y a los poetas, ¡qué bonitas palabras me cantas poeta! Contigo siento que se me vuelve el alma, que enciendes algo dentro de mí, ¡pero eso no me da trabajo! Sin embargo, el poeta cumple con su función, ¡no te enfades con él pues sólo sabe hacer eso! Aquel que hace su trabajo lo mejor que puede no merece reprobación.

El camino de la vida es una onda que tiene cúspides, reflejo de los momentos de catarsis. Para los japoneses, la palabra “crisis” no es sino el reflejo de un cambio. De toda crisis viene un cambio a otra cosa, o debería, pues entonces la crisis ha sido en vano -y permanecemos en una crisis perpetua-.

Para Aristóteles, el fin de la guerra es la paz; es decir, el orden. Así, estar en paro es una situación de guerra. La frustración de encontrarse en una situación incómoda, indeseada y en la que uno añade la palabra “injusta”.

El ánimo de cada cual es amplio; el hombre, se decía hace años, se divide en diversos humores. La melancolía era uno de ellos, y era casi un fenotipo de personalidad. Así que el entender que la realidad -por ejemplo, para un melancólico- no es sino la que queremos ver no puede ser fácil para todos. Sin embargo, todos sabemos que la realidad es la que es, y que esta frase lo que quiere decirnos es que, en un estado optimista, ¡todas las cervezas están a medio beber y no medio vacías!

Pero si tenemos la mente centrada en un objetivo. Si al amanecer hay nubes grises y alguien que nos quiere nos tiende la mano. Si, a base de esfuerzo, entendemos que podemos crear otros pensamientos positivos sobre la situación y que pintar las vallas publicitarias con nuestro nuevo mensaje publicitario: ¡conseguiré mi objetivo! Sea por el camino que sea: porque me preparo con cursos, porque sigo activo en la búsqueda de empleo -sigo, entonces, con mi objetivo-, porque encuentro otras situaciones en las que puedo conseguir un trabajo que me gusta menos pero puede ser trampolín para una nueva forma de afrontar la vida y rebozarme en ella.

¿De qué sirve tener trabajo o no si no se sabe disfrutar de la plenitud de la vida?

Es por eso que el hecho de estar en paro -que no parado- no es una frustración. Es una realidad.

Tan real como lo es que, de vez en cuando, es de lo más normal que nos parezca que caminamos por un bosque lúgubre con una banda de frailes detrás cantanto un miserere en versión reggetón. Y en el estribillo escuches este verso maravilloso:

Si sigo en paro, ¿qué es lo peor que me puede pasar? Lo peor no es siempre tan malo como pueda parecer.

Y si quitas toda esa percepción opresiva de que los demás -los otros- te observan atentamente y que a sus ojos puedas dar pena, lástima, y te sientas avergonzado o fracasado por ello, verás que respiras un poco mejor, y es tan cierto como que he comprobado que varios cientos de miles de asmáticos en el mundo, tras seguir este consejo, usan mucho menos el Ventolín -Glaxo SmithK estuvo a punto de demandarme porque bajaron las ventas un 34,2%-. :grin:

P.d.: Este artículo es para que Ángel lo añada, si así lo desea, a su bitácora de No soy un parado. Él me había invitado a escribir sobre paro y arte, pero de lo poco que entiendo es de literatura -y de Damien Hirst, y poco más, si hablamos de arte contemporáneo-, pero hablar de Manhattan Transfer o de parados o pobres en la literatura -está llena de novelas que hablan de escritores frustrados en paro, de Bukowski y John Fante-, que me resultó casi pedante y con un punto intrascendente, por no decir que requeriría una investigación sobre las novelas. Manhattan la tengo en mi librería, y habla de un joven que llega con menos que lo justo a iniciar su vida -y ahí se entremezclan la de tantos otros en aquella América de principios de siglo-. Sin embargo, con este punto de vista me siento identificado. Yo estoy en plena catarsis de otro tipo de frustración, que no es el paro, pero que tiene una analogía similar. Así que digamos que sentí que, por un instante, podía decir algo sobre el tema, no para reinventar la rueda, sino para sacar lo que llevaba dentro, ideas desordenadas que saltan de un lugar a otro sin más. Y como decía un ex profesor mío de Literatura Contemporánea: “Un joven escritor: Me salió así… Y el editor: ¡Pues así le salió!” :grin:

Dedicado, con cariño, a Ángel y a Antonio Zafra, y a todas aquellas personas que viven en paro -que no paradas-. :grin:

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