La doble lectura

1

Le he dicho a una amiga: no me gusta que fumes. Y dice, ya lo sé. Sigo: al menos, no delante mío. Y dice: perdona, está mal, pero lo sigue haciendo.

Tiene una adicción. Pero no me da pena. Deja de fumar delante mío.

-Es que paso por una época muy difícil y ahora mismo no puedo.

Al final, ha conseguido fumar siempre que quiere y cuando le apetece, cuando antes procuraba no hacerlo delante mío. ¿La confianza da asco?

Y yo cedo. ¿Es justo? No. Pero qué más dá que lo sea o no. Yo cumplo mi palabra. Si mi amiga tiene cargo de conciencia o no, es su PUTO problema.

2

Tengo un amigo que, por circunstancias de la vida, ha ido perdiendo a otros. Al principio salíamos juntos pero al poco entendí por qué los había ido perdiendo.

Lo peor fue cuando, aparte de vernos los fines de semana, le daba por que nos viéramos el domingo por la tarde.

Luego pasó a un partido de fútbol entre semana; otro día, de baloncesto; acabó llamándome para ver un partido de tenis de mesa entre una jugadora de Mónaco y otra de Chipre, y casi todas las noches me llamaba por algún motivo.

Ayer exploté y le dije lo más educadamente que pude:

-Una cosa es que nos llevemos bien, que sea agradable estar contigo y que pasemos buenos ratos juntos, pero ¿entiendes que necesito tiempo para mí y hacer mi vida?

-¿Qué quieres decir con eso? Cuando me dices que no puedes, no insisto.

-Sí insistes. Como te gusta tanto el deporte, te voy a poner un ejemplo de por qué necesito tiempo para mí: practico el pendeball.

-¿El qué?

-El pendeball. Requiere horas y horas de entrenamiento y se practica a solas.

-Vale, ahora suéltame la tontería.

-Allá voy. El pendeball es tirarme en el sofá a contarme el vello púbico. Si me salen pares, me quito uno, y si me salen impares, dos. El caso es que nunca sabes si te has dejado uno atrás, así que cuentas y recuentas.

-Ah.

-Es agotador.

3

Una vez me dijo mi tío Rafa: mientras menos cosas de ti le cuentas a una mujer, mucho mejor, porque te controlará menos.

-Pero las que salen conmigo no son nada controladoras.

-Pobrecico -me dijo, apoyando su mano en mi nuca.

4

-Necesito tiempo para mí, María Eugenia Fernanda.

-Claro. Cuando YO no NECESITE llamarte para algo, aunque sea por oír tu voz, no haya hecho planes con mis amigas o tenga que ver a mi familia, puedes tomarte el tiempo que quieras.

-Pero me paso el día estudiando, María Eugenia Fernanda, y apenas voy de la biblioteca a mi casa, y el resto del tiempo libre lo paso contigo. Ya no voy a clases de equitación y apenas tengo tiempo para mis bonsáis.

-Perdona, Eustaquio Romualdo. Tú siempre has podido hacer lo que has querido. Otra cosa es que…

-¿Qué?

-Que sea tan buena convenciéndote.

-Ándale, María Eugenia Fernanda.

5

-¿Qué hacés?

-¿Vos qué creés? Me pasé la tarde recogiendo uva con tu viejo.

-Ah, y qué tal esta mañana.

-Bien. Mucho calor. Aburrida. Recoger uvas es lo que tiene.

-¿Te pasastes la mañana recogiendo uvas?

-¿Me estás interrogando?

-Yo no. Sólo te pregunto. Lo que pasa que rehuyes la pregunta.

-Sí, me pasé la mañana recogiendo uvas.

-Y cómo es que encontré una taza de mate en el cobertizo.

-Ché, porque me tomé una.

-No dijistes que ibas a dejar de tomar mate trabajando, ¡holgazán!

-Eh, pará un poco. Antes me pasaba el día con el mate y apenas trabajaba; ahora trabajo, y porque me tome un matito de nada no veo por qué te ponés así conmigo.

-Lo hago por tu bien. Que yo sepa, no se gana uno la vida bebiendo mate, ¡no te pagan plata por eso, haragán! Te crees que me puedes vacilar… ¡Pobre!

-En todo caso, amor, cuando bebo mate no pienso en si te engaño o no, sólo tomo mate.

-¿Ah, no pensás en mí?

-No amor, quiero decir, ¡bebo mate! Pero antes pienso en ti y después también, por supuesto.

-¿Has visto todos los sacrificios que hago por ti y así me correspondes?

-Tenés razón. Como te adoro tanto, voy a hacer lo que tú me digas y así anular mi personalidad para que seas feliz y yo ser un hombre de provecho con el que tener un futuro y no lo que soy ahora. Tú me has hecho lo que soy, un gran recolector de uva. Te quiero.

-Y yo también porque eres sincero conmigo y te dejas ayudar. ¡Y que no me entere de que vuelves a tomar mate a deshoras!

-No amor, no, y si lo hago perdóname por ser tan mala persona y tan ruin.

6

-María Eugenia Fernanda.

-Qué.

-Que te quiero.

-Y yo a ti.

-A que soy un guapo.

-Eres un fresa.

-¡Híjole! Pues eres mi chava linda, de todas formas.

-Y tú el mío.

-¿Vamos a tomar algo?

-No, es tarde, estoy cansada, y además es que no quiero.

-Ah. Pues tendré que esperar a que quieras tú, aunque la verdad es que me gustaría mucho salir contigo a bailar y tomar un tequila o el mezcal que tanto te gusta.

-La vida es dura, chamaquito. Mejor vamos a comer al japo, luego a casa a chingar como chanchos y luego por la tarde te vas a hacer tus obligaciones.

-Lo que tú digas, María Eugenia Fernanda.

-Si cuando te dijera las cosas no rechistaras nunca, serías el hombre perfecto. ¡Pero me gustas con tus defectos, qué cosas tiene la vida, Eustaquio Romualdo!

:grin:

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