
El paro aumenta y con él, el drama. Vemos titulares de despropósitos en los periódicos y las televisiones, situaciones dantescas: una pareja de hombres que quieren llevarse un carro lleno de comida del supermercado sin pasar por caja. El vigilante les para y les dice: no pueden llevárselo sin pagar, señores… y voy a tener que llamar a la policía. Los dos parados responden: haga usted lo que tenga que hacer, que nosotros esperamos aquí tranquilamente. La desesperación lleva también al surrealismo trágico.
El ritmo de parados es vertiginoso. Superamos los cuatro millones de parados -que multiplicamos por las familias que dependen de muchos de ellos y ellas para vivir- y no se espera crecimiento de la economía española en este 2010. Y el año que viene no llegará, se dice, al 1%. El Consejero de Trabajo del Gobierno de Canarias comentó en rueda de prensa reciente que, técnicamente, sólo se activa la demanda de empleo si el crecimiento llega al 2,5%.
En estas, se oyen voces discrepantes en cuanto al problema del paro en España. Sobre todo en aquellas profesiones que toman contacto directo con la realidad. Y la crítica más reiterativa es:
Hay mucho parado que trabaja y sigue cobrando el subsidio de desempleo, defraudando a todos. ¿Por qué voy a pagar de mi dinero a una persona que cobra en negro y además se lleva la prestación? En realidad no hay tanto parado, lo que hay es mucha gente que engaña.
¿Cuál es el porcentaje de parados que podemos situar en esta tesitura? Como la única forma real de saberlo es cogiéndolos con las manos en la masa, sólo se podrá -entiendo yo- asignar un porcentaje aproximado. Sea cual sea éste, parece descabellado decir que más de las mitad están en esta línea de trabajar sin darse de alta en la seguridad social mientras en la oficina de empleo siguen cobrando el subsidio de desempleo.
El sistema -social, jurídico, etc.- de España -de Europa, del mundo- no es perfecto. De hecho, posee fallos estructurales conocidos por todos. Los mismos errores que permiten a los ricos, con la ayuda de la ingeniería financiera, burlar impuestos dentro de un marco legal. Es maquiavélico, si lo piensa usted con paciencia: uso las normas del juego para saltármelas y seguir avanzando casillas.
En este sistema imperfecto, e injusto, pongamos un caso recurrente en los medios de comunicación: un señor que pierde su empleo, de más de cuarenta años y que es la única fuente de ingresos en la familia. Un señor deprimido, enfadado consigo mismo y con el mundo, y que no entiende que le suceda esto a él. Un señor al que no nos es difícil imaginar llorando cuando los niños no miran y con algunos signos de depresión; al menos, frustrado.
Este señor cobra -si es que cobra- cuatrocientos euros al mes. No llega al alquiler o hipoteca; hay que pagar agua, luz, coche, seguros, contribución urbana, las tarjetas de crédito, los créditos pendientes, y, además, lo que mi abuela llamaba “vivir como personas”: los zapatos se gastan, la ropa necesita detergentes, un bono de guagua para viajar por la ciudad, los medicamentos para el niño que tiene -vaya por Dios- la gripe H1N1.
Y este señor, o señora, mira en la televisión cómo la clase política es la peor en no se cuántas generaciones. La más corrupta, a todos los niveles. Ve que un alcalde es puesto en libertad con fianza, que al ser su primer delito cumple seis meses de prisión, que ha evadido millones a Suiza y que con su sueldo de alcalde vive como un majarajá.
¿Que a mí me parece mal que ese señor consiga un trabajo donde pueda, en el que no tendrá seguro sanitario ni cotizará ni derechos porque no podrá decir que lo tiene y pueda conseguir, gracias al mismo, mantener a su familia en este sistema imperfecto?
Yo no voy a señalarlo con el dedo.
Porque hay una distancia insalvable entre la ley y la vida. La ley está hecha para regular nuestra convivencia y proteger la propiedad privada, básicamente.
Pero la nevera no se llena de leyes.
¿Que voy a decirle a ese señor: mire, usted es un defraudador, haga el favor de joderse con sus cuatrocientos euros porque, en teoría, mi dinero quiero que sea para carreteras, alcantarillado y un parque nuevo en mi barrio?
No. ¿Hay quien defrauda y no necesita el dinero del subsidio y aún así lo toma para mantener un nivel de vida elevado? Lo hay: pero no puedo creer que sea la mayoría de los parados. La economía española no se resiente por el porcentaje -pongamos elevado- de este tipo de actuaciones ilícitas. Se resiente por un modelo productivo basado en la especulación y en una pobre tecnologización del tejido industrial, amén de otras lacras que dejo a los expertos. Somos el país que más crecía anualmente en Europa y pasamos ahora a ser la bolsa de parados. ¿Me lo explica?
Concluyo: este tipo de ideas -que son razonablemente razonables- son lanzadas al viento, por lo general, por quienes tienen trabajo, y por más señas por quien posee un puesto de funcionario o similar. Es decir, alguien preocupado porque ha bajado su poder adquisitivo, o molesto por ver continuamente intentos de fraude en su trabajo, o bien, también, alguien que lo piensa. Está en su derecho y no dudo que estas personas sientan también el drama de muchas familias en estos meses de sufrimiento. No voy a ese punto.
Voy a que las ideas se extienden a un ritmo vertiginoso; que no las tapamos a tiempo y viajan de boca en boca. Y, como el triunvirato de Bush, Aznar y Blair en la guerra de Irak:
Diga usted durante mucho tiempo una gran mentira que al final se convertirá en una gran verdad.
Cuidadito con el virus del funcionario. Dejo una pequeña conversación, el año pasado, con un auxiliar de biblioteca de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria -y dejo al margen de qué facultad era por motivos obvios-:
-No entendería que los sindicatos hicieran una huelga general. Además, para qué van a hacerla, ¡me da más miedo Rajoy que Zapatero! Tampoco van a solucionar nada con ella.
-Claro -le dije yo conteniendo mi indignación-; lo que pasa es que está bien oir a Zapatero hablar de las soluciones que se están tomando, pero la nevera no se llena con ideas. Hay que comer.
Y como me debió ver que se me desencajaba el labio y que lo miraba de esa manera, me cambió de tema. A la pregunta que se están haciendo, les dejo la respuesta: sí, sigue siendo un completo imbécil con sus 1.100€ mensuales.
Imagen: calhderon.wordpress.com
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Las palabras están bonitas, en su contexto, hasta que los hechos tumban todas tus creencias… Busco trabajo, soy informático, especializado en Internet, ya sean redes sociales, diseño y programación web, administración de comunidades (¡ops! community manager)…
@Ángel: No entiendo el comentario,¿quieres decir que para ti la mayoría de la gente que cobra el paro defrauda? ¡Un abrazo!
El ahorro o minimización de los gastos, tiene pensando a cientos y cientos.
Justo al revés, la mayoría de los que se llenan la boca con “los parados viven de mí” se la tienen que llenar con cemento cuando la tortilla se da la vuelta y son ellos los parados.
Y si es un funcionario quién lo dice, como para enterrarlo en un hormiguero porque en este sistema:
trabajadores mantienen sistema
sistema compuesto por parados + jubilados + PERSONAL DE ADMON. PUBICA… digo pública…
¡argh! me enciende el tema
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