Crear una comunidad online: Poesiamas.net – Parte 1

Comenzó la aventura un día del año 1998. Yo sabía muy poco de literatura, pero escribía mucho y leía mucho más. Pensaba que leyendo a los mejores autores -por aquella época recuerdo que leía a Benedetti, Kipling, Kafka, Conrad, Chaucer, etc. y a los responsables de lo que se llamó el boom de la literatura hispanoamericana: García Márquez, Fuentes, Llosa, etc.- tendría suficiente para guiarme en mi escritura. Descubrir a Paul de Man, Nabokov, Barthes, Todorov y, por encima de todos, a Harold Bloom, fue un acicate para no parar de escribir poemas, y entre medias comenzaban a colarse algunos relatos.

No tenía buena predisposición hacia los jurados de los premios, alertado por todos esos que decían que o bien estaban amañados de antemano o eran sectarios, poniendo ejemplos de escritores como Borges que nunca recibieron ningún premio Nobel. Además, me costaba mucho compartir lo que escribía porque el peso del juicio ajeno y el posible desengaño de alguien con criterio me dijera: “no sirve usted para esto, dedíquese a otra cosa” me hacían ser muy precavido. No hay nada que tema más un escritor, más incluso que el no ser leído, que llegar al convencimiento de que no tiene el suficiente talento para cubrir sus propias expectativas.

Así que, guiado tanto por el atractivo del uso de las nuevas tecnologías -y su módem de 56k- como por la convicción de que podría haber más gente con estas sensaciones -miedo a enseñar su escritura, que no quería saber de premios, que veía muy difícil conseguir que una editorial publicara su libro,que solo quería escribir por satisfacer su pasión, sin intenciones crematísticas- decidí crear Poesiamas.net, que en aquel entonces llamé Poesía+Letras. Aquí está todavía colgada la antigua página, que ya.com se resiste a borrar: http://sapiens.ya.com/poesiaya.

Imaginé una comunidad de escritores donde pudieran publicar sin miedo a la crítica feroz, donde se atrevieran a publicar por primera vez sus textos sin crear niveles de calidad, donde sacaran a la luz sus creaciones para que, simplemente, fueran vistas por los anónimos que visitaran la revista.

Así que, ni corto ni perezoso, comencé a aprender HTML, un lenguaje de etiquetas muy sencillo en apariencia pero en el que había que luchar contra el navegador, más el  CSS y el Javascript. Aún hoy sigo necesitando manejar el código y me alegro de haber aprendido HTML y sus variantes, como XHTML, etc. para conseguir lo que quiero. La creación de una comunidad online va de la mano del dominio de las herramientas básicas para crearla: conocimientos de programación, manejo de software  de FTP, Dreamweaver para edición de las páginas, y por supuesto un logotipo. Hablo de finales de los 90. Ahora me río, pero había que empezar por lo que había en aquel momento. ¿Quién sigue usando Dreamweaver? El PHP le ha ganado la partida a casi todo, convirtiéndose en el estándar. PHP, el lenguaje, y MySQL, la base de datos preferida en el software “libre” o conocido también como “código abierto”, son gratuitos y funcionan de forma complementaria. Para qué más.

El trabajo era mucho. Por un lado, publiqué un curso de poesía -que me han pirateado, según he podido comprobar, y otorgándose la autoría del mismo, el simpático-, comencé a añadir paulatinamente textos sobre teoría de la literatura, creación literaria, fragmentos, reseñas sobre libros que había leído; comencé a crear secciones, que se me iban disparando, teniendo que crear subsecciones para tener una taxonomía precisa. De toda esta información tuvo mucha culpa mi carrera de Filología Hispánica.

Los autores me enviaban los poemas por correo, y yo los iba añadiendo copiando y pegando y enlazándolos cogiendo un modelo (o template) para ir más ligero. Creaba las listas de autores a mano, que luego gestionaba con una hoja de cálculo o lo que tuviera a mano que ordenara tablas con velocidad. Me gustaba añadir un editorial de vez en cuando sobre temas literarios. Pero toda rutina cansa. Y la mente necesita nuevos retos.

Un día, no sé cómo ni sé con qué pretexto -Benedetti dixit-, decidí que quería cambiar. Habían pasado ya unos años del proyecto original: tendría unos doscientos autores publicados, calculo, unos cientos de artículos sobre escritura, teoría literaria, etc. y otras tantas reseñas sobre fragmentos de obras y libros imprescindibles. Pensé que me gustaría un lugar donde se pudiera hacer crítica constructiva, donde se generara un taller activo, un encuentro donde mejorar los textos, ahondar en información, intercambiar bibliografía. Por entonces tampoco sabía yo de qué estaba hablando: no conocía al animal escritor. Desconocía el espíritu competitivo y egoísta que les suele caracterizar. Esto lo fui aprendiendo poco a poco. Pensé que me gustaría poder incluir comentarios de los autores sobre sus textos. Que estaría bien tener un foro de debate. Que debía haber una forma mediante la cual yo no tuviera que hacer todo ese trabajo de publicar, corregir, y los autores tan solo añadían sus textos sin más. A veces tienes un proyecto y estás tan concentrado en aumentar contenidos y completar secciones que te olvidas del objetivo principal, la idea que motivó todo y cómo mejorarla. Tan solo era un lugar donde leer a otros, donde promocionar la obra propia. Seguía estando muy contento, cierto, porque mis expectativas eran sencillas. Entonces descubrí Joomla! Y no, en aquella época no había Twitter -¡y cómo podía vivir sin Twitter, pensarás!- y aunque yo no lo sabía, vivía en el desolado mundo del 1.0.

Las razones por las que me decidí por Joomla! era porque acababan de sacar la versión 1.5 y me gustó lo sencillo que parecía crear una comunidad. Además, muchos foros desaconsejaban a su inmediato competidor, Drupal, porque decían que siendo mucho mejor en cuanto a flexibilidad y sus posibilidades, era más complejo. Y yo no quería convertirme en programador y pasarme horas aprendiendo a manejar ese gestor de contenidos: quería usar una herramienta, lo más sencilla posible, para crear una comunidad de escritores.

WordPress no era, por aquel entonces, una opción para crear comunidades: era una plataforma centrada en blogs, y fue mucho más tarde cuando aparecieron sus desarrollos para casi todo. También me parecía que Joomla! tenía una comunidad fuerte -ahora que llevo años en ella, disiento, y además tendría mucho de que hablar respecto a su funcionamiento interno, que es mediocre-, y además Joomla! ofrecía una interesante lista de componentes gratuitos, suficientes, decían, para crear una comunidad en la red en muy poco tiempo.

Lo que yo no sabía es que configurar un servidor, el dominio, y manejar el software “libre”, sería volver a aprender programación y un curso acelerado de redes, apache, MySQL, pelearme con la empresa de mi hospedaje, buscarme la vida en foros buscando soluciones para esos momentos en que te dice: pero cómo es que esta gente de Joomla! no tiene este componente, módulo o plugin desarrollado ya, ¡les hackeo el servidor! :grin: Bueno, mis ganas: no soy capaz de programar en PHP voy a hackear un servidor. Bastante tengo con solventar los ataques piratas que tuve -toco madera-, que me traían de cabeza.

Pero esto, cómo lo hice, el manejo de Joomla!, el hospedaje y mis experiencias montando una comunidad, las claves que se manejan en una comunidad -el trato con los miembros, las vueltas que le das al proyecto, las anécdotas-, para el próximo capítulo.

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Un Comentario

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  • Tu primer párrafo me ha recordado aquel refrán que dice “el hábito no hace al monje”, que suelo aplicar del revés y parece ser que no soy el único, y aquella otra cita de Thomas Fuller: Todo es muy difícil antes de ser sencillo. Bienvenido sea, ¿sino de quién aprenderíamos?

    Hace unos días visualicé un vídeo sobre Hernán Casciari que tenía en la recámara desde hace tiempo y que tiene bastante que ver con la temática de tu entrada, tal vez te resulte gratificante verlo:

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