¿Escribir bien? Con dos cojones

Es el escritor cuyo perfil es reconocible en las redes sociales. Se zambulle semanalmente, cuando le permiten sus actividades diarias, y piensa en aquella cita, no recuerda de quién, que decía: si quieres ser rico, no te dediques a la escritura.

-Ay, pobrecito, pobrecito, no te preocupes. Todo va a salir bien.

La escritura es una actividad solitaria, pero la revisión es una actividad grupal. La realizas con el peso de la tradición, un poquito de las vanguardias, y del bombardeo publicitario.  Esto hace que te frustre leer textos que no comprarías jamás, publicados con esas maravillosas portadas, libros que son la prueba viviente de la fábula de Iriarte: “Las portadas ostentosas de los libros engañan mucho”. Te preocupa demasiado la crítica de quienes, como tú, se ha ido formando en lecturas y, de vez en cuando, teorías sobre la literatura y la escritura en particular. De quienes se jactan de dar cursos de escritura creativa, de identificar a este o aquel defecto en tu forma, de darte indicaciones sobre el ritmo y los inicios o finales de tus textos. Estos no van a requerir nunca tu opinión sobre sus textos porque no se dejan: simplemente, ya saben que no sirve para nada, o piensan que lo que tienen que aprender lo harán mejor a solas.

Solo comienzas a escribir bien cuando te quitas estos ropajes pesados, que son como una cadena metálica enrollada a tu cuerpo en cuyo extremo se anuda a un ancla clavada en mitad del espacio de donde sea tu lugar de escritura. Si no sales de ese ovillo de acero, estás perdido. Nadie va a escribir nunca esa historia como la habías escrito tú: ya les gustaría a los demás. Y es natural que estés contento de haberla escrito.

Además, nunca he oído hablar sobre un escritor de talleres de escritura creativa que valiera la pena leer su obra. Ni uno solo. El mejor, tal vez, profesor de escritura creativa que he leído sea John Gardner, y he leído a unos cuantos. Decían de él que era un profesor genial; y que era un pésimo escritor. Esto quiere decir que la gente que se dedica a la escritura creativa tiene los mismos problemas para escribir una buena obra que los que no acuden a los talleres de escritura creativa (¿la paradoja del profesor de escritura creativa?). Por cierto: me juego un brazo -no, un brazo no, que lo necesito para escribir-; me juego las tetas de una ex novia a que Gardner es el guión del curso ese que estás pensando hacer. Haz la prueba del algodón: si no aparece en la bibliografía del curso -si no la da antes, ni te plantees hacerlo-, ¡es que usa sus textos como libro de cabecera!

¿Fue Camus a un taller de escritura creativa? ¿Dostoievski? ¿Virginia Woolf? ¿Murakami? ¿Javier Marías? ¿Henry Miller? ¿John Dos Passos? ¿Philip Roth? ¿Lope de Vega fue a un taller de escritura creativa? ¿Y Calderón de la Barca? ¿Antonio Machado? ¿Lorca y Juan Ramón Jiménez?

-Va a ser que no.

He leído de algunos escritores que acudieron a talleres de escritura y recomiendan hacerlo, porque escribir no es tarea fácil y requiere de entrenamiento. Tiene sentido, aunque sea contrario, en principio, a estos talleres. Si tienes dudas, si crees que puedes mejorar, y el profesor tiene una buena trayectoria por sus talleres, que los hay, aunque muy pocos, puede ser una buena idea. Alguna vez he estado tentado, pero la base de la tentación era el miedo a saber si lo que escribía estaba valiendo la pena, si era lo suficientemente bueno.

Mi experiencia sobre la escritura, en estos días corrientes, es que me importa un carajo lo que opine otro escritor novel o un profesor de escritura creativa. Dará su opinión como la puedo dar yo de sus obras, con una cierta fundamentación teórica -o no, que de todo hay-, pero pocos serán los que puedan alumbrarte y guiarte para mejorar -y son una joya que hay que cuidar, en ese caso, por peculiares e insólitos-. Que detecten dónde pulir. Te pueden decir también en qué fallas: a eso se apuntan en manada. Haz el siguiente experimento: busca en Internet quién es y qué ha escrito esa manada. No los conocen ni en sus casas. Entonces, de qué estamos hablando: hablamos de que tú, cualquier día, vas a empezar a tener un público que se identifica con tus obras, y eso es todo lo que quieres o deberías querer. La fama da igual, porque es efímera, no es algo real, no puedes basar tu felicidad en la fama: no es el sentimiento maravilloso de compartir una creación tuya con alguien. Si el final de ese préstamo es que les gusta, ¡genial! Si el final de ese préstamo es que no les gusta, ¡genial! Parece tonto, pero no lo es: siempre habrá alguien que le guste y gente que no, forma parte de las elecciones personales, como el vino o el cine. Que sea malo, bueno o genial son aspectos que ya no depende de ti, sino de una tradición de escritura que comenzó dicen que con los caracteres cuneiformes. Propp -otro que aparece en la base de todo taller de escritura- habló de 28 argumentos posibles, y sus pequeña variantes. Todo está inventado. Los tipos de finales, los comienzos: porque son las características del género. Pero hubo escritores que rompieron moldes. Así que un buen profesor de escritura creativa debe dejar que un alumno, con el que no comparte un estilo o formas de escribir ciertas fases del relato, pruebe y experimente. Un buen profesor de escritura creativa debe ser poco intrusivo, y no es un tema menor. Así que, en resumen, porque si no, no existirían las vanguardias: todo está inventado.

-Pero tu mirada no está inventada. Es ahí donde radica la belleza de lo que escribes.

A veces solo hace falta un “clic” para corregir una pequeña desviación y todo encaja y queda precioso. Pero es más probable que lo descubras por ti mismo, a base de prueba y error, de comparar con tus lecturas, de tu competencia como escritor y lector, que porque un iluminado te lo diga, o bien porque lo leas en un manual para escritores. Ya te aviso de que en los manuales para escritores no hay nada que aprender sobre escritura: es un listo que ha cogido manuales de teoría literaria y los ha desangrado para decir que la reelaboración es suya. Hay mucha teoría para aprender, y es útil, hasta que te toca comenzar un nuevo texto. Para mí es útil antes y después de la fase de creación.

Soy filólogo, me gusta escribir, y desde luego siento una pasión por la enseñanza de la escritura, algo que he descubierto con los años. Me siento tan preparado como cualquier profesor de escritura creativa para impartir un taller y motivar a gente a escribir. Tengo y sé dónde buscar el material bibliográfico que necesito. Conozco los géneros, sus características. ¿Un taller de cuento? Ejemplos y técnica del cuento; ¿un taller de novela?: teoría y técnica de la novela. Con ejemplos, citas, corrientes, estudio de figuras retóricas, técnicas para superar bloqueos, y hasta una presentación en Powerpoint. De hecho, ya impartí un taller de escritura creativa sobre el cuento para gente que se iniciaba en la escritura. Tengo que decir que no estuvo nada mal la experiencia. Gratuito, claro: cobrarle a la gente por decirle cosas que no sabe, pero que podría encontrar en una biblioteca pública -no todos los textos, todo hay que decirlo-, me parecía atrevido en mi primer experiencia.

Como en todas las tareas de esta vida, aprender a dar talleres requiere de un entrenamiento. Aprendes siempre, en todo, si tienes ese complejo de esponja que yo tengo, por si se presenta otra ocasión. Pero claro que se puede -y se debe- cobrar por un taller de escritura: las clases hay que preparalas, y el que las imparta debe saber motivar y quitar miedos a quienes empiezan a escribir, no solo dar un corpus teórico.

Otra cosa es que uno venda que con un taller puedes llegar a escribir muy bien. Puedes mejorar tu escritura, pero llegar a escribir bien, y en consecuencia publicar, son palabras mayores. No es nada complicado, por otra parte, que no pocos alumnos de un taller de escritura acaben siendo mejores escritores que el que lo imparte, e incluso que reconozcan, a posteriori, en dónde fallaban las clases del profesor de escritura creativa. Ser profesor de escritura creativa también requiere una preparación, como cualquier otra profesión, pero no se enseña en ninguna parte, salvo maestrías vete a saber dónde. La mayoría son autodidactas, gente que sabe que los que acuden a su taller saben mucho menos que ellos del arte de la escritura. Pero esto es en teoría.

No pagues por un curso de escritura creativa en Internet salvo que el que lo imparta sea alguien que valga la pena de verdad: Vargas Llosa, Vila-Matas, Muñoz Molina, etc., es decir, un profesional de nivel. Tómate la molestia de buscar libros sobre teoría y técnica del poema, relato o novela, según lo que te guste escribir, e incluso sobre escritura creativa, que son los que usan los profesores que imparten estos talleres. Pregúntate: ¿si yo tuviera que impartir un taller, qué material buscaría? Eso es lo que tienes que leer. No me hagas darte una lista: yo me tomé mi trabajo y mi tiempo para hacerla. Y si no te preocupan estos aspectos, no lo hagas y escribe. Escribe y escribe y escribe sin prejuicios ni pensando si eso que estás contando vale la pena, es bueno, malo, regular, si ya está escrito o si se van a reír de lo que pone. Tú escribe.

¿Y acaso me hace mejor escritor tener toda esa teoría pululando en la cabeza, te preguntas? ¿Todos esos conceptos y conocimientos, algunos de los cuales puedo repetir de memoria como si estuviera ante un tribunal de oposición?

No me ayuda una mierda. Cuando estás con la hoja en blanco no hay teoría que valga. No hay sino una blanca soledad entre tú y lo que sabes y reconces de ti y tu mundo, el mundo que, como decía con acierto Ciro Alegría, es ancho y ajeno. Y ya veremos, una vez que pongas el “final” en la última hoja, cuando toque el turno de tu revisor particular, si eso que has escrito no es tan bueno como pensabas, sí lo es, o es genial. Puede que sigas una preceptiva, una corriente, una moda literaria, como muchos autores, que se adscriben a estas corrientes poéticas tan frecuentes en estos días, con nombres rocambolescos, que lo que hacen es articular una serie de propuestas como lo hizo en su día el surrealismo o el dadaísmo (el segundo, un fracaso estrepitoso).

¿Sabes lo que más alegría me da en el mundo? Cuando retomo un relato de hace unos años -lo hice no hace mucho para el manuscrito de relatos, esa colección de primeros textos que quieres sacar a la luz ya porque quieres cerrar esa primera etapa de escritura- y al leerlo me sonrío y me digo: coño, es bueno. Lo podría leer un lector cualquiera y pensar: me ha gustado. Sin más. Y pienso que es bueno porque me reconozco en el texto. Ese soy yo. Ese es mi mundo. Esa es mi narrativa. Con dos cojones.

Prueba a leerme. Tienes libro o un eBook, y hasta puedes descargarte una vista previa de las primeras páginas -del eBook, el libro es más bonito, claro, pero con el mismo contenido-, y si te animas a comprarlo, como muchos se han animado ya, me harás sentir que hay gente que me empuja a seguir escribiendo. Porque las palmaditas en la espalda están bien, pero que realmente se interesen por tu escritura es mucho mejor. Y, cuando lo acabes, siéntete libre de venir aquí y cantarme:

a) Las cuarenta.

b) Un sorondongo

Enviar por correo electrónico Enviar por correo electrónico

12 Comentarios

Deja un Comentario
  • Emocionante, Julio. Has sabido resumir lo que yo siento por la escritura y todo a lo que le temo. Brillante. Me he quedado sin palabras. Sólo tenía ganas de llorar pero sentía que debía escribirte algo. Hoy me has hecho más bien que nunca. Un besote.

    Imma

    P.D.: Recalcar que también es verdad que hoy me has pillado algo pava y ñoña.

  • A mí, que no soy escritora, ni me dedico a ello, sinceramente, esos talleres de escritura siempre me han parecido como el Operación Triunfo de la “Literatura”…”¿Quiere escribir como Heinrich Böll, como Albert Camus, como Virginia Woof? Venga al Taller de escritura Manolete”…venga, hombre, por favor… Eso es como si Lou Reed, o Nick Cave o incluso Bjork – que canta bien- se presentasen a OT: “ustedes dos cantan como el culo, nadie les comprará un disco ni les irá a conciertos ni siquiera sus padres y usted es una loca que no encaja en el perfil del concursante…” ¡ja! amigo…si Sábato fuese a uno de esos talleres de escritura o un escritor mediocre, quien dice escritor mediocre, dice bibliotecaria a la que supuestamente le gustan mucho los libros, no sé si la literatura, pillara sus textos probablemente los hubiese corregido con más rojo del que nunca creyó y le hubiese dicho, “dedíquese a la física, le aseguro que le irá mejor” , ¡ja!..en fin…que estoy de acuerdo contigo, que ya sabemos que está todo inventado pero lo que nos queda no es la originalidad ni la perfección, lo que no queda es la individualidad y la universalidad, osea, el narrar nuestras vivencias, experiencias, nuestros pensamientos ocultos como trama de un libro y saber que al lado o más allá de la puerta hay otra persona que al leer lo que tú escribes se siente en otro mundo, o más en el mundo que nunca, o comprendida, o se siente reflexionando, o descubre lo que realmente quiere, o se da cuenta de lo que no quiere … Besos (se me ha ido la pinza, discúlpeme :) )

  • ¿Te has fijado (te lo digo porque quizá no lo expresé bien) en mis primeras palabras “que no soy escritora ni me dedico a ello” ? Ya sé que tengo muy mala leche pero más de una vez hemos hablado de “esos” y me he sentido tentada a poner una golfería así :evil: jeje

  • Cojones! me gusta este artículo… y coincido plenamente… la escritura es una actividad solitaria y ése es el precio que un escritor debe estar dispuesto a pagar si quiere ser bueno… las técnicas impartidas en un curso o taller pueden ayudar a dar un sistema… pero nada reemplaza al hecho de leer y escribir… Recuerdo que mi primer jefe en un diario de Paraguay, por entonces tenía 19 añitos, cada vez que le iba con alguna idea, me respondía: “No lo diga, escribalo”…. hasta hoy ese consejo me resulta productivo :D
    Un abrazo Julio…

    PD: habilitá pues el sector de fotos y sociales de tus seguidores así te contamos nuestras novedades jajjajaja te quiero un montón!!!! estoy por comenzar clases de salsa cubana!!!

  • Pues me he quedado más tranquilo, pensaba que yo era el único perturbado que pensaba que era raro no ver ningún libro de renombre de los que imparten los talleres de escritura (sea creativa o no).

    Ya me quedo más tranquilo y seguiré escribiendo como me dicten mis entrañas. Si luego además le gusta a alguien, mejor; si no tampoco voy a sufrir.

    Salu2

  • ¡Gracias por los comentarios de todos!

    @Imma: me alegro de que te ayudara a ver las cosas de forma más positiva. Un besote. :grin:

    @Ángel: tú escribes poesía, así que no te escapas, jaja, no escurras el bulto. :grin:

    @Lucía: sí, estoy de acuerdo contigo, y le añado que para mí también importa la forma. La visión es única, pero la forma que usemos para transmitirla puede ayudarnos a diferenciarnos, a lograr transmitir esa voz única e intransferible. La forma es importante, creo, por eso diferenciamos el amor en un autor u otro, porque lo trata de forma diferente, contando lo mismo, o parecido. Qué te gusta “dar caña”, jajaja. :grin:

    @Mónika: el cariño es mutuo. Dale caña, yo estuve en clases porque me gustaba pero no sabía, y se pasa genial, hay que bailar salsa o lo que sea para desconectar. Me gusta mucho bailar. Con una mujer con buena cola, digo. :grin:

    @Markos: ¿ya has vuelto o es un lapsus en tus vacaciones? Me alegro de verte por aquí, luego me paso por tu blog a ver si es que volviste. En ese caso, bienvenido de nuevo, y si no, pues se te espera. :grin:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Copyright © 2014 La ciudad de un billón de sueños

Leer entrada anterior
Esbozos sobre la obra literaria a través del tiempo

La obra literaria llega a traves de dos formas (expresiones lingüísticas): a) Sincrónicamente: llega en un momento como "novedad editorial"....

Cerrar