San Valentín: qué es romántico

Como seguro que hoy se han publicado unos cuantos blogs con una lista de “las cosas más románticas que puedes regalar para San Valentín” o “a dónde llevar a tu pareja para el Día de San Valentín” o “cómo hacer que se enamore de ti definitivamente en San Valentín”, quiero hablar de lo que es en verdad romántico.

¿Por qué para las personas este concepto es tan diferente, mientras que existe una serie de acciones que se consideran socialmente, por sí mismas, románticas? He conocido chicas muy detallistas durante la relación que, sin embargo, el día de San Valentín le parecía una chorrada enorme; y mujeres enamoradas del romanticismo clásico que consideraban un signo vital del estado de una relación según regalaras ese día o no: “¿si ni siquiera es capaz de regalarme en San Valentín, qué puedo esperar de él?”.

Hay mujeres minimalistas para las que el detalle es que la abraces y les agarres bien el culo mientras le dices sonriente: “sabes que te quiero, ¿no?”, y otras para las que ese día es mejor haber preparado una tarde en un balneario con masaje de chocolate y noche en un hotel de cinco estrellas. Hay mujeres para las que el romanticismo se mide por el valor económico del regalo -aunque en público digan que para ellas no es importante- como otras que valoran el gesto sin importarles demasiado el qué reciben. En el fondo, pienso que a todos nos gusta que nos regalen, más allá de que sea un pretexto para que aumenten las ventas de El Corte Inglés o Perfumerías Mups.

¿Y los hombres? Creo que a la mayoría les gusta que les regalen pero no suelen confesarlo, y conozco más de uno que, cuando su pareja no se ha acordado de él en una de estas fechas marcadas en rojo en el calendario, le parece un signo de dejadez supina.

Entonces, como el romanticismo es tan subjetivo, tal vez habría que considerar que es el estado emocional y la forma de ser de esa persona la que lo evalúa. Si no estás enamorado, es más probable que te de igual si te regalan algo especial si llevas apenas un mes de relación. Pero, por otro lado, este tipo de detalles pueden dar un giro definitivo a la misma. “¿Me regalará?”, le comenta a las amigas, “no creo, llevamos tan poco, él no es de esos…”. “¿Le regalaré?”, se dice él a sí mismo, “no lo sé, a ver si se va a pensar que voy demasiado rápido y la asusto…”. A veces se regala por el “por si acaso” y otras porque no se puede dejar de pensar en esa persona.

Uno de los regalos más divertidos de los que he oído hablar fue cuando un hombre contó que siempre le regalaba la misma postal a sus novias. Un día fue a una tienda y compró una caja de más de cien tarjetas repetidas, así que cuando llegaba un cumpleaños o una fecha señalada, como San Valentín, escribía algo como te quiero, o felicidades, y se olvidaba de tener que ingeniárselas para sorprenderla cada vez. Cuando le preguntaron si ellas no se molestaban cuando veían la misma postal repetida, respondió: “Para nada: ¡yo les digo que si saben lo que me ha costado encontrar la misma tarjeta tanto tiempo después!”.

Mis experiencias personales en San Valentín, como a todo hijo de vecino, han sido de lo más variopintas. Con el paso de los años he cambiado mi mentalidad al respecto y, cuando antes me parecía una imbecilidad, ahora me parece una excusa ideal para añadir un día íntimo con alguien: hacer una viaje relámpago a otro país, ir a una casa rural, aprovechar para poner un aislante al mundanal ruido y parar el tiempo durante unas horas. Será que me voy dando cuenta de aquello que contó Conrad en La línea de sombra, esa línea que ves en el horizonte cada vez más cercana y oscura y que alumbra el final de una etapa vital… carpe diem quam minimum credula postero.

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8 Comentarios

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  • Ah pero como va cambiando la perspectiva y las expectativas para el dia del Valentín conforme pasan los años!. En mi caso yo me voy haciendo más práctica, si anduviera emparejada a estas alturas yo me conformaría con que me saquen de sorpresa de la oficina a media tarde, para pasar lo que queda del lluvioso día teniendo una y romantica cogida, no importan ni la rosas, ni los regalos ni la velas, al menos no éste día lleno de mercadotecnia, para eso tienen el resto del año; nada como la simple compañía con dosis de buen sexo.. así que yo digo que soy fácil de complacer.. jajaja..
    Un abrazo de Valentín tocayo, feliz día!

    • Claro, cari, el regalo puede ser una chingada padrísima. Y no, es más difícil de complacer con buen sexo que con un buen regalo, porque el buen sexo escasea. ¡Feliz día de San Valentín! :grin:

  • Yo creo que justo al revés, ¿no? San valentín y fechas parecidas hacen más ilusión al principio de la relación, cuando se está empezando y todo es emoción. Después, con el tiempo, estas cosas pasan a ser tontadas y se valoran más lo detalles por sorpresa, que no se hacen por un fecha concreta. Vamos, eso creo yo, por lo menos…

    • Claro, es que yo hablo desde la perspectiva de soltero, si me llegara un principio todo es torbellino. Soy de los que valoro más cuando no toca que cuando toca. Beeeesooooos, superheroína. :grin:

  • Qué curioso lo que me ha pasado hoy, que igual estoy de acuerdo tanto con Julia como con Speedygirl…es verdad que los regalos -materiales-en San Valentín (ni me acordé de celebrarlo) son un poco tontunada pero también pienso que mola una sorpresita un día cualquiera “porque nosotros lo valemos”…y sin embargo pienso en irme del país, a Madeira, por ejemplo, el día de los enamorados y pensaría (primero pensaría que mi novio es rico) que es una celebración maravillosa y diría ¡viva san Valentín! :-*

    • Para curioso lo que me pasó ayer en Carnavales, pero como es para mayores de 18 y me dirán que soy un chulo por hablar de ligues, me callo. En cuanto a los regalos, pues ya que te vas para Madeira, te bajas un poco y me vienes a visitar, o qué pasa. :grin: ¡Viva San Valentina! :grin:

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