Paradojas de la crisis económica

¡Meloexpliquen!

Me gusta señalar que la obsesión informativa es un rasgo postmoderno para destacar que es una imposición ideológica, una creación cultural de esta época, que no sabemos qué dejará de bueno ni cuándo se producirá la revolución que dará paso a la siguiente. La paradoja es que, en este nuevo mundo donde se prestigia la posibilidad de acceder y recibir al instante la información, la misma está más controlada y es más sesgada.

No deja de ser, como se ha dicho tantas veces, un signo de inmadurez de los gobernantes -que, hasta donde yo sé, son personas como nosotros y no cabras, aunque siempre se cuele algún cabrón- que no confíen en que el pueblo, tal vez porque la palabra contiene aún un matiz peyorativo de “pueblerino” o “plebeyo” y se consideren élite, pueda asumir de forma responsable las consecuencias de un anuncio del tipo: quizás entremos en un “corralito” en unos meses, como augura el premio Nobel de Economía Paul Krugman. O bien: estaremos todavía una década por encima de los tres o cuatro millones de parados. El pueblo es capaz de salir a la calle y de articular ideas, soluciones, quejas -incluso de escribirlas en un blog-, pero ¿no puede asumir que el país se escora hacia la vía de Portugal, Italia… o tal vez Grecia? El pueblo puede asumir lo que tenga que asumir porque no creo que vayan a haber colas en Gibraltar para lanzarse desde El Peñón. Otra cosa son las quejas lícitas y sus demostraciones en manifestaciones o huelgas: hasta ahí podríamos llegar, que las manifestaciones de protesta del pueblo hacia sus dirigentes fuera suprimida -en ello andan, por cierto-. Y todo, tomando prestado el título del maravilloso espagueti-western de Sergio Leone, por un puñado de votos: ningún partido -ojo, el PSOE tampoco se suicidaría de esa forma- va a dar todas las noticias malas de golpe y, si puede ahorrarse alguna o camuflarla, mejor que mejor. Si nuestros gobernantes fueran más cabras que cabrones -me refiero en todo momento al macho cabrío, oiga- tal vez mejorarían las perspectivas sobre la imagen de nuestros políticos.

Y, en este mundo donde los medios están de actualidad constante por ese rasgo del “acceso inmediato a la información, lo de veraz también, si puede ser, pero ya iremos viendo”, los periodistas que tienen acceso al poder -por amistad, por contacto directo con los mentideros de palacio, etc.- ¿nos están dando toda la información que poseen? Es decir: puede darse el caso de que, por un amor eterno a ese concepto de “la patria” y por sobredosis de visionados de la escena de La Marsellesa en Casablanca, el periodista considere oportuno aportar toda la información y claridad necesaria con los datos de que dispone. Pero no me jugaría yo la mano a que esta es la tónica habitual; me temo que se sigue sesgando información por razones de Estado -que debe salvarnos de nosotros mismos, se argumenta con error- y por los “no me publiques esto que me hundes el país y ya a cambio te doy la exclusiva de lo otro”. ¿Hay que confiar en la honestidad del periodismo? Sí. ¿Los periódicos en este país están escorados según las dos grandes fuerzas políticas y nacionalistas? También. Entonces, ¿de qué carajo me está usted hablando cuando cita la palabra imparcialidad?

Primer inciso: “Oye, zutano, vas a venir al bautizo de mi nieto” “Sí, claro” “Oye, ayer hablamos en el partido de esto y lo otro, a ver qué hacemos con el hijo de puta de tal” “Mañana publicaremos un editorial” “Coño, no me hagas esa putada, aguántalo unos días, que tenemos reunión de la ejecutiva, te llamo y te cuento algo” “El periodismo ya sabes cómo va. ¿A qué hora es el bautizo? He quedado con fulano para ir a comer con los del club de golf” “¡Coño! Dile que me tiene que llamar para lo de la fusión, que los alemanes nos llaman cada día a ver cómo va.” “Sí, ya le dije que se lo tomara con calma pero que fuera avanzando, ya sabes cómo es. ¿Y qué le puedo regalar a tu yerno? Para los regalos, la que sabe es mi mujer. Los clava” “Cualquier cosa, no te vuelvas loco, si ya sabes que él te quiere mucho, conque vengas ya te lo agradece” “No puedo con las misas, pero vengo porque eres tú y a él lo aprecio” “Qué me vas a contar, será una horita, eso pasa rápido. La culpa es de mi mujer, hay que joderse, pero luego te vienes a la comida, ¿no? ¡No me faltes!” “Que sí”

 

Segundo inciso: la portada de La razón en la que pusieron a unos cuantos estudiantes, con nombres y apellidos, revelando datos policiales y sus estudios, etc., ha sido de esas noticias que nos llegaban de dictaduras como la de Ceausescu y nos parecía que, en aquel contexto, era normal. Y que eso no pasaría jamás en un país donde al ciudadano medio se le llena la boca de decir que es democrático. Lo es, pero con matices.

El 14 de mayo llegamos a los 490 puntos básicos, lo que ya no nos asusta. Antes había un coro griego de ”¡Uys!” si nos acercábamos a los 400. Como Spain is different, y la verdad es que estamos saturados de tanto quejarnos, ahora toca ocuparse de otros asuntos, como el de si Grecia sale de la UE o si los ahorros están seguros en Bankia. Pues a lo mejor en agosto solo nos dejan sacar doscientos euros mensuales del banco -los que los tengan- y nos ponemos a jugar a las estampitas pero con las tarjetas de crédito -”¿La tienes repe? De tu banco me falta la colección entera”-. A lo mejor Grecia se va del euro y a lo mejor es peor o es mejor. A lo mejor nos hacemos un estado federal. A lo mejor nos unimos a Portugal para crear la Iberia que tanto deseó Saramago. A lo mejor el Barça ficha a Van Persie.

La segunda paradoja es que vivimos en una sincronía en la que van de la mano la sobreinformación y la duda. Y acabo con  lo que podría decir el personaje de Munch si apareciera dos días por la ciudad: ¡Meloexpliquen!

Imagen: absolutnoruega.com.

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2 Comentarios

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    • Yo me refería a los políticos, pero de todo hay. También hay cabras y cabrones en los medios, como en toda profesión. Solo hay que leer algunas portadas. Un besote. :grin:

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