Como señala Enric Juliana en su reciente libro Modesta España, el Estado de las autonomías inicialmente previsto, que presumía una descentralización controlada de “arriba a abajo”, se vio rápidamente desbordado por un movimiento de “abajo a arriba” liderado por élites locales que, al grito de “¡no vamos a ser menos!”, acabó imponiendo la versión de café para todos del Estado autonómico. ¿Quiénes eran y qué querían estas élites locales?
A pesar de ser muy lampedusiano, Juliana se limita a señalar a “un democratismo pequeñoburgués que surge desde abajo”. Eso es, sin duda, verdad. Pero, adicionalmente, es fácil imaginar que los beneficiarios de los sistemas clientelares y caciquiles implantados en la España de provincias desde 1833, miraban al nuevo régimen democrático con preocupación e incertidumbre, lo que les pudo llevar, en muchos casos, a apuntarse a “cambiarlo todo para que todo siga igual” y a ponerse en cabeza de la manifestación descentralizadora. Como resultante de estas fuerzas, se produjo un crecimiento vertiginoso de las Administraciones Públicas: 17 administraciones y gobiernos autonómicos, 17 parlamentos y miles -literalmente miles- de nuevas empresas y organismos públicos territoriales cuyo objetivo último en muchos casos, era generar nóminas y dietas. En ausencia de procedimientos establecidos para seleccionar plantillas, los políticos colocaron en las nuevas administraciones y organismos a deudos, familiares, nepotes y camaradas, lo que llevó a una estructura clientelar y politizada de las administraciones territoriales que era inimaginable cuando se diseñó la Constitución. A partir de una Administración hipertrofiada, la nueva clase política se había asegurado un sistema de captura de rentas -es decir un sistema que no crea riqueza nueva, sino que se apodera de la ya creada por otros- por cuyas alcantarillas circulaba la financiación de los partidos.
[...]
El enunciado de la teoría es muy simple. La clase política española no sólo se ha constituido en un grupo de interés particular, como los controladores aéreos, por poner un ejemplo, sino que ha dado un paso más, consolidándose como una élite extractiva, en el sentido que dan a este término Acemoglu y Robinson en su reciente y ya célebre libro Por qué fracasan las naciones. Una élite extractiva se caracteriza por:
“Tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio”.
“Tener el poder suficiente para impedir un sistema institucional inclusivo, es decir, un sistema que distribuya el poder político y económico de manera amplia, que respete el Estado de derecho y las reglas del mercado libre. Dicho de otro modo, tener el poder suficiente para condicionar el funcionamiento de una sociedad abierta -en el sentido de Popper- u optimista -en el sentido de Deutsch”.
“Abominar la ‘destrucción creativa’, que caracteriza al capitalismo más dinámico. En palabras de Schumpeter “la destrucción creativa es la revolución incesante de la estructura económica desde dentro, continuamente destruyendo lo antiguo y creando lo nuevo”. Este proceso de destrucción creativa es el rasgo esencial del capitalismo.”Una élite extractiva abomina, además, cualquier proceso innovador lo suficientemente amplio como para acabar creando nuevos núcleos de poder económico, social o político”.
Con la navaja de Occam en la mano, si esta sencilla teoría tiene poder explicativo, será imbatible. ¿Qué tiene que decir sobre las cuatro preguntas que se le han planteado al principio del artículo? Veamos:
- La clase política española, como élite extractiva, no puede tener un diagnóstico razonable de la crisis. Han sido sus mecanismos de captura de rentas los que la han provocado y eso, claro está, no lo pueden decir. Cierto, hay una crisis económica y financiera global, pero eso no explica seis millones de parados, un sistema financiero parcialmente quebrado y un sector público que no puede hacer frente a sus compromisos de pago. La clase política española tiene que defender, como está haciendo de manera unánime, que la crisis es un acto de Dios, algo que viene de fuera, imprevisible por naturaleza y ante lo cual sólo cabe la resignación.
- La clase política española, como élite extractiva, no puede tener otra estrategia de salida de la crisis distinta a la de esperar que escampe la tormenta. Cualquier plan a largo plazo, para ser creíble, tiene que incluir el desmantelamiento, por lo menos en parte, de los mecanismos de captura de rentas de los que se beneficia. Y eso, por supuesto, no se plantea.
- ¿Pidieron perdón los controladores aéreos por sus desmanes? No, porque consideran que defendían su interés particular. ¿Alguien ha oído alguna disculpa de algún político por la situación en la que está España? No, ni la oirá, por la misma razón que los controladores. ¿Cómo es que, como medida ejemplarizante, no se ha planteado en serio la abolición del Senado, de las diputaciones, la reducción del número de ayuntamientos…? Pues porque, caídas las Cajas de Ahorro -y ante las dificultades presentes para generar nuevas burbujas- la defensa de las rentas capturadas restantes se lleva a ultranza.
- Tal y como establece la teoría de las élites extractivas, los partidos políticos españoles comparten un gran desprecio por la educación, una fuerte animadversión por la innovación y el emprendimiento y una hostilidad total hacia la ciencia y la investigación. De la educación sólo parece interesarles el adoctrinamiento: las estridentes peleas sobre la Educación para la Ciudadanía contrastan con el silencio espeso que envuelve las cuestiones verdaderamente relevantes como, por ejemplo, el elevadísimo fracaso escolar o los lamentables resultados en los informes PISA. La innovación y el emprendimiento languidecen en el marco de regulaciones disuasorias y fiscalidades punitivas sin que ningún partido se tome en serio la necesidad de cambiarlas. Y el gasto en investigación científica, concebido como suntuario de manera casi unánime, se ha recortado con especial saña sin que ni un solo político relevante haya protestado por un disparate que compromete más que ningún otro el futuro de los españoles.
La teoría de las élites extractivas, por lo visto hasta aquí, parece dar sentido a bastantes rasgos llamativos del comportamiento de la clase política española.
Extracto de: Una teoría de la clase política española. César Molinas publicará en 2013 un libro titulado “¿Qué hacer con España?”. Este artículo corresponde a uno de sus capítulos.



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4 Respuestas para Políticos españoles: la élite extractiva
Markos 10 septiembre 2012
Brillante entrada
Un abrazote
Julio 10 septiembre 2012
¡Hola Markos! Sí, la verdad que el mérito es del autor, yo me limité a copiar y pegar lo que más me llamó la atención. Me encantó. Un abrazo.
Alberto 2 octubre 2012
Curiosa entrada.
Espero que tanta sinceridad no perjudique tus intereses a corto o medio plazo, ni perjudique los de Enric.
Estas ideas que planteas son ese tipo de ideas que no se leen con facilidad y que dan miedo (sobre todo: “miedo a perder”)
Tengo experiencias personales al respecto de la idea, sobre todo, de “Empresa pública a dedo” y la asignación de tareas, o cargas de trabajo,de las administraciones “parentales”.
Lo curioso de todo esto es que no se dice en la prensa, siquiera que yo haya leído, que estos asuntos tienen que ver con los “recortes” que pide Europa cuando “ayuda” a bancos y demás…
Europa sabe de estas duplicidades y “dependencias” a dedo… en Grecia, Italia y España (de Portugal no he escuchado nada).
Todo esto se suma , tristemente, a que muchos alemanes conocen, además de cierta existencia de empresas públicas y sus agujeros, que Alemania, con un 14% más de funcionarios que España,… atiende correctamente con sus servicios públicos a una población DOS veces superior a la española.
¿Por qué?
¿Qué sucede?
Tengo idea de plantear ideas parecidas a las tuyas ,y las de Enric , animadas por la capacidad de reflexión que te caracteriza (como cuando escribiste sobre el club bildenberg -conozco dos ocasiones-) y por mis granas de gritar el asunto del 14 % que llegó el otro día a mis oídos.
Te citaré como enlace muy interesante y complementario junto al libro de Enric.. aunque el peso de la calidad recaiga más sobre tu entrada y el libro de Enric.
Un abrazo y suerte.
Evidentemente , querido Julio, mi posición será más animal.
Julio 3 octubre 2012
¡Hola Alberto! Cuánto tiempo, espero que estés muy bien y veo que sigues intelectualmente activo, me alegro, jaja, no solo de poesía vive el hombre.
El texto lo leí en El País y me pareció interesante. Si has leído el pie del artículo, el texto no es mío, es de un ensayista, simplemente copié y pegué una parte que me resultó interesante aunque recomiendo leer todo el texto. Espero que el autor y el señor Enric, al que cita en su ensayo, no tengan problemas por exponer una opinión crítica sobre el estado actual de la política española. No deja de ser una visión. También espero no tener problemas de ninguna clase por exponer una línea de pensamiento que tiene muchos voceros en estos tiempos de crisis. La verdad normalmente se encuentra a medio camino.
Sin embargo, eso de que no perjudique, Alberto, te lo digo con cariño y respeto, como siempre, parece más un comentario de tiempos franquistas, donde la gente no podía decir lo que pensaba sobre su gobierno. Todos tenemos tendencias políticas, más o menos acentuadas, y si George Clooney y Clint Eastwood se declaran demócratas y republicanos, respectivamente, y puedo ir a verlos al cine por su trabajo como actores y/o directores, espero poder publicar una novela sin que digan “el tío este que piensa de tal forma” sino “me gustó, no me gustó”. ¿Ya hemos llegado a esa fase en este país? Dios mío, pues sí que está la cosa mal. Seguiré defiendiendo la libertad de expresión, y felicito al autor del ensayo porque me ha dado pautas que desconocía. Habrá que ver ahora si sale alguien desmintiendo, con datos contundentes, estos hechos que relata y por eso estas posturas las tomo con distanciamiento y para hacer un análisis crítico basado no solo en mi percepción. En fin, que me ha chocado esa frase, querido amigo. Un abrazo grande y a seguir por esos mundos repartiendo talento poético y narrativo, y lo digo con sinceridad también.