Fui camino de la cita con el amigo de mi novio. Recuerdo haber pensado en muchas cosas una y otra vez, esa clase de pensamientos que no puedes sacarte de la cabeza: “Hay una parte de mí que quiere tratar de rellenar los vacíos de lo que sucedió aquella noche, pero por otra parte tengo miedo de haber hecho algo que me escandalice delante suyo. Y supongo que hay una posibilidad de que no recuerde nada aunque lamente o posiblemente no recuerde bien todo el asunto, por lo que sería difícil que dijera algo. Si él no me dice nada, nunca lo sabré. Y a lo mejor tengo que aprender a aceptarlo aunque no me guste”. Tenía que intentarlo. La conversación con el amigo, sin embargo, fue breve. Apenas nos dijimos hola. Yo fui al grano. Él me dijo lo que recordaba. Sé que se guardó cosas. Pero para ser una primera toma de contacto estuvo bien. Me dijo que tenía que irse, el muy cobarde. Bueno, como todos los hombres, me esperaba algo así. Intenté buscar en su mirada algún gesto de deseo, algún comentario pícaro, que me mirara las tetas, algo. Pero debía ser que tendría miedo de que mi novio le partiera la boca o algo de eso. En fin, a la vuelta seguí sopesando más cosas con la nueva información obtenida. Pero, ¿podría pasar otra vez? Y en ese caso, si la situación fuera límite, como el otro día, ¿cómo actuar si quiero que suceda de nuevo?
Tampoco estoy segura de si debo dejar la ventana abierta para que pueda volver a bajar a mi culo, como no usar bragas la próxima vez para dejar al menos abierta la posibilidad… La única posibilidad que no quiero que se presente de nuevo es la de que estemos follando con mi novio en la misma habitación. Probablemente esta situación del sábado sea la cosa más cachonda que me va a pasar nunca. La verdad es que el amigo compartió conmigo miradas furtivas y juguetonas aquella noche, pero no creo que espere que vuelva a suceder jamás. Es una lástima, sin embargo, desde un punto de vista totalmente egoísta por mi parte y dejando aparte lo que siento por mi novio: su verga era increíble.
Lo malo es que llevo estos días follando con mi novio y no puedo quitarme de la cabeza la escena del sábado. Cuando me está lamiendo el coño o simplemente me da la vuelta con sus manos grandes y me folla por detrás, pienso que es su amigo el que me lo hace o me vienen escenas como flashes a la cabeza. Ayer le pedí a mi novio que me insultara y el muy imbécil me llamó puta. “Pero eres tonto”, le dije mientras me lo follaba encima de una silla, “¿eso te parece insultarme? ¡Dime algo más fuerte, joder!”, le grité entre jadeos y mientras me sujetaba las tetas como si fueran dos jarras, y estuve a punto de darle una bofetada por el enfado y la excitación. Y curiosamente eso hizo que me corriera como la nueva perra en que me debo estar convirtiendo, y me gusta. Ahora me pregunto cómo se lo hubiera tomado si le golpeo. Creo que cuando soy yo la que está caliente y mandando él sería capaz de dejarse hacer cualquier cosa y, francamente, esa idea me deja bastante fría para como yo entiendo mi sexualidad.
Hay un poco más que he ido recordando estos días entre esos momentos que siguen oscuros. Realmente no tengo ni idea de cuánto tiempo iba hacia atrás y adelante entre pajas y cómo fue poco a poco metiéndola en mi coño; como dije, cuando ya llevaba un rato dentro de mí es cuando caí en la cuenta. Sé que en aquel momento sentía lo mejor que ha sentido mi coño nunca, el ir y venir de su dedo y luego su polla, joder, se sentía increíble. Estaba empapada. Recuerdo que en un momento se deslizó su polla por mi coño, y me esperaba un dedo, pero luego el mamón trasladó su polla para que ella se apretara contra mi culo y justo en ese momento la empujó. Me sorprendí al sentir que se deslizara tan fácil, porque el anal por lo general lo hacemos con mucha paciencia y mi novio tiene que metérmela con cuidado. De repente sentí toda su polla en mi culo. También recuerdo que me dolió un poco cuando empezó a moverla; la sacaba unos centímetros y de nuevo la empujaba toda dentro, el mamón. Me pongo cachonda con tan solo volver a escribirlo.
Yo estaba más o menos en el cielo en ese momento. Mi mente daba vueltas porque yo no podía creer que tenía su polla empujando dentro y fuera de mi culo. Por desgracia debí desmayarse porque ya no recuerdo más. Siento todo aquello como si hubiera sido un sueño distinto de la realidad que guarda mi memoria, como un desafío a mis sentidos. También recuerdo lo nerviosa que estaba cuando mi novio se movió un poco y vino a besarme. Lo primero que terminó de convencerme de lo real de aquel nuevo recuerdo es que, cuando desperté, mi culo estaba dolorido, como si dijera: por aquí estuvieron manipulando. Lo segundo es que encontré una mancha de semen en mi falda pantalón. Son inconfundibles y no podía ser otra cosa. La descubrí al alisarme la ropa en el espejo antes de que mi novio me llevara a casa. Tuve mucho cuidado de que no la viera. Me pregunté si era sólo líquido preseminal o si se corrió del todo. Me ruboricé y al mismo tiempo me sentía ridícula por no saber si se había corrido dentro de mí. Me gustaría que hubiera pasado, que se hubiera corrido y me gusta imaginar que fue una gran corrida, que llenó mi culo de su leche y que parte de esta resbaló y ensució mi falda pantalón. Sería la guinda perfecta de la noche más jodidamente cachonda de mi vida. Porque las cosas o se hacen bien o no se hacen.
Sé que suena duro respecto a mi novio y que he escrito que no quiero perderlo como pareja, y es verdad. Creo que nada tiene que ver una cosa con la otra, bajo mi punto de vista.También me siento un poco culpable, pero no del todo, porque estaba borracha. Yo apenas sabía lo que estaba pasando la mitad del tiempo, y no estoy segura de que su amigo estuviera sobrio o lo suficientemente despierto como para decir que no: ¡creo que estaba lo suficientemente borracho como para decir que sí! Esa es la parte que lo hace tan caliente. Fue como un rapto, pero consentido: no tenía ni idea de que sería con él… y él sólo tomó lo que necesitaba en aquel momento. Estoy segura de que si otra noche duermo con el amigo cerca me pondría un tanga negro para facilitarle la labor. No sé si ha quedado claro, a pesar de esto, que no ha cambiado lo que siento por mi novio, lo quiero, pero si soy sincera… me gustaría que pasara otra vez.
Si le contara esto a mi mejor amiga -como ven, no doy nombres para mantener a todo el mundo en el anonimato, este planeta no es tan grande como parece cuando una mujer tiene este tipo de experiencias indescriptibles- se enojaría conmigo, me diría que soy la perra más grande que ha parido una madre y que estaba tardando en pedir disculpas a mi novio cuanto antes. La primera parte la puedo soportar, solo tengo que dejar que salga todo mi sentimiento de culpa, llorar en el hombro de mi amiga y luego dejar que me consuele para que al final me pida todos los detalles y, oh, sí, con lo zorra que es esa misma noche me llamará para que le cuente todos los detalles sórdidos, y no me jugaría un pie a que mientras se lo cuento con todo lujo de detalles se esté haciendo una paja, la muy cerda. Porque la conozco bien y sé lo que me digo. Eso sí, no pienso confesarle esto a mi novio, al menos de momento, ya veremos mañana.
Además, sé que todos ustedes no me conocen, pero soy ese tipo de chica que todo el mundo diría -y de hecho dice- al mirarme: qué buena niña. Tengo cara de no haber roto un plato en mi vida y cuando lloro, sin querer, se ve el rostro de una chica desamparada. Los príncipes azules corren raudos a protegerme, los señores mayores enseguida quieren matar a alguien y todas las mujeres quieren ser mi madre salvo las de mi edad, que revientan porque me hacen caso a mí y no a ellas. Pero bueno, convivo con esto de la mejor manera posible. Y no estoy dispuesta a romper 28 años de prestigio ganado con duro esfuerzo contándole esto a mi novio. Vete a saber lo que haría con esa información. Jamás lo he conocido despechado y no sé lo que haría y no pienso arriesgarme.
Día 3
Esta mañana vino el amigo a casa de mi novio. Me había quedado a pasar el fin de semana con él. Antes, mi novio me había confesado que yo estaba como una loca borracha y que en un momento, al poco de besarnos, traté de sacársela. Por lo que me cuenta la sacó y se la estuve chupando pero muy poco tiempo porque temía que el amigo estuviera despierto y nos viera. No pude evitar sonreirme, pero no por lo que mi novio se imaginaba: su querido amigo debió vivir un momento increíblemente potente: su dedo o polla en mi coño o mi culo me puso tan caliente que busqué como una desesperada la primera polla que tenía cerca para chuparla. Y claro, fue la de mi novio. Me encanta chuparla cuando me trabajan bien, lo reconozco. Soy de las que me gusta arrodillarme, con mi novio en una silla, y comienzo a juguetear con sus huevos y la punta de su verga pero sin engullirla. Esto lo vuelve loco. A menudo tengo que atarle las manos porque el mamón no piensa sino en agarrarme del pelo y obligarme a tragarla hasta la raíz. No es que no me guste, pero el juego pierde emoción y siempre tengo que hacer que espere hasta el final. En realidad se lo pongo tan fácil que no sé por qué no es capaz de esperar. Creo que las personas somos incapaces de soportar una orden y nos rebelamos. Mañana sigo. Porque lo que me ha pasado hoy con el amigo… buff… eso no tiene nombre. Y no sé por qué entiendo de puta madre la canción de Metedith Brooks. Ahora me pongo a brincar en la cama, con la canción a todo volumen, y me dan ataques de risa y me siento feliz. Creo que ese polvo me ha vuelto loca de remate.



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