Literatura
Literatura, crítica literaria, escritura, reflexiones, etc.
Literatura, crítica literaria, escritura, reflexiones, etc.
“Por qué escribo”, nos dice Natalie Goldberg. Y enumera:
1 Porque soy un cretino
2 Porque quiero darle una buena impresión a los chicos
3 Para darle gusto a mi madre
4 Para molestar a mi padre
5 Porque cuando hablo nadie me escucha
6 Para hacer la revolución
7 Para escribir la novela más grande de todos los tiempos y convertirme en millonario
8 Porque soy un neurótico
9 Porque soy la reencarnación de Shakespeare
10 Porque no tengo nada que decir
¿Porque no tengo nada que decir? Por favor. Déjense de tópicos: escribo porque tengo algo que decir. Tú y todos los que escriben. Háganme el favor de comportarse. Y gracias.
Imagen: http://saynotomean.blogspot.com.es/2012/05/purging-and-cleansing-my-facebook.html
La postmodernidad es una época en la que la literatura ha perdido toda su centralidad en el conocido sistema de las artes. Si su estilo nace en el mundo de la arquitectura (Venturi, Johnson, Stark, Gehry), como reacción al racionalismo moderno de Le Corbusier y Mies van der Rohe, es sobre todo el arte del cine el que marca más profundamente el imaginario contemporáneo, y aún más el vídeo: nueva forma de hibridación de lenguajes, visión postmoderna de la obra de arte total de Wagner y de las vanguardias históricas.
No es por casualidad que del cine (en cuanto creador de realidad y productor de pensamiento, y no simple objeto de teorización) se hayan ocupado diversos filósofos muy cercanos a la sensibilidad postmoderna: desde Gilles Deleuze, con su escritura nómada y vitalista, a Slavoj Zizek, con sus paradójicos pastiches, sin olvidar el ya mencionado Jameson o al originalísimo filósofo analítico Stanley Cavell.
La memoria y la inteligencia están íntimamente relacionadas, pues sin recordar no podemos entender. Si cuando muere la reina hemos olvidado la existencia del rey, nunca descubriremos lo que causó su muerte.
El argumentista confía en que nosotros recordemos, y nosotros esperamos de él que no deje cabos sueltos. Cada acto o cada palabra del argumento debe contar; la trama debe ser económica y sucinta; incluso cuando es complicada debe ser orgánica y estar exenta de materia inerte.
Puede ser difícil o fácil, puede -y debe- albergar misterios, pero no debe confundir. Y a medida que se desentraña, por encima de todo ello revoloteará la memoria del lector (ese resplandor apagado de la mente cuyo borde brillante y prominente lo constituyen la inteligencia), reorganizando y reconsiderando constantemente, descubriendo nuevas pistas, nuevos encadenamientos de causa y efecto; la sensación final -si el argumento es bueno- no será de que existan pistas ni concatenaciones, algo que el novelista podría haber mostrado directamente pero sin belleza. Nos enfrentamos aquí con la belleza por primera vez en nuestra investigación: belleza a la que el novelista nunca debe aspirar pero sin la cual fracasa. Más adelante, pondremos la belleza en el lugar que le corresponde.
Aspectos de la novela, E.M. Forster.
En cada rincón del libro otro libro, posible y a menudo incluso probable, ha sido arrojado a la nada. Un libro sensiblemente diferente, no tan solo en lo que tiene de superficial, como puede ser la intriga, sino en lo que tiene de fundamental: su registro, su timbre y su tonalidad. Y estos libros desvanecidos sucesivamente, arrojados por millones a los limbos de la literatura -y es por eso que a un crítico preocupado por explicar a la perfección le importarían-, estos libros que no han visto el día de la escritura, de alguna manera cuentan, no han desaparecido totalmente. Durante páginas, capítulos enteros, es su fantasma quien ha tirado, halado del escritor, excitando su sed y azotando su energía: es a su luz que páginas enteras del libro, a veces, han sido escritas.
Letrinas, Julien Gracq
Imagen: http://ballinyourcourt.wordpress.com/2011/11/14/when-books-are-trash/
— Los libros arrojados a la nada
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