And he takes you out in Vaudeville Valley
With his hand up smothering your screams
And he screws you down in Tin Pan Alley
In the city of a billion dreams

It never rains, Dire Straits

 

1
Venecia y la magia: Thomas Mann
2
Orlando de Virginia Woolf
3
And the Oscar goes to Pe (nélope)
4
Pau Gasol y el All Star
5
Los autobuses no creen en Dios

Venecia y la magia: Thomas Mann

muerte-en-veneciaHe releído el tomo que contiene las dos maravillosas historias de Thomas Mann La muerte en Venecia y Mario y el mago. ¿Cuántas historias nos dejan esa conciencia de encontrarnos ante algo que nos produce extrañeza, empatía? Ambas, a su modo, lo consiguen.

En la maravillosa La muerte en Venecia, a la que sitúo por calidad estética por encima de Los Buddenbrook, Aschembach mantiene una lucha: se niega a perder la concepción de clasicismo como un canon artístico universal. Es conocido que la novela está basada en negaciones y degradaciones de mitos establecidos. Deseo, muerte y juventud planean sobre la novela como pilares centrales de la historia.

Antes, durante y después de 1912, poco antes de estallar la Primera Guerra Mundial, Alemania pasaba por una época conflictiva y agresiva. No es de extrañar que la sociedad de ese entonces buscara la redención en la época clásica, viajando hacia el sur, a Italia. Satiriza, entonces, la búsqueda de los ideales clásicos y, además, expone una fuerte crítica a la sociedad decadente de su época, carente de valores y de humanidad. Pero, si critica tanto a la sociedad presente como a la anterior, censurando a una por mercantil y utilitaria y a la otra por obsoleta y añeja, ¿qué esperanzas quedan para la humanidad? Mann lo resuelve con una frase rotunda en la novela: “El arte es una esperanza”. Sigue leyendo

Orlando de Virginia Woolf

250px-portadaorlandoEntre Al faro y Una habitación propia, la escritora Virginia Woolf escribe Orlando, una novela de difícil clasificación por parte de la crítica, y de la que que el propio Borges -su traductor al castellano- comentó que “colaboran la magia, la amargura y la felicidad”. Está considerada una de las mejores obras literarias de Woolf, a la altura de Mrs. Dalloway o Las olas.

Para Rafael Galán Moya, en su trabajo El hecho fértil: Orlando, de Virginia Woolf, partiendo de una afirmación de V. Woolf en The Art of Biography (“Almost any biographer, if he respects facts, can give us much more than another fact to add to our collection. He can give us the creative fact; the fertile fact; the fact that suggests and engenders“), el autor considera Orlando como:

un acto creativo múltiple, que imbrica entre otras cosas las siguientes:

(I) reimaginar la forma de la escritura;

(II) repensar el lugar del individuo en la historia;

(III) meditar sobre las categorías sexuales

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And the Oscar goes to Pe (nélope)

¡Se lo dieron a Pe! La película de Woody Allen, Vicky Cristina Barcelona, le ha dado a la novia favorita de los actores Hollywoodienses el Oscar a la mejor actriz secundaria.

Y muy secundaria. Porque, aunque es cierto que su personaje es el más atractivo de la película y se “come” literalmente a Scarlett Johansson en pantalla, no es una actuación como para reseñar en el Actor’s Studio. ¿A alguien que haya visto la película le parece que su papel trasciende la pantalla y uno se pasa días pensando en lo bien que actuó? ¿Sí? Cosas más raras me han contado.

Entre otras cosas, porque repasando la filmografía de Pe: Woman on top, La mandolina del capitán Corelly, Vanilla Sky…, no recuerdo una interpretación destacable exceptuando sus colaboraciones con Almodóvar, un director que la mima y le escribe personajes a la medida de Pe. ¿Qué registro actoral tiene Pe? ¿Es actriz eminentemente dramática? ¿Es cómica? ¿Se desenvuelve mejor en comedias románticas? ¿Personajes con carácter? Pe, para su desgracia, se diluye en un abanico de registros de corte medio, suficiente para un aprobado en pantalla, una actriz cumplidora, que sin el embrujo que su vida privada produce en los mass media sería una actriz como tantas otras que recorren las pantallas de los cines.


No tiene Pe, por tanto, ni la trayectoria ni el talento para recibir un Oscar de la Academia, por más que haya ganado uno. Va a estar dándole las gracias a Woody por un papel… en una película que era más una promoción descarada de una ciudad que una historia bien contada -algo que Woody ha olvidado desde la memorable Match Point-.

Andamos en tiempos de crisis, y suspiré tranquilo al ver que no le daban a Brad Pitt -otro actor con…mmm… ¿talento?-. En fin, que el Oscar ha sido un gran paso para Pe, que ahora veremos en aún más anuncions cosméticos en la televisión, y en sus futuros fracasos cinematográficos anunciarán los pósters eso de “De la ganadora de un Oscar, Penélope Cruz…”. A Pe le llegará el con seguridad una gran superproducción, pack que acompaña a los ganadores de los Oscars.El tiempo dará o quitará razones. Me temo que Almodóvar acudirá al rescate para una actriz sobrevalorada y que su trayectoria cinematográfica habla por sí sola.

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Pau Gasol y el All Star

Vi el All Star de Phoenix y fue emocionante ver a Pau, por fin, anotando. 14 puntos y 8 rebotes en una serie magnífica de anotación. Me hubiera gustado ver a Pau junto a Chris Paul, Kobe -que solo fue un ratito-, Duncan y Stoudamire o Yao, en este caso haciendo Pau de falso tres. En cualquier lugar, un lujazo.

El partido fue soso y en cuanto saltó el banquillo del Oeste, mucho mejor que el del Este -no entiendo qué hace Joe Johnson en un All Star, porque en este tipo de partidos un jugador de sus características no tiene hueco, necesita sistemas para funcionar, y en un partido de este tipo hay que autogestionarse y buscar sociedades- se rompió y nos vemos en la fiesta que ya esto lo hemos roto.

Ahora, reflexionando sober Pau, los elogios a Nadal, que tras ganar el Open de Australia muchos ya quieren denominar el mejor deportista de la historia -por supuesto, estas listas se hacen con los contemporáneos de turno y sobre todo tras grandes gestas, amén de el amor y la moda por hacer listas de todo lo que se le antoje a uno-, sin contar a gente como Ballesteros, que rompió moldes -resucitó el golf en Europa, dicen los especialistas- y llegó a una élite, ganando a diestro y siniestro y marcando época. Desde Ballesteros al equipo estadounidense de la Ryder le cuesta sudores ganar al europeo… cuando gana, claro.

Si hago memoria, y teniendo en cuenta que Nadal ha hecho historia -ha ganado Roland Garros varias veces, Wimbledon, Australia-, siendo medalla de oro olímpica y número uno del mundo, no considero a Nadal mejor que Pau Gasol como representante del mejor deportista español de todos los tiempos.

A ambos le quedan aún años de éxitos, esperamos; a Nadal, podría ser por edad, más, pero el tenis es un deporte donde los nuevos nadales aparecen año sí y año también. Lo lógico es que, en los próximos años, otro prodigio de precocidad le ponga las cosas muy difíciles a Rafa: parece que Jokovic y Murray no acaban de alcanzar ese último escalón.

El caso es que números unos españoles en el tenis hemos tenido unos cuantos: de memoria, Ferrero, aunque luego tuvo un bajón del que ya no se recuperó, ni tiene visos de hacerlo, y Carlos Moyá.

Si cogiéramos motor, no entiendo que Fernando Alonso sea considerado deportista, por muy buen conductor que sea y la conjunción máquina-ingeniería-pilotaje requiera de virtudes innegables. ¿Por qué, entonces, no podría serlo Carlos Sainz? Bicampeón del mundo igualmente. Dos campeonatos de pilotaje no los considero iguales al tenis o el balonocesto, porque, por ejemplo, la diferencia en la calidad de los coches es determinante, mientras que en el tenis tienes un Federer que “corre” perfecto todo el año y la diferencia no es que su raqueta sea tecnológicamente mejor. Y esto en baloncesto es igual. Si el CSKA de Moscú gana la Euroliga, tiene que jugársela contra otros grandes, Panathinaikos, Real Madrid, Barcelona, Unicaja, Montepaschi, Maccabi, etc., equipos de élite y que año sí año también están mejor o peor, pero en un nivel excelente. Es decir, de nuevo, la diferencia en las zapatillas no es un decisivo para ganar un encuentro, sino los factores meramente deportivos: atléticos, tácticos y técnicos. Eso para mí es deporte. En iguales condiciones pongo al ajedrez.

Gasol es Campeón del Mundo en un deporte que, por más que han tenido que recurrir al mejor equipo posible estadounidense, era propiedad de los EE.UU, y en sus tiempos de Rusia o de la antigua Yugoslavia. Luego llegaron las potencias emergentes del bloque soviético, con la talentosa Lituania. Italia siempre está ahí, competitiva a muerte, incluyendo altibajos: pasan de quedar descalificados a campeones de Europa o subcampeones olímpicos con una facilidad pasmosa. Un poco como su selección de fútbol. Será el carácter transalpino.

Continuemos. Pau, campeón del mundo, que se dice pronto. Subcampeón europeo y olímpico. “Rookie” del año en la NBA. Jugador franquicia de Memphis, el peor equipo NBA de los últimos años y uno de los peores gestionados. -o alguien veía jugar a Memphis por otra cosa que no fuera ver a Pau-. Finalista con los Lakers de una final NBA, la mejor liga del mundo donde juegan los mejores. Pau se enfrenta a jugadores extraordinarios, con unas capacidades atléticas y técnicas estratosféricas, con un tipo como LeBron, por coger alguno, que bota como un base, anota de tres como un alero y se pelea con los pívots para machacar en sus caras. Y Pau está ahí. Dándose el cobre. Luchando contra los cafres periodistas estadounidenses contra su etiqueta de “blandito”. ¿Blandito? Cada vez que le hace un uno contra uno a “Supermán” Howard le saca falta, tanto en ataque como defensa. Tener clase, por lo visto, es ser blando.

Pau no es un pívot fajador ni un cuatro al uso, pudiendo jugar en ambas posiciones, aunque para sacarle todo el potencial posible esperemos que Bynum vuelva bien y ayude junto a Odom. Su cuerpo y su técnica no están para eso, sino para ser ágil, explosivo, aprovechar su tiro y sus recursos al poste bajo, sacar al otro cuatro fuera, normalmente hormonado, un buey de toneladas que brinca hasta el techo del pabellón y sacar petróleo, o doblarla fuera para un tirador o… ¿vieron el pase en el All Star al jugador que cortaba? Eso es tener clase. Díganle a Ben Wallace que haga eso. Díganselo a cualquier de los otros cuatros titulares de la NBA, porque se los come con papas; díganselo a los del equipo olímpico, medalla de oro, estadounidense, porque les metió más de veinte puntos.

Los estadounidenses, creo que cosmovisión, tienden a ver en lo hiperbólico, lo físicamente imposible -ver a Shaq bailando con sentido del ritmo, acostumbrados a ver a Romay- como portentoso. Pau no es sólo bueno técnicamente: es inteligente en la cancha. Pero inteligente con mayúsculas. ¿Cuántos de esos hay en la NBA? A ver si alguien cree que Jackson ficha a Pau porque tenía un día raro. Este entrenador sabe lo que quiere. Lo hará aún mejor jugador de lo que es: al tiempo. De momento, en la gira por el Este ha sido el mejor de los Lakers. Kobe juega en otro nivel, cierto, pero Pau juega en un nivel que el 90% de los jugadores NBA no alcanza.

Recuerdo la época en que Kukoc ganaba anillos con Jordan. Maljkovic, que de baloncesto sabe algo, dijo que era un jugador infravalorado y que no entendía que, en sus primeros años, tomara tan pocas decisiones determinantes en el juego de su equipo, porque tras Jordan le parecía, con mucho, el mejor de la plantilla, por talento. Pero no: la gente prefería ver a Ron anotando de tres o una penetración en contraataque de Pippen, un jugador que, sin Jordan, dejó patente que era bastante menos que una segunda opción.

Pau brilla en un universo por derecho propio: no le ha sucedido lo que a Sergio o a Navarro, es un ganador nato y su dominio de los partidos, cuando está a tope -de nuevo, antes del All Star, jugador de la semana-, es incuestionable, tenga a quien tenga delante. Está, además, adquiriendo la confianza necesaria para ser más determinante aún. Los que son grandes en la NBA no lo son sólo por su talento, sino por su mentalidad. Hay que ver a Kobe cómo se sabe mejor que nadie, y cómo botando el balón el resto percibe esa sensación; hay jugadores que botan mejor y con más chulería, pero son segundones, chicos de barrio con carácter, pero no dominadores de egos como Bryant.

Este chico, Pau, no es bueno; es buenísimo. Tiene su función, igual que en la selección Navarro se juega determinadas situaciones , porque tiene ese talento. El mejor jugador europeo actual, lo dicen sus números -y el bajón de Nowitzki-. Así que, eufóricos del momento, antes de hacer listas y poner a estrellas innegables como Nadal de mejor deportista de la historia, échenle un vistazo a este cuatro de Sant Boi. Por si acaso.

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Los autobuses no creen en Dios

Me apetece hacer un pequeño comentario sobre los autobuses que estuvieron circulando por Barcelona, Madrid, Málaga y no sé si otras ciudades españolas con el lema “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida“.

En primer lugar, es tanta la publicidad, directa o indirecta, de la Iglesia Católica, al más puro estilo de las marcas punteras, que ya sólo le falta al Vaticano emitir un anuncio junto a los cavas catalanes el día de fin de año. Así que un poco de publicidad, por una vez, de ideas que discuten la existencia de Dios, no le veo gravedad y sí un sano ejercicio racional.Y espiritual, no vaya a ser que ahora mi espíritu esté regulado también por la RatzingerKomitern, Papa -cargo con matices públicos y políticos- al que eligen unos señores, por lo visto, iluminados por Dios en esos instantes. Desconozco el ritual exacto pero me interesa más la idea de conexión espiritual y revelación.


Y es la reacción de Rouco Varela y la Conferencia Episcopal Española la que aún me ratifica más en la postura. Si a la Iglesia, en tanto que institución, le parece que unos autobuses con ideas diferentes a las que ellos postulan, les parece que hace peligrar el Cristianismo, no quiero pensar el día que hagan manifestaciones a favor del ateísmo o negando la existencia de Dios. Porque, hasta donde yo sé, la Constitución y las Leyes que nos rigen en este país, y aún supongo que las internacionales, no consideran delito afirmar que Dios no existe.

Lo que me parece grave es que se nos hayan adelantado unos autobuses. Yo hubiera descartado “probablemente”, y hubiera dejado la afirmación rotunda, puesto que la existencia de Dios es un acto de fe, y como tal, imposible de demostrar. La ilusión, la fe, etc. son estados de las personas que pertenecen a su esfera de, por decirlo de alguna forma, la imaginación y que se hace realidad a fuerza de creer en lo que no han visto. Un ejercicio memorable y respetable, pero no olvidemos que la libertada acaba donde comienza la ajena. Pensamientos propios incluídos.

Dejemos que quien quiera creer crea, y quien no quiera creer no lo haga, pero no demonizemos a quien no cree en Dios y quien tiene una perspectiva vital suya, propia y que no interfiere con la ajena. Esto del pensamiento único me resulta cansino.

A ver cuándo vemos un par de ellos por Canarias. Vendría más que bien.

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