And he takes you out in Vaudeville Valley
With his hand up smothering your screams
And he screws you down in Tin Pan Alley
In the city of a billion dreams

It never rains, Dire Straits

 

1
Moby Dick
2
Kitsch
3
La paradoja de Bertrand Russell
4
Enamorado de Lorelai Gilmore
5
La naranja mecánica revisited
6
El gran dictador

Moby Dick

Una de las mejores interpretaciones de Moby Dick que he visto nunca es la de Gregory Peck -aunque también en Salvar a un ruiseñor me parece que está memorable- porque su representación del capitán Ahab bordea lo mágico. Me parece ver en Peck al propio Ahab: en la película, su poderosa y totémica personalidad le hacen surgir poderoso de entre todos, incluida la propia ballena blanca.
Hoy día no sería prudente una explicación unívoca al símbolo de la ballena blanca, pero sí podríamos señalar que el propio Melville, en el capítulo 113, relata como el capitán Ahab hace forjar al herrero del barco un arpón destinado a la ballena blanca, mandándolo templarlo con sangre de los tres arponeros en un ritual fantasmagórico, pronunciando una fórmula a modo de bautismo. Aludiendo a este pasaje, escribe una carta a Hawthorne, su ídolo literario, en el que escribe: “Ése es el secreto lema del libro: Ego non baptizo te in nomine… pero adivine el resto”.
Sin embargo, a pesar de los intentos sobre el significado oculto, y de que tanto el nombre bíblico de Ahab como las interpretaciones filosóficas –Schopenhauer, Hegel- se mezclan en un todo que permea la lectura de la novela, los propios novelistas, deudores o admiradores de la novela, no han querido reducir sus posibles significaciones. Leamos a E.M. Forster: “Nada puede afirmarse sobre Moby Dick sino que es una lucha. Lo demás es canto.”
Sí, Ahab es responsable de la muerte de toda su tripulación, él incluido, con la sola excepción del superviviente – narrador.Figura nítidamente shakesperiana para la percepción lectora, Ahab es antes que nada un héroe. Pero, cualquiera que sea la culpabilidad de Ahab, parece mejor pensar en el capitán del Pequod como un protagonista trágico, muy cercano a Macbeth y al Satán de Milton. Mutilado por Moby Dick, Ahab afirma su orgullo y su derecho a la venganza, la posesión de una chispa, en el capítulo 119, titulado “Las candelas”:

- ¡Ah, tú, claro espíritu del claro fuego, a quien en estos mares yo adoré antaño como persa, hasta que me quemaste tanto en el acto sacramental que sigo llevando ahora la cicatriz! Te conozco, y ahora sé que tu auténtica adoración es el desafío. No has de ser propicio ni al amor ni a la reverencia; e incluso al odio no puedes sino matarlo, y todos caen muertos por ti. No hay ahora necio temerario que te haga frente. Yo confieso tu poder mudo y sin lugar, pero hasta el último hálito de mi terremoto la vida disputará el señorío incondicional e integral sobre mí. En medio de lo impersonal personificado, aquí hay una personalidad. Aunque sólo un punto, como máximo: de donde quiera que haya venido; adonde quiera que vaya; pero mientras vivo terrenalmente, esa personalidad, como una reina, vive en mí y siente sus reales derechos. Pero la guerra es dolor y el odio es sufrimiento. Ven en tu más baja forma de amor y me arrodillaré ante ti y te besaré; pero en tu punto más alto, ven como mero poder de arriba; y aunque botes armadas de mundos cargados hasta los topes, hay algo aquí que sigue indiferente. Ah, claro espíritu, de tu fuego me hiciste y, como auténtico hijo, te lo devuelvo en mi aliento.

Según Ahab, la manera correcta de adorar el fuego es afirmando la propia identidad en contra de él. “¡Golpearía al sol si me insultara!”, exclama el prometeico capitán, estableciendo un patrón de desafío que ninguno de sus seguidores ha igualado. No podemos sin elogiar el extraordinario aliento narrativo de la novela. Ahab nos cautiva aunque su monomanía nos espante.

Kitsch

¿Es Ikea kitsch? En su libro Apocalípticos e integrados, el escritor y académico Umberto Eco precisa que “… el mal gusto sufre igual suerte que la que Benedetto Croce consideraba como típica del arte: todo el mundo sabe perfectamente lo que es, y nadie teme individualizarlo y predicarlo, pero nadie es capaz de definirlo”. El kitsch evoca imágenes de objetos industrializados sin gusto definido, por ejemplo: tres patos de cerámica en el comedor, gnomos de yeso en el jardín, casa pintadas con colores chillantes inarmónicos y prendas personales como aretes de imitación hechos con plástico.
Para muchas personas, el kitsch representa el apogeo de arte malo y la falta de buen gusto; sin embargo, es más que eso y está mucho más extendido de lo que usualmente se admite. De acuerdo con Umberto Eco, la cultura alemana, quizá para ahuyentar un fantasma que la obsesiona intensamente, ha elaborado con gran esfuerzo una definición de este fenómeno, y lo ha resumido en la categoría del kitsch, tan precisa que resulta intraducible y que ha tenido que ser incorporada a otras lenguas.
Un objeto puede ser kitsch por sí mismo, o convertirse en kitsch según su contexto o uso. La palabra kitsch no sólo se refiere al arte sino a cuestiones como la decoración, el entretenimiento, la política o la religión. Es importante puntualizar que el mal gusto no es el atributo principal de lo kitsch, también puede implicar un gusto corrompido o una originalidad fingida. Incluso hay quienes afirman que tiene más que ver con la ética que con la estética.
Lo kitsch es aquello que ya está “consumido”, que, como afirma Eco, “llega a las masas o al público medio porque ha sido consumido; y que se consume (y, en consecuencia, se depaupera) precisamente porque el uso a que ha estado sometido por un gran número de consumidores ha acelerado e intensificado su desgaste”.
Para Kundera -La insoportable levedad del ser- el kitsch elimina todo lo que es humanamente inaceptable, y allí donde el creador escapa de él puede crear obras inesperadas; la fuente del kitsch es el acuerdo categórico con el ser.
El kitsch se aplica y pertenece a:

1. Manifestaciones, Productos y/o servicios de tercer mundo, en su mayoría barrocas, populares y/o artesanales.

2. Manifestaciones, Productos y/o servicios de primer mundo, minimalistas, de boutique de diseñador, diseño industrial, web art, etc.

3. A las oligarquías del tercer mundo que financian mansiones que con una estética kitsch, conjuntan sirvientes negros, replicas de animales tamaño natural, objetos de África e India, muebles Luis XV, candiles majestuosos, etc.

4. Al mundo del arte latinoamericano que se nutre de lo popular y concibe el pop como análogo a la artesanía.

5. Al mundo del arte del mainstream internacional que se nutre de la tecnificación y de los nuevos sistemas electrónicos y concibe el pop como industria y tecnología.

6. A las muchas casas donde la idea de hogar se resume en una tetera laqueada y un juego de cocina con ocas para la buena suerte.

7. A creaciones artísticas o no que son kitsch a pesar suyo, consciente o inconscientemente o sólo después de mucho esfuerzo e intención.

Son kitsch:

  • Los relojes de Madonna
  • Art Press
  • Pollock en pegatinas para el coche
  • Neruda
  • Los souvenirs de la Tate Modern
  • Lápiz de labios gloss
  • El Messenger
  • Los nuevos narradores
  • Ferrari cuando pierde
  • El código de barras
  • La bandera de la Unión Europea
  • Réplicas de Sopas Campbell con pegatina de 50% de descuento
  • Cerámicas de galletas de la buena suerte en fucsia y ocre
  • Guarderías donde hay máquinas que venden PizzaHut y Pepsi.

“Antes de que se nos olvide, seremos convertidos en kitsch. El kitsch es una estación de paso entre el ser y el olvido.”
Milan Kundera, La insoportable levedad del ser.

¡Mao es kitsch!

Wikipedia:Kitsch

Fuentes: El artículo se ha basado tanto en la novela La insoportable levedad del ser, como en el genial artículo de María Vázquez Valdés, El arte kitsch: puro corazón, donde también habla de la relación entre el kitsch y la novela.

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La paradoja de Bertrand Russell

Mi hermana,  con la que mantengo discusiones sobre cualquier tema científico o de humanidades, me expuso la Paradoja de Russell (1901), al que yo había leído en La conquista de la Felicidad. Esta paradoja puso en crisis los fundamentos de la matemática.

“Entre todas las paradojas, la de Russell destaca por su carácter simple y directo. La mayoría de los conjuntos no pertenecen a sí mismos:
ù no es un número natural, ni ú un número real; pero el conjunto universal, si existe, debería ser uno de sus propios elementos. Llamemos B al conjunto de todos los conjuntos que no pertenecen a sí mismos, B = {x: x x}; el mismo B es un conjunto y, dada su definición, B B si y sólo si B B.
Lo llamativo del caso es que la paradoja sólo requiere tres nociones aparentemente muy simples: las de conjunto, pertenencia y negación, junto con los principios lógicos fundamentales de tercio excluso y no contradicción. La historia de esta contradicción tiene el valor añadido de mostrar cómo, en el desarrollo matemático, una paradoja puede dar lugar a un teorema, y lo extraño llegar a parecer trivial.”
En ¿Antinomia o trivialidad? La paradoja de Russell, José M. Ferreirós, Universidad de Sevilla.

Veamos unos ejemplos -éste me parece el más literario y sencillo-:

En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas (todas las personas debían ser afeitadas por el barbero o por ellas mismas). Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:

En mi pueblo soy el único barbero. Si me afeito, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto no debería de afeitarme el barbero de mi pueblo ¡que soy yo! Pero si por el contrario, no me afeito, entonces algún barbero me debe afeitar ¡pero yo soy el único barbero de allí!

El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió por siempre felíz.

En lógica de primer orden, la paradoja del barbero se puede experesar como que el barbero se afeita a si mismo si y sólo si no se afeita a si mismo, lo cual es una contradicción.

Otro sería:

Como todos sabemos, hay catálogos de libros que se incluyen en sí mismos como un libro más. Hay otros en cambio que no incluyen a sí mismos. Incluirse a sí mismo es una decisión que en cada caso toma el editor, basado en sus preferencias personales. Pero imaginemos, propuso Bertrand Russell, que queremos hacer un Supercatálogo donde figuren todos los catálogos que “no” se incluyen en sí mismos y solamente ellos. A primera vista, parece fácil. Pero no es así. Porque… ¿qué hacemos con el propio Supercatálogo? ¿Lo incluimos o no lo incluimos? ¿Lo ponemos o no lo ponemos? Y, no. Porque si lo incluimos en el índice, el Supercatálogo se convierte en un catálogo de libros que se contiene a sí mismo, y por ende, no debe figurar.

Para evitar estas contradicciones, Russell formuló su teoría de los tipos y Ernesto Zermelo desarrolló una axiomática que restringe el concepto de conjunto.

Los dibujos de Escher, ejemplo de Paradojas.

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Enamorado de Lorelai Gilmore

Recuperándome de la noche anterior, los pensamientos han estado entrando y saliendo como les daba la gana y a velocidades supersónicas. He retenido muy pocos. Tampoco me sorprende -lo supersónico-. Sí, estoy agotado físicamente pero he visto a gente peor que yo: a Roger Waters tocando Money en el Live Earth contra el cambio climático.
Logo Live Earth
Ese hombre estaba realmente mal y en las bambalinas, gracias a un escorzo de la cámara, podía verse a un enterrador con su sombrero de copa y su azada. Con lo que yo adoro a Pink Floyd.
Pink Floyd – The Dark Side of the Moon
Me preparé un vaso de leche fría con cacao y, a punto de escribir en el blog, me di cuenta de que sigo enamorado de Lorelai Gilmore, de sus respuestas sarcásticas, su mundo Alice in Wonderland, de sus ojos azules y de que consiga lo que realmente quiere: hacer feliz a los demás a partir de su propia búsqueda de la felicidad. Y si encima la canción de la serie es Where you lead, de Carole King, pues te puedes imaginar. Yo habría elegido Natural Woman para cerrar la última temporada, pero no me quejo. ¿Eh? Claro que quiero casarme contigo, Lorelai. Tonta.

Lorelai Gilmore es… Heather Graham

La naranja mecánica revisited

Alex, el protagonista de una de las mejores novelas que he leído jamás, La naranja mecánica, de Anthony Burguess, no es ni don Camilo ni un Pepone. Sus pensamientos son confusos y ambiguos e introducen una personal reflexión acerca del no-yo (el individuo desnaturalizado) y de los órganos represores de la voluntad del individuo, también censurados por el capellán de la prisión quien, frente a un Alex incapaz de albergar ni tan siquiera un pensamiento violento (que le conduciría, irremediablemente, a la náusea), se plantea dudas sobre la ética del experimento. Estos interrogantes se convierten en vivos alegatos políticos en manos de F. Alexandre, el escritor de La naranja mecánica, el cual censura las prácticas totalitarias del gobierno para enfrentarse a la violencia que alberga la sociedad. Y nos encontramos, entonces, con la excusa de Burguess, el armazón ideológico que sustenta la novela.
La brutalidad de las acciones de Alex y sus drugos no logra invalidar la reflexión de la obra. En este sentido, la novela no hace ninguna concesión, la complejidad del problema moral que nos plantea no está en modo alguno simplificada ni ofrece soluciones sencillas y unívocas; posiblemente es esta una de las características que acerca, inicialmente, la obra a la ironía: el desasosiego de la crítica a un sistema de valores sin plantear una alternativa para el mismo.

La libertad moral es una de las libertades más importante, si no la más importante, de cualquier libertad disponible para los seres humanos. La libertad moral es la capacidad de elegir realizar buenos y malos actos, o ambos. Los gobiernos totalitarios niegan esta opción individual y así, suprimen y sofocan el alma. El ajuste de la naranja mecánica es un paralelismo general con un gobierno totalitario y opresivo. Alex, el protagonista, es el representante del hombre común y su lucha en este tipo de gobierno. En la novela, el ciudadano Anthony sugiere que la importancia de la libertad moral esté tensionada incluso para los criminales condenados por la sociedad. El debate continuará abierto. En contra de la opinión de Carlos Pumares, que opina que la película hoy día, en sus escenas violentas, son totalmente digeribles por un público acostumbrado al exceso, considero que no sólo está vigente, sino que incluso su aire “retro”, virtud de la estética dieciochesca aplicada al futuro de Kubrick, la hace estremecedoramente irreal e inmediata. Cercana. Si aplicas el oído interno, sabes que puedes escuchar el tic tac del mecanismo.


El gran dictador

George W. Bush es un Pepón al que se le han sacado las raíces y vaga fuera del resto de dientes. Es alguien que vive al margen de la boca. No conoce otros rincones ni el funcionamiento general del cuerpo. Ayudaba a masticar, y a masticar como una tenaza rompe el alambre, muela trituradora. Y sobre eso hay que decir que no lo hace nada mal: es aún peor.
Y la estrategia no es nueva, sino efectiva. Miles de millones de personas en un mundo tan ancho y ajeno que se han acostumbrado a ver, oír y pensar a través de los imperios mediáticos. El cuarto poder es la mano derecha de todo aquel que desee el poder. A mí me da igual si este Pepón de G.W. Bush es más o menos marioneta de su entorno tejano, porque es una nueva forma de exculparlo. Creen un ídolo con pies de barro y luego justifiquen sus malas decisiones. En un entorno hostil, el más fuerte sobrevive. Si no hay entorno hostil -no guerra fría, por ejemplo-, podemos crearlo. El poder militar sigue siendo el que decide quién manda en el mundo. Europa sigue llamando a papá U.S.A. cada vez que tiene un problema interno, porque la U.E. no deja de tener problemas internos. Ahora es Polonia. Bienvenidos al mundo adulto, en donde no se puede sobrevivir sin la mentira. Bienvenidos a un estado neofascista donde no hay privacidad. Detienen a un tipo por robar el Wi-Fi y resulta que estaba con su ordenador en su coche. Pero bueno, ¿es que la policía tiene el derecho a preguntarme qué hago en mi coche con mi ordenador portátil? Se ha llegado a la mezquindad de creer que ser elegido en una votación da derecho a imponer el punto de vista propio a modo de Apocalipsis frente al resto de oposiciones. No hay consenso, no hay buen gobierno. Los que poblamos el planeta aún vivimos tan condicionado por las normas sociales, atenazados por el miedo fundado de la anarquía salvaje en caso de que no lo hiciéramos, y en lo positivo por una buena convivencia. El trabajo y el ritmo de vida consumista no deja tiempo para el pensamiento. ¿Qué es eso que circula por la mente? Ráfagas de incordio. Quiero lo inmediato y si puede ser, lo quiero para ayer.

De todos los libros que he escrito La religión americana es el que mayor número de malentendidos provocó. Estuvo descatalogado durante mucho tiempo y se va a reeditar en breve con un epílogo nuevo. Aquel libro se convirtió en un objeto de culto underground. A mí me parece que explica cómo hemos llegado al fascismo que en estos momentos se extiende por Estados Unidos. Hay que decirlo: George W. Bush es un fascista. En este país ahora tenemos un tercio de plutocracia, un tercio de oligarquía y un tercio de teocracia. Por ello nunca tendremos, entre otras cosas, matrimonio gay.”

Harold Bloom, entrevista de Fernando Castanedo, ElPaís.com, 17/09/2005

G.W. Bush es un Pepón.

Charles Chaplin – El gran dictador

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