And he takes you out in Vaudeville Valley
With his hand up smothering your screams
And he screws you down in Tin Pan Alley
In the city of a billion dreams

It never rains, Dire Straits

 

1
La ansiedad de escribir
2
La crisis de la música: ¿La excepción?
3
Barça y Real Madrid: la pose estética
4
Jade Goody
5
La Iglesia Católica y la Campaña anti-aborto

La ansiedad de escribir

Uno puede ponerse a escribir porque sí, sin guión previo. De repente, una historia o un suceso viene a nuestra imaginación. Una idea o una anécdota que puede concretarse en un microrrelato, o bien una gran historia de la que resulte una novela de trescientas páginas.

Pero, ¿qué sucede cuando uno desea escribir y no tiene nada que contar? ¿Cuando tiene el impulso y el deseo, y se encuentra en un estado infértil? Te pones frente al papel o el procesador de textos, y piensas y meditas y le das vueltas a mil cosas y no sabes sobre qué escribir. Como estás impaciente, y algo cabreado por la falta de imaginación, escribes cualquier cosa, de un tirón, por desafiar.

Más tarde comienzas las correcciones. Vas a otra cosa, y al cabo de unos días abres de nuevo el procesador de textos o bien recuperas esos folios. Y te das cuenta que, por más que lo corriges, allí no hay nada. Tan sólo una serie de acontecimientos, una serie de pensamientos o reflexiones, más o menos estructurados, con un estilo determinado, en primera o tercera persona, y que no hay forma de dar vida. Porque cuando uno no pone pasión en lo que escribe no encuentra nada. No existe el germen.

Y así uno aprende. Entonces, se dice en voz alta: ¿para qué escribir por escribir? Lo realmente interesante de la escritura es la certeza del acto. Si no, falsea el proyecto, el resultado es una máscara de aire que se diluye y que no engaña a nadie: sobre todo, a uno mismo.

¿Qué decir de esos escritores que se “obligan” a escribir algo diariamente, o de quienes tienen un “sistema” por el cual producen páginas a diario? La escritura es oficio y requiere de práctica contínua, como todo arte o tarea. Lo malo que tiene la escritura es el desengaño del resultado: nosotros habíamos imaginado algo más hermoso y trascendente que aquello que resultó, y sin embargo nos conformamos para no sucumbir a una reescritura perpetua. Algún día hay que acabar lo que se empezó. Pero a quienes les funciona el esfuerzo les felicito. Me es imposible.

Entonces, encuentro en la escritura una analogía de la naturaleza: nace, crece, se desarrolla y muere. Tal vez por eso escribimos en papel.

¿Pero quién calma el ansia entre hojas, durante las que pueden transcurrir (según la gravedad) días, semanas, meses, qué sedante calma la espera angustiosa entre texto y texto?

Yo no puedo escribir por escribir, no entiendo que un folio se llene de caracteres por el hecho de practicar. La práctica debe existir en el propio proceso pasional que resulta de contar la historia que se esconde y que todavía no ha reconocido y que brota en el proceso de escritura. Toda una vida no da para contar lo que desearíamos, nuestros descubrimientos como exploradores de la vida que transcurre a nuestro paso.

Así que esos instantes de vacío son aún doblemente angustiosos: por un lado, al encontrarnos secos, sin savia nueva corriendo febril por las venas, en un estado impotente. Por otro, la angustia de que ese tiempo que pasa ya es irrecuperable, perdido en un limbo de hojas sucias y muertas que no tienen nada que contar.

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La crisis de la música: ¿La excepción?

Y sí. La Excepción te permite que descargues gratis su tercer disco, La verdad más verdadera, a través de su página web. ¡Nos hemos vuelto locos! ¡Es un truco de márketing y la descarga sale por tres SMS! No hay truco. ¿La razón?

Según comentan en Yahoo Música, los ganadores del MTV Europe al mejor grupo español y Disco de Oro habían sufrido un trato “preferente” por parte de la discográfica (Warner/Zona Bruta) cuando intentó manipular una reedición de uno de sus discos y les pidió un tanto por ciento de sus ganancias de los conciertos.

Y contrataron una abogada porque no les salían las cuentas: los contratos que habían firmado se referían incluso a artículos legales que no existían, para exigirles porcentajes, o que “mientras a nosotros nos decían que dábamos números rojos, ellos habían acumulado unas ganancias comprobables de más de 500.000 euros con la venta de nuestros discos”.

¡Qué fuerte! ¿Pero no decían estos señores que estaban en crisis? ¿Que la piratería estaba acabando con todo? ¿Que el Top Manta era la ruina? Pues resulta que un sello como Warner se dedica, según comentan los de La Excepción, a estafar a sus productos -como diría el Mejide-. Ahora bien, qué sucederá con los pequeños artistas, que no se les pasa por la cabeza que tengan que contratar asesoría legal para protegerse de quien les ficha.


Ahora es cuando me pregunto si esos rumores que circulaban sobre que los participantes de OT no vendían un disco era cierto o un bulo de las discográficas para pagar menos a sus cantantes. En general, digo, no sólo los de OT.

¿Cuánto tiempo durará esta especie de libertad, al menos aparente, que nos otorga internet, una libertad ajena a la mecánica en la que se basan las sociedades? Internet también puede ser solidaria, lugar de encuentro, intercambio de información y por lo tanto ideas, proyectos, emociones… ¿Las discográficas en crisis? ¿Los bancos en crisis? ¿Que en España no se leen libros? Ya no me creo ni al sereno: “¡Las doce y todo serenooooo!”.

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Barça y Real Madrid: la pose estética

Cuando llegué al fútbol, recién vivía la llegada de Cruyff al Barcelona. Y lo que vi me ató definitivamente, a pesar de que todos mis amigos querían ser como Butragueño, Hugo Sánchez o Míchel. Aquel Barcelona encadenó un fútbol de fantasía, de pases imposibles inventados por un danés desconocido, de tiralíneas con un medio centro flaco que rehuía el cuerpo a cuerpo, de lucha con un tipo bajito y rocoso que remataba córners, donde jugadores como Romario podían ser prescindibles al año siguiente, porque la nueva filosofía del club sobrevivía a las estrellas o donde un central podía subir a rematar córners o jugar en cualquier posición. De la época dorada quedaban en el recuerdo jugadores nacionales, como Bakero, Nadal, Sergi, Guardiola, Zubizarreta, todos ellos aderezados por genios como Koeman, Laudrup y Stoitchkov. La fórmula mágica era: un club tiene que tener una columna vertebral de jugadores nacionales, que identifiquen un estilo propio y una identidad nacional, y dos o tres cracks que marquen la diferencia. Pero lo que hizo Cruyff fue más allá de un cambio táctico y estético, más allá de la búsqueda del espacio y la posesión, de fabricar autopistas en las que los defensores sucumbían al vértigo de la velocidad de balón. Cruyff invirtió la polaridad de un club de mentalidad segundona y con tendencia al miedo y a la culpabilidad, sometido por la historia, los títulos y el estigma de representante nacional del Real Madrid.

El Real Madrid, en aquellos años, vió como el vecino del otro barrio desplazaba de un plumazo a una de las mejores hornadas -no repetida- de jugadores de la cantera madridista. La pelota, injustamente, negó a esa generación una Copa de Europa. El fútbol es caprichoso.

En las filas de aquel majestuoso Real Madrid, que ganaba liga tras liga, se econtraban talentos innegables. En la defensa, un capitán general, capaz de soltar un latigazo con rosca a la escuadra o de ser expeditivo en el corte, centrocampista reconvertido a uno de los mejores defensas que se han visto en un campo de fútbol. A su lado, un tipo alejado del foco, jamás ponderado con justicia, cómodo con el balón en los pies, infranqueable y el mejor defensor uno contra uno que he visto jamás. Más arriba, un centrocampista de un talento envidiable, con tendencia al arabesco y al regate de más, y a su derecha el divo necesario, capaz de soltar una derecha magistral, golpear el corazón con su puño, enrabietado, gritando al cielo que él se lo merecía. En punta, el aire inconfundible del western. ¿Quién inventó a este delantero, que rehuía el combate para refugiarse en el área pequeña? Allí donde enseñan a no meter el pie, aparecía un querubín rubio, paciente y sibilino. Cuando lo observaba, me daba cuenta que el tiempo se detenía dentro del área, con los defensores temiendo que desenfundara su talento una décima de segundo antes. Y los mataba uno a uno. Cuando le preguntaron a Cruyff a qué jugador ficharía del equipo rival, no lo dudó. “Al rubio”. Pero ni esto fue suficiente para doblegar al Dream Team, aunque alguno de aquella generación madridista sobrevivió algunos años al reinado azulgrana y ganó posteriormente títulos importantes.

El tiempo transcurre y el Barça supera la época Cruyff recurriendo a otros entrenadores holandeses que no siempre estuvieron a la altura social del club, y sobrevive con títulos. Pero aquella magia no volvió. Mientras, el Madrid no ganaba ligas pero sí Copas de Europa, fiel a su espíritu luchador y a su gran plantilla. Para el Madrid, de siempre, es ganar o ganar. No hay otra. Para el Barça, es ganar jugando con el nivel estético máximo, o la victoria es amarga. Tampoco hay otra. El Madrid ganaría dos más.

Pero las estaciones pasan y el mundo se vuelve corporativo. Los clubes, salvo los dos grandes, se convierten en sociedades anónimas. Las televisiones ofrecen contratos millonarios y las audiencias suben, a pesar de los contínuos fracasos de la selección nacional. La moda de los dos o tres cracks sufrió una metamorfosis. Con la llegada de Florentino Pérez al Real Madrid, los espectadores asimilaron que las noches de cielos despejados podían mirar al cielo o a la constelación del Bernabéu y admirar tres, cuatro, cinco, seis estrellas, como un Cirque du Soleil majestuoso y malabarista. Y el arte se hizo fútbol. Ganó títulos, volvió la Copa de Europa a la sala de trofeos, mientras el vecino de enfrente se debatía en la agonía de continuar con la senda holandesa que, en esos tiempos, le daba pocas alegrías.


El Barça, que como dijimos anteriormente siguió la estela Cruyffista una vez lo echaron del cargo, miró siempre a Holanda, de donde llegaron varios jugadores y entrenadores. Pero no siempre salió bien, e incluso cuando salía bien las polémicas rodeaban al club. Nada bueno dejan los títulos si no hay hermandad entre afición, club y prensa. Sin embargo, en el cómputo general hasta nuestros días, se ganaron muchas ligas y desde aquel modelo de Cruyff el balance es el mejor de las últimas décadas: el Barcelona ha ganado 8 títulos ligueros, por cinco del Real Madrid.

Pasada la época de las Copas de Europa y las renovaciones de plantillas hasta llegar a la del Madrid galáctico, llegó el drama. A las estrellas se les fue apagando la vida. El Madrid se fagocitaba, víctima de su desmesura y su elefantismo galáctico. El mercado y los intereses económicos, que habían transformado al club y le habían dado solidez, aspirando al modelo de clubes como el Milan -desde la temporada 88/89 ha ganado la Champions en 5 ocasiones- o el Manchester United, se convirtió en una máquina de hacer dinero, donde los contratos publicitarios y los derechos de imagen sustituyeron los entrenamientos. Madrid se convirtió en Hollywood y la vorágine se fue tragando uno a uno a todos. Se adulteró el sentido de ser del Real Madrid: jugar al fútbol y ganar títulos. El equilibrio entre deporte y negocio fue fatal para el club, que, con su constelación malabaristas fuera del club, veía como el Barcelona ganaba los títulos y su segunda Champions. Habían recogido los tiempos de cosecha, con otro holandés al mando del equipo, pero esta vez escogiendo los jugadores por criterios futbolísticos y no por su pasaporte.

Y funcionó tan bien que se crearon dioses. Y cuando los endiosas y dejan de ser trabajadores y profesionales, si les entra la desgana, sus pequeños actos de rebeldía generan cataclismos internos. El Barcelonismo había erigido a su ídolo en su estandarte, en el jugador definitivo y decisivo, en el catalizador de títulos y de la gloria.

El Madrid, convulso tras la salida del presidente, que hizo el Madrid a imagen y semejanza de sus recuerdos de juventud, retomó una dirección deportiva confusa. El socio tiene el presidente que se merece; el Barcelona también lo padeció años antes. Pero se llamó a un cirujano de urgencia, el italiano de mentalidad tradicional, aplicado y metodista. Y el enfermo revivió. Lo que nadie sabía es que era un parche de urgencia y que la herida era profunda. El título sedó a la masa social, se crearon mensajes populistas. El nuevo presidente, tras unas elecciones convulsas, tenía que reafirmar su derecho legítimo a presidir el club cada domingo. Los fichajes anunciados no llegaron. Mientras, el Barcelona vivía su via crucis particular, con su presidencia también cuestionada y el socio reclamando autoridad y disciplina, incrédulo tras pasar de dos ligas y una Champions a la nada, y el presupuesto del Madrid y su fe ganadora bastaron, con un fútbol resultadista, para apalizar al vecino con su segunda liga consecutiva. De nuevo, criterio estético. El Barcelona se rehace y apuesta por un emblema del club.

El Madrid comienza la segunda temporada, tras la crisis azulgrana, como campeón de liga, más pendiente de los fichajes estrella que de aportar piezas fundamentales para el club. Nadie ve que la venda del técnico italiano comienza a supurar sangre por un costado. Es el año del alemán, un Schúster que lleva al equipo con la inercia de la temporada anterior, aplicando un juego más preciosista, mientras el Barcelona se mira el ombligo y se comenta, desde casi principios de temporada, las bajas para la siguiente. Mal síntoma para ese año, cuya representación escénica es la del partido del Bernabéu, donde el Barcelona es un equipo anímicamente roto, mal trabajado físicamente, entregado desde el pitido inicial, como el boxeador que se sabe inferior y le susurra a su rival: “porqué no me das en la barbilla y acabamos de una vez”.

Y entonces, el Barcelona ajusta las piezas. Y da un ejemplo de cómo fichar un entrenador. El delantero, hijo pródigo y díscolo, de carácter explosivo y sujeto a su código moral de forma inquebrantable, se ajusta. El equipo se reconoce a sí mismo; se juntan los talentos, que nunca se fueron, y el antiguo líder, aún un tierno entrenador sin experiencia al más alto nivel, comanda desde el área técnica. El club hace una apuesta; si sale mal, el riesgo es menor, puesto que la excusa de su inexperiencia junto a lo que significó como jugador son un colchón suficiente. El ex miembro del Dream Team, que en Barcelona es una religión, tiene margen para los malos tiempos, que llegarán. Aprendió la lección de Cruyff, a manejar el “entorno”, un mito generador de tanta simpatías como antipatías en el barcelonismo y fuera del mismo, Ahab persiguiendo la gloria, genio que logró que lo siguieran ciegamente a bordo de su buque, daba igual lo dura y quimérica que fuera la odisea y los odios que generara en la tripulación. Y el joven entrenador ha logrado un equipo de fútbol con una identidad propia y reconocible, el buen gusto y el toque ante todo.

El club se mantiene, a estas horas, en tres competiciones. El Madrid, parcheado a última hora, sigue a rueda del líder, los riñones como bielas exprimiendo la cadena, esperando una muestra de agotamiento, con la fe inquebrantable en un espíritu añejo que suena algo ajeno en estos tiempos de chequeras y consumo voraz. Tal vez el Barcelona llegue a puerto con los últimos estertores, y que en un último empuje el Madrid rebase la línea de meta, aunque sea por media rueda de ventaja.

Pero lo que nadie duda es que el Barcelona morirá con su estética, matando a los equipos a goles o consumido en su histeria de ataque, asentado y perpetuando una identidad de fútbol. Y mientras, el Madrid, apelando a la rabia y al empuje. Tiene de sobra con su calidad para la competición nacional, donde las diferencias con los otros clubes es abismal, aunque sea una calidad ajena a un fútbol preciosista cuya medida ha quedado patente en Europa. El Madrid, salvo que la evidencia de la superioridad azulgrana sea aplastante en números, seguirá empujando.

Mientras, el Barcelona se confía en haberse encontrado a sí mismo y que las palabras “proyecto a largo plazo” y “estabilidad” sean más que un deseo y que traigan títulos: no conoce otra forma de ganarlos. El Madrid apelará a la vuelta del rey de los galácticos, que presumiblemente sanará por fin al herido y llenará el estadio de olés y de la ansiada décima Copa de Europa, un número redondo. Si ha aprendido de errores anteriores, en los próximos años, si el fútbol no fuera tan frívolo y con dos equipos en su máxima plenitud, ¿a qué cotas estéticas podría llevarnos la imaginación en los duelos entre Barcelona y Real Madrid?

He dejado el último razonamiento al final: el Madrid siempre se definió por su exquisitez futbolística, aparte de su garra. El Bernabéu también requiere de un equipo que haga soñar a su aficionados, un estadio donde la historia del fútbol ha dejado noches mágicas para el recuerdo. El socio madridista ha paladeado a Roberto Carlos, Zidane, Figo, Raúl pletórico. El fútbol son ciclos, pero ya toca ver a los dos equipos en plenitud, reconcidos en sus idearios, luchando cuerpo a cuerpo sin injerencias extradeportivas o malas planificaciones. El Madrid, con alguno de los mejores jugadores del mundo en sus filas, con un equipo bien construido, fiel a su lema de ganar o ganar; el Barcelona, con un equipo rebosante de talento y de futuro, fiel a su política de la idea por encima de todo. El Real Madrid y el Barcelona, la pose estética.

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Jade Goody

Me resulta sorprendente lo de Jane Goody, que ha fallecido de un cáncer. Fue concursante de Gran Hermano en Gran Bretaña y, tras saber que iba a morir, vendió los últimos acontecimientos de su vida -boda incluída-, además de su muerte.

La verdad que es un caso de esos que llama la atención. Y que crea múltiples preguntas éticas. Mi conclusión es que el dinero lo consume todo; y que la televisión ha hecho un flaco favor a un asunto tan privado. Nadie debería emitir imágenes de este tipo, ni de pagar dinero por emitir la muerte de alguien por una enfermedad que tanta desgracia trae al mundo. En fin, que le pregunten a quien lo padece o a familiares de personas fallecidas por el mismo. ¿De verdad hay gente que quiere ver los últimos instantes de vida de una ex concursante de un reality show tan patético como el Gran Hermano? Sí, la hay. Es un mundo ancho y ajeno.

De verdad, me gustaría decirles a una de esas personas: oye, ¿porqué no vas a un lugar tranquilo y te lees un buen libro? Seguro que sacas más provecho y, sinceramente, visto tus gustos, creo que te haría mucho bien. Siendo tu… mmm… 1984 de Orwell te vendría más que bien.

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La Iglesia Católica y la Campaña anti-aborto

Es un estado laico. En una amplia mayoría de países europeos, donde se consensúan políticas comunes, se recogen los mismos o similares contenidos que la reforma de la ley del aborto que prepara el gobierno de Zapatero. Aun así, la Iglesia le echa un pulso al estado tratando de imponer su ideario religioso sobre las leyes que prepara el gobierno, cuando no le interesa o va contra su ideario. ¡Y luego nos escandalizamos de los radicalismos musulmanes! Qué lindo es el etnocentrismo.

La Iglesia debería dedicarse a lo suyo: dar a conocer la palabra de Dios y propagar sus ideales morales a sus fieles. Me parecería perfecto que, en sus iglesias, los curas y obispos oficiaran misas contra la ley. A fin de cuentas, cada uno en su casa hace lo que desea -aunque ir contra la legislación de un estado tampoco me parece lícito-. LaIglesia, una corporación que invierte en bolsa, es un estado totalitario o al menos anti-democrático. Tiene una jerarquía piramidal, puesto que no hay elecciones con voto secreto para designar a los dirigentes de sus estamentos. Y, además, no hay mujeres. Me pregunto si el mensaje de Dios hoy día, de haber nacido en una sociedad más abierta, hubiera excluído a las mujeres. Lo dudo, aunque quizás el Dios que represento en mi imaginación es menos beligerante que el que azotaba a los del templo.

Si tienes una organización fundada con preceptos y leyes de hace más de dos mil años, y quieres perpetuarlos en el tiempo, es lógico que choque frontalmente contra la sociedad evolucionada -gracias por esta evolución- que se encuentre a posteriori. No me resulta extraño -pero me hacer sonreír- que Ratzinger luego hable de que el preservativo no es un buen método para erradicar o protegerse del Sida. Que se lo digan a los misioneros africanos que violaron a mujeres y les prohibían usar preservativos; si fuera de escándalos, habría que hablarle de su política contra los sacerdotes y obispos violadores de niños. ¿Acaso son despedidos de sus sedes, como los partidos políticos expulsan corruptos? No. En muchas ocasiones son trasladados a otras sedes… ¡eso es praticar el perdón divino! Para verificar esto que digo, sólo hay que ir a las hemerotecas o a internet. No se trata de machacar a nadie; se trata de contarlo todo, porque desde la aceptación de los errores surge la mejora de la institución. De verdad que yo, que he leído la Biblia y me apasiona todo lo que tenga que ver con las religiones, cada vez estoy más convencido que éste no es el catolicismo que se practicaría de haberse creado hoy día. Vivimos en tiempos difíciles y con tendencias tradicionalistas. Y, dicho esto, también hay que decir que las izquierdas tampoco van mucho mejor.


La Iglesia tuvo poder durante siglos. Y se resiste a perderlo. Eso se entiende -aunque no se comparta-. Y el modo de mantenerlo es crear confrontación social. Echarle pulsos al estado libre, aconfesional y democrático. Se apunta a las dictaduras -como las de Franco y Pinochet-. Elegido por todos en votaciones, da igual si gobierna la izquierda o la derecha.

Y ahora, resulta que vemos a un niño de unos pocos años y un lince en una campaña contra la ley del aborto. Para empezar, el cartel ya es engañoso. Nadie mata a niños de esa edad. Podrían haber puesto un hombre adulto y hubiera resultado hasta ridículo. Pero un lince -con lo que ha costado mantener la biodiversidad de nuestro país- es tener poco sentido. Me pregunto qué empresa de publicidad les ha producido la campaña. Así que, ya de entrada es falsa. Hay una serie de semanas establecidas para poder abortar. Y una serie de condicionantes. Lo que no es de ley es que una mujer pueda ir a la cárcel con 16 años y no pueda abortar; que pueda trabajar pero no abortar; que pueda sacarse una licencia de conducir, pero no abortar. Si es adulta para ir a la cárcel, lo es para tomar decisiones sobre su cuerpo, y que nadie lo haga por ella. Imponer una moralidad sobre la idea propia.

Es obvio que el número de abortos en España es demasiado alto. Que es necesaria una mejora de la política sobre sexualidad. Soy de los que cree que una asignatura sobre sexualidad es necesaria en las escuelas. Que enseñe una sexualidad responsable y sana; que hable de cómo proteger nuestra salud, y que no diga estupideces y memeces como las de que los preservativos no protegen del SIDA. Que sea científica y realista.

Los tiempos que corren son los que estos, y no pueden ser otros. Que cada mujer decida; las que no deseen abortar y quieran tener hijos, que lo hagan, da igual por qué razones. Pero que no obliguen a pensar por otras mujeres; dejemos que haya quien tenga derechos sobre su cuerpo y decidan libremente. ¿Que hay quien piensa que ese zigoto es un niño ya hecho y derecho? Perfecto; como es un acto de fe, aunque científicamente no es así, dejemos que los que no deseen abortar, insisto, no lo hagan y punto. Que les digan a sus hijos que no usen el preservativo y que solo tengan sexo para procrear. Si no me parece mal; cada uno que viva como desee y que eduque como buenamente pueda, mientras respete la ley y los derechos fundamentales.

Un último punto. Ya está bien de enseñar fotitos sobre cómo son los abortos. Nadie quiere ver eso. Uno ya se da cuenta de lo traumático que debe ser. Ya está bien de demagogia. Que los vegetarianos enseñen cómo se deguella un cerdo o una vaca o un pollo y lo pongan en las carnicerías. Sería igual de grotesco y ridículo, como cuando uno ve una mala película que intenta manipular al espectador con sobredosis de dramatismo innecesario. No se puede usar el dolor ajeno y la pena que debe sentir una mujer cuando tiene que tomar esa decisión para crear sentimientos de culpa y tratarlas poco menos que de asesinas. Hablamos de ciencia. No se pueden mandar mujeres a la cárcel por esto.

Seguimos viviendo en las dos Españas de Valle-Inclán.

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