And he takes you out in Vaudeville Valley
With his hand up smothering your screams
And he screws you down in Tin Pan Alley
In the city of a billion dreams

It never rains, Dire Straits

 

1
Albert Camus: bodas y el verano
2
La emboscadura de Ernst Jünger
3
Plan Bolonia: ¿mercantilización?
4
El calavera de Damien Hirst
5
Vattimo y la religión

Albert Camus: bodas y el verano

el20veranoCuando Albert Camus publica Bodas (1939), un conjunto de artículos que incluían reflexiones inspiradas por sus lecturas y viajes, ya vislumbra la ruptura entre ser y existencia. Las playas de Argel son las de una ciudad al sol, con olores reconocibles, que no tiene nada de especial pero que puede atarte de por vida a su rutina. En Bodas se permea el espíritu hedonista de Camus.

En El verano (1954), otra colección de trabajos periodísticos, descubrimos la cultura pasmosa y los impulsos vitales del escritor. Ambas, reunidas en un volúmen por Edhasa -que es donde lo he leído yo, supongo que estará disponible en otras editoriales-, hablan de uno de los autores más importantes e influyentes del siglo pasado.

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La emboscadura de Ernst Jünger

emboscadLa escritura de Jünger es clara y hasta podría adjetivarse de sencilla. Pero es un engaño: tras sus frases bien construidas y su estilo llano -que no vulgar- se esconde un tratado con ideas que explican y amplían la conciencia de nuestro presente. Me ha impactado mucho su lectura, como pocas obras -igual de mayor trascendencia social y filosófica que La emboscadura- en los últimos años.

Recomiendo su lectura en-ca-re-ci-da-men-te. Y, al contrario que en el cine actual, no desgrano la trama en un resumen sucinto. Valga este párrafo como introducción. Sigue leyendo

Plan Bolonia: ¿mercantilización?

Isidoro Moreno , catedrático de Antropología de la Universidad de Sevilla

Un creciente número de estudiantes, en diversas universidades andaluzas, españolas y de otros países europeos realiza estos días asambleas, encierros y manifestaciones para mostrar su rechazo a las medidas que diversos gobiernos tratan de imponer bajo el paraguas, y la excusa, de los “acuerdos de Bolonia”. En esa ciudad italiana se consensuaron, en 1999, seis objetivos: cuatro de ellos conducentes a facilitar la homologación de estudios y titulaciones y la movilidad de estudiantes entre los diferentes países, y otros dos consistentes en la fijación de dos ciclos en las distintas carreras y la necesidad de garantizar un nivel de calidad y criterios y metodologías comparables. Ésta es la única letra de la “canción” de Bolonia: adopción de algunos cambios, más que nada instrumentales, para conseguir un Espacio Europeo de Educación Superior.

¿Es de esto de lo que protestan muchos estudiantes, lo que critican no pocos profesores y de lo que se quejan, incluso, algunos rectores como Carlos Berzoza de la Complutense (El País, 25-11-08)? Evidentemente, no, aunque algunas de las medidas puestas en marcha para la consecución de los citados objetivos sean más que discutibles. Lo que se rechaza es la música que muchos gobiernos europeos, en nuestro caso el español, han ido imponiendo para acompañar a la letra de Bolonia. Una música estruendosa que conlleva una reestructuración que me atrevería a llamar salvaje con la que quieren hacernos bailar a los universitarios -profesores y alumnos- sin debate alguno y con la excusa, falsa, de que constituye un mandato europeo.

Es a partir del Documento-Marco de 2003 cuando en España se puso en marcha la reestructuración. Y es especialmente significativo que, primero en Andalucía -laboratorio de prácticas políticas del PSOE- y luego a nivel central, la Universidad fuera desgajada del resto de la Educación e instalada, respectivamente, en una nueva Consejería y un nuevo Ministerio junto (en realidad subalternamente) a la Empresa. En Andalucía, que solemos ser más imaginativos, se añadió una tercera pata, la Innovación, por supuesto tecnológica.

Esta reorganización dista mucho de ser anecdótica y refleja el objetivo central buscado. Si hasta entonces, al menos retóricamente, había habido consenso en que la Universidad debía estar al servicio de la Sociedad, a partir de aquí se trata de ponerla al servicio del Mercado. El giro es coherente con el pensamiento único neoliberal que impregna hoy las opciones políticas mayoritarias, se presenten como de centro-derecha o de izquierda (?), y supone la privatización, si no de la titularidad, de los fines y gestión de las universidades públicas. Qué carreras continúen y cuáles deban desaparecer -ahora o dentro de seis años en que habrá una difícil nueva aduana a salvar- dependerá de cuáles sean las demandas y “necesidades” del Mercado, es decir de las grandes corporaciones empresariales. Cuál sea el nivel de productividad de cada universidad, de cada titulación, de cada departamento, de cada profesor, será determinante para su financiación. ¿Y cómo se mide la productividad del trabajo intelectual, que parecería ser el propio de la comunidad universitaria? Principalmente por el número de empleos rápidos que sean capaces de ocupar los graduados y masterizados (perdón por el barbarismo), por el número de aprobados, por la “satisfacción” percibida por los estudiantes (¡!) y, en lo que respecta a los profesores, por el número de artículos que cada uno de ellos sea capaz de colocar en revistas indexadas (otro barbarismo), casi indefectiblemente anglosajonas.

El acortamiento en uno o dos años de las actuales licenciaturas se reflejará en una descualificación de los titulados. Y como, explícitamente, ese primer nivel, el de grado, tiene como objetivo, básicamente, “desarrollar las habilidades y las actitudes” de los estudiantes -a los que se define, cada vez más, como “clientes”- y no el procurarles una formación, unos conceptos y unas herramientas metodológicas que les permitan reflexionar y entender críticamente el mundo en el que viven, la Universidad se degradará mucho más de lo que ya lo está.

La Inquisición del Mercado -como antes la de la Iglesia y la inquisición política- se encargará de eliminar o de minimizar la presencia de los conocimientos “no útiles”, es decir, no inmediatamente utilitarios para la obtención de beneficios económicos por parte del capital. Y la misma amenaza se cierne sobre las que tengan una fuerte carga crítica potencial. Esto último es lo que explica las actuales dificultades para que se reconozcan como grados las actuales licenciaturas de Antropología en Sevilla y Granada. A pesar de su indiscutible función social, de su carácter antidogmático y de sus análisis especialmente necesarios para nuestra sociedad crecientemente multicultural -o quizá por todo esto- se discute la “rentabilidad” de la Antropología. Es una muestra de hasta qué punto están cargados de razones quienes se oponen a este nuevo avance destructor del Mercado.

Europa Sur, 28/11/08

(Extraído de: http://www.europasur.es/article/opinion/290245/quotnoquot/bolonia.html)


Me lo temía. Las humanidades no son productivas para el neoliberalismo. O sólo en el sentido de uso para mediatizar a la opinión pública: los lobbys compran medios de comunicación y luego decirles a las gentes que los siguen que está todo bien. Que entra más dinero ahora por el capital privado -vi ayer al rector de la Carlos III, en el especial sobre el Plan Bolonia del programa de televisión 59 segundos, frotándose las manos pensando en cuánto dinero iba a disponer para investigación-. Que no importa que hayan cuatro estudiantes becados trabajando para esa empresa durante un año sin cotizar y con un sueldo mísero, en vez de contratar personas para el puesto y a los becarios como ayudantes con un salario digno. Da igual que la élite social y los privilegiados con un expediente académico excelente tengan acceso a estudiar en Universidades prestigiosas; con las becas de ayuda en los programas Erasmus, es muy difícil para muchos estudiantes viajar para completar su formación en otras universidades. Perpetuar las élites sociales y crear una sociedad con diferencias sociales -en el futuro, el titulado universitario tendrá un reconocimiento social como lo tiene el ser catedrático hoy día, y si no al tiempo- en las que las clases elitistas y pudientes dominen y decidan quién y cuándo entra a la universidad. Si ahora la calidad educativa es pobre, no me quiero imaginar una universidad dirigida por las subvenciones privadas y donde el mercado laboral encuentre su abastecimiento de mano de obra en la catedral del conocimiento, la sabiduría y la reflexión.

El Estado debe vigilar el conocimiento, su libre circulación y velar por la calidad y la pluralidad educativa, pero nunca plegarse a las corporaciones que buscan su mastodóntico crecimiento y unos beneficios abrumadores. Calidad, sí, marco europeo universitario, también, pero de esta forma NO. Qué pena el chico que apoyaba ayer el sí en 59 segundos: en su último alegato, repitió durante su minuto de gloria la frase “Bolonia es buena” al menos cuatro veces. Y no dió ningún argumento. “Bolonia es buena” es como decirle a un marciano “el chocolate es bueno, prúebalo” otras tantas veces. ¿Cuál es la confrontación de ideas respecto a tus colegas universitarios que no lo apoyan? ¿Porqué no usas sus argumentos y procuras, a partir de ellos, clarificar posturas y desmentir sus reivindicaciones? Qué pena de país.

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El calavera de Damien Hirst

Según el diccionario de la RAEL, ‘calavera’ tiene éstas dos últimas entradas en su definición:

5. m. Hombre de poco juicio y asiento.

6. m. Hombre dado al libertinaje.

¿Qué hacemos con Damien Hirst? Después de demandar a una joven de 16 años, de nombre Cartrain, por usar una de sus obras para un collage que la joven quiso vender por internet -y que le costó 200 dólares de multa-, un colectivo de artistas ha creado una web en la que se pueden comprar diferentes ‘collage’ y todos ellos, por supuesto, están inspirados en la mítica calavera.

En la web —www.redragtoabull.com— el cráneo de diamantes es el protagonista; podemos verlo en con la Gioconda, la famosa fotografía del Che, la portada de Dios Salve a la reina, el propio Papa Benedicto, Marylin Monroe, el grito de Münch, … además del collage que originó la polémica.


De momento, ni Hirst ni sus abogados se han pronunciado. La pregunta es: ¿cuánto podría embolsarse ahora el multimillonario creador por esta importante provocación a su persona? Quien visita las obras de Hirst -recordemos el tiburón disecado en formol- comenta que, tras el impacto inicial, las obras de Hirst son nada, vacío, puro impacto visual. Sus detractores lo acusan de ser un Spielberg del arte, buscando el efectismo y de convertir el arte en un negocio desmedido. Dicen también que es mejor que hablen mal de uno a que no hablen en absoluto. Pregúntenselo a Hirst.

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Vattimo y la religión

Unos apuntes interesantes de Gianni Vattimo en El País sobre la religión, en el artículo titulado ¿Es la religión enemiga de la civilización?

La tesis que quiero presentar aquí es que las religiones están muertas, y merecen estar muertas, tal como Nietzsche habla de la muerte de Dios. No sólo están muertas las religiones morales, en el sentido más obvio de la palabra: desde dentro de la sociedad cristiana y católica de Europa, es fácil ver que son muy pocos los que observan los mandamientos de la moral cristiana oficial. Lo que está muerto, en un sentido más profundo, son las religiones “morales” como garantía del orden racional del mundo.

Sencillamente, llega un momento en el que ya no son necesarias. Y ese momento es nuestra época, porque, como puede verse en muchos aspectos de la vida actual, las religiones ya no contribuyen a una existencia humana pacífica ni representan ya un medio de salvación. La religión resulta un poderoso factor de conflicto en momentos de intercambio intenso entre mundos culturales diferentes. Por lo menos, eso es lo que ocurre hoy: en Italia, por ejemplo, existe un problema con la construcción de mezquitas, porque la población musulmana ha aumentado de forma espectacular. La hegemonía tradicional de la Iglesia católica está en peligro, pero los católicos no se sienten amenazados en absoluto por esa situación; sólo los obispos y el Papa.

Mientras las religiones sigan queriendo ser instituciones temporales poderosas, son un obstáculo para la paz y para el desarrollo de una actitud genuinamente religiosa: pensemos en cuánta gente está abandonando la Iglesia católica por el escándalo que representan las pretensiones del Papa y los obispos de inmiscuirse en las leyes civiles en Italia. Los ámbitos de la ética familiar y la bioética son los más polémicos. En Estados Unidos, el anuncio reciente del presidente Obama sobre su intención de eliminar las restricciones a la libertad de las mujeres para abortar ha suscitado una amplia oposición por parte de los obispos católicos. La oposición contra cualquier forma de libertad de elección en todo lo relacionado con la familia, la sexualidad y la bioética es continua e intensa, sobre todo, en países como Italia y España. Tengamos en cuenta que la Iglesia se opone a leyes que no obligan, sino que sólo permiten la decisión personal en estos asuntos. Deberíamos preguntarnos de qué lado está la civilización.


No hay más que ver los frecuentes diálogos interreligiones que se celebran en cualquier parte del mundo, en los que los interlocutores suelen ser “dirigentes” de las distintas confesiones. No dialogan para cambiar nada; no es más que una forma de volver a confirmar su autoridad en sus respectivos grupos. ¿Acaso sale de estos frecuentes encuentros algo útil para la paz y la mutua comprensión de los pueblos? Mientras no se elimine el aspecto autoritario y de poder de las religiones, será imposible avanzar hacia el mutuo entendimiento entre las diversas culturas del mundo.

Pero precisamente por eso es por lo que debemos reconocer que ha llegado la hora de que las personas religiosas se alcen contra las religiones. Y que afirmen tajantemente que la era de la religión-institución se ha terminado y su supervivencia sólo se debe a los esfuerzos de las jerarquías religiosas para conservar su poder y sus privilegios. El hecho de que esta tesis parezca inspirarse, en gran parte, en la experiencia cristiana (y católica) europea, no limita su validez para otras culturas. Seguramente, el veneno del universalismo se extendió por el mundo gracias a los conquistadores europeos, que son responsables de la estricta asociación entre conversión (al cristianismo; recuérdese el compelle intrare de San Agustín) e imperialismo. Ahora es el mundo latino el que debe romper esa asociación y separar la salvación de cualquier pretensión de creencia y disciplina universal como condición para alcanzarla. No es una tarea fácil.

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