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Anecdotario de un blog
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Espérame sentado que ya vuelvo
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Bragas de destrucción masiva
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¿Estás tonto? Una historia en bicicleta

Anecdotario de un blog

¿Has tenido anécdotas en tu blog? En esta bitácora, unas cuantas, a cual más extravagante o fantástica. En la revista Poesiamas.net también he tenido una serie de anécdotas y situaciones que, más que para un anecdotario, darían para una novela. En esta me ha pasado de casi todo lo que se podría uno imaginar, porque son muchos años y da para mucho.

Pero en este blog quiero acordarme de tres. Son anécdotas que recuerdo con fuerza, que sobresalen de otras tantas quizá también reseñables, pero que no poseen el componente emocional de las que describo a continuación.

Primera. Escríbeme una carta de amor

Hola, ¿cómo estás? Hago un llamado a la solaridad para este chico que está enamorado de esta persona que le dijo que si le escribo una carta de amor, si le gustaba, aceptaría una salida conmigo; si me podrías ayudar a hacer esta carta se lo agradecería mucho.

La carta la envié. Creo que una petición de este tipo es irrechazable. Solo puedo añadir que estoy casi convencido, por el correo, que es argentino. ¿Y quién diría que no a esto? Mi inspiración fue el primer verso de un soneto de Shakespeare que me vino a la mente, y que además usa Sting en una canción de su álbum Nothing like the sun: “Your mistress eyes are nothing like the sun”.

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Espérame sentado que ya vuelvo

Como el peluquero marroquí ya cerró su barbería, a mi abuelo no le queda otra que ir a leer la prensa a la biblioteca insular. El peluquero solía dejarle el periódico por el buzón para correo de la puerta y mi abuelo, además de ir a cortarse el pelo allí, para que el hombre se ganara “unas perras”, de vez en cuando le llevaba algo para ayudarlo.

Una tarde que pasaba por su casa y le preguntaba qué había estado haciendo me comenta sus quehaceres diarios. Y que había ido el día anterior a leer los periódicos a la biblioteca insular, situada frente a un pequeño centro comercial con varias terrazas al pie. (Si quieres leer alguna anécdota divertida sobre él, aquí tienes otra, y su historia en la Guerra Civil, los episodios bélicos y la vida cuartelaria, en el blog de Mi abuelo volvió de la guerra).

-¿Y cómo no te tomas un día un café allí, López? -a mi abuelo le llamo de vez en cuando como le llamaban los clientes en la tienda que regentaba-. Te das un paseo, te lees el periódico, y a la vuelta, o cuando quieras, en vez de tomártelo aquí te sientas y disfrutas allí de un café, que están buenos, que hace solito (mucho sol, en dialecto canario).

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Bragas de destrucción masiva

Eran las nueve menos diez de la mañana y en la consulta de urgencias entra un matrimonio maduro. El motivo era que la mujer sufría molestias al orinar, por lo que la doctora consideró hacer un análisis de orina para descartar una infección después de haber explorado a la paciente.

El matrimonio aguarda apaciblemente a la espera del resultado de la analítica. Una vez que a la doctora le hacen llegar los resultados del laboratorio los vuelve a llamar para verlos en la consulta.

-Tiene usted -dice dirigiéndose a la mujer- una infección de orina.

-Ah, claro, con razón me molestaba tanto. Yo imaginaba que sería algo de eso.

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¿Estás tonto? Una historia en bicicleta

Peladeba ayer noche por la Avenida Marítima. El cuentakilómetros de la bicicleta ponía: 24,5 km/h. Pasaban las nueve de la noche y llegaba a pocos metros del Club Náutico. Escuchaba música en mi reproductor de mp3; justo comenzaba esta canción…

Como el carril para bicicleta desaparece aquí, disfruté de la inercia y dejé de pedalear. Esto hizo que redujera la velocidad y una chica, que montaba en bicicleta y justo en dirección contraria, me preguntara:

-¿Me podrías ayudar con la bici? ¿Tienes mucha prisa?

-Bueno, un poco, ¿porqué?

Pensé: ésta quiere un consejo de qué luces ponerle y ya quiero bajar a los aparatos de musculación que se encuetran en el parque público. Suele ir mucha gente a correr y a aprovechar los aparatos que ha montado el ayuntamiento, y a veces hay que esperar para poder usarlos.

-Mira, es que no sé qué pasa, que la bici no camina. Me han invitado a cenar y ya llego tarde.

-Vale, aguánta mi bici y voy a mirar.

Efectivamente, se había salido la cadena del piñón trasero -algo habitual- y se había atascado entre el soporte de la rueda y el mismo. Forcejeé con la cadena, tiré de ella, y finalmente la desatasqué. Me manché todas las manos -aún ahora me quedan restos- de grasa negra.

La chica me mira y me dice:

-Hala, te has manchado. Espera a ver si tengo un pañuelo… No, no tengo.

-Ah, no te preocupes, mira, ¿ves allí? -me dije sonriéndome-, hay una gasolinera, allí me limpio.

-¡¡Oye, muchas gracias!! Es que me han invitado a cenar y mira, ya llego tarde. De verdad, te invito a una copa un día o algo.

-¡Qué va muchacha! Que no te preocupes. Ya me hará falta un día que me ayudes. No pasa nada.

-Vale, en serio, de verdad que muchas gracias. Si te veo por ahí, te invito a una copa.

-Vale, no te preocupes, en serio que no ha sido nada, hasta luego.

-¡Hasta luego!

Y luego me pregunto porqué no tengo más sexo. :grin:

Talking Heads.
Stop Making Sense.
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Life During Wartime – 4:52

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