Cine

Anonymous: contra Shakespeare

El cine es cine, solo eso, pero a veces es más porque es un medio de comunicación de ideas muy poderoso; es a lo que más teme el mal, más allá que el bien en sí mismo: a la capacidad de que lo reconozcan porque, una vez cae el disfraz, el miedo es humo.

Un entrenimiento hoy día como lo fue el circo en Roma; tan bajo puede haber caído, sí, salvado por una docena de cintas anuales en las que podemos encontrar otra cosa y no siempre dentro del mal llamado cine independiente. Por eso, es probable que esta película no sea más que el buen ojo de un productor, director, guionista, viendo un buen filón para recaudar este otoño. Vamos a la tesis.

Una cosa es la probabilidad de una conspiración desde el Pentágono para asesinar al presidente de los EE.UU., según intenta demostrar la maravillosa película de Oliver Stone JFK, y otra es elegir una teoría desternillante sin base científica aunque sus adeptos lo intenten con todas sus fuerzas -como los distinguidos miembros de la Sociedad de la Tierra Plana, hágase usted socio si cree que lo es- y plantarla en la ficción de una película como si fuera una realidad tan probable como que al elegir una moneda salga cara o cruz.

La película Anonymous, por estrenarse en mi ciudad, parece bordear esta peligrosa línea, según este artículo de ElMundo.es: Los eternos fantasmas de Shakespeare. Viendo el cartel, no hay equívoco: ¿Fue Shakespeare un fraude?

Hay que tener cuidado entre la línea que separa lo probable de la locura transitoria; porque Anonymous, dice este artículo, afirma que en realidad fue el Conde de Oxford el verdadero autor de las obras de Shakespeare y por tanto el bardo de Straford-upon-Avon, una farsa. Pero no es ni la primera ni la última teoría sobre la autoría de Shakespeare.

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Televisión: Los pilares de la tierra o la sorpresa mayúscula

¿El libro o la película? ¿La película o el libro? La miniserie Los Pilares de la Tierra que ha concluido hace muy poco me ha dejado muy buen sabor de boca -a falta de ver los dos últimos capítulos-.

No pensé nunca que esa novela tan voluminosa -unas 1300 páginas, ¡tengo a mi alcance dos ejemplares!- diera para una serie tan adictiva. ¿Tendré que darle una oportunidad? La verdad es que cuando almacenamos en la memoria que una novela, poemario, película, cuadro, sabores o estilismo no son de nuestro gusto ¡cuánto cuesta cambiar la apreciación!

A veces no queremos dar nuestro brazo a torcer en cuanto a un gusto porque ¡nos procura tanto placer querer tener razón!

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A la busca del guionista perdido

Hoy día poca gente tiene tiempo para ver La extraña pareja o Anatomía de un asesinato, ni paciencia para escuchar una canción de Bob Dylan o Leonard Cohen.

-Prefiero una radiofórmula que quiero desconectar.

-Tú desconectas a diario, amor.

En cuanto empiecen a ver el primer diálogo entre Edward G. Robinson y sus secuestrados en Cayo Largo cambian de canal, y no quiero ni contar si hay que revisar La naranja mecánica o Tiempos modernos.

-¡Ay!, no, en blanco y negro paso, con la cantidad de películas bonitas que hay que ver.

-Eso, y como haya que pensar te vas a chatear.

¿A cuántos conoces que hayan terminado Ciudadano Kane o Sed de mal, y quién fue el último amigo que vio El hombre que mató a Liberty Valance, La patrulla salvaje, Los siete samuráis, Fresas salvajes o Jules y Jim?

-Qué pedante eres. Todo ese aire de intelectual de mierda es porque eres impotente, ¿no? El típico acomplejado.

-Amor, te perdono porque sé que tienes la inteligencia justa para pasar el día, y ya te he dicho que no vayas a urgencias que los seres unicelulares no tienen seguridad sosiá.

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Up: de la animación a obra maestra

up_posterAcabo de volver del cine de ver Up. El dilema no es si la animación por ordenador ha superado a la tradicional. El dilema es si una película de animación como Up puede entrar en la categoría de “Las veinte mejores películas de la década”.

O, incluso, en la de obra maestra.  ¿Exagerado? Porque, como decía la crítica -que por una vez coincidimos-, sí, los primeros veinte minutos son cine de alto nivel. Cine clásico, que dirían los puristas.

John Ford era grande, entre otras cosas, porque respetaba el cine mudo. La tradición. Up respeta al cine. Ford no necesitaba contarte una historia mostrándola. La insinuaba. En un plano  o dos sabías todo lo que tenías que saber de un matrimono; del pasado de un hombre. Y como él, otros geniales directores.

En ese comienzo maravilloso de Up nos cuentan eso que da sentido a la historia sin un sólo diálogo. Y está todo lo que hay que contar. ¿Qué hay que decir ante esto? Nada. Simplemente: maestros…

En cuanto a la película en sí, alcanza los registros habituales de calidad de Pixar, pero sin las ñoñerías ni situaciones forzadas para producir la risa de las últimas películas de animación tradicional de Disney.

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