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En época de crisis superabundancia de cerdos
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Conciencia de clase
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Las clases sociales y el inodoro

En época de crisis superabundancia de cerdos

Cuando hablen de nosotros, dentro de cien años, nos mirarán con la misma lástima con la que nosotros miramos otras épocas históricas, de esas en las que suspiramos y decimos: ¡menos mal que no nací en aquel entonces! Sin embargo, una particularidad de esta época, donde nos creemos tan avanzados tecnológicamente y con mayor nivel de preparación intelectual, al menos en teoría, es que no se vislumbra una revolución que produzca el cambio. ¿Qué cambio? El cambio del actual modelo social, económico y político, por supuesto.

En estos momentos, además, el lujo aparta a codazos a la cultura. ¿Por qué? En España no solo porque se gravan los impuestos culturales sino porque las corporaciones se desprenden de sus otrora boyantes negocios culturales para dar más espacio a la venta de cochazos, estancias en villas privadas de cinco estrellas, fiestas de botellas de cava con diamantes y oro laminado. Los ricos, claro, son más ricos ahora que las clases medias, que son más pobres, y los pobres, más pobres aún si cabe. El límite de pobreza está en la mendicidad y pronto sabremos algo sobre esto. ¿Ahondarán los telediarios en escenas grotescas o, por miedo a una ataque de pánico social, lo evitarán? Debería hablarse más de los nuevos pobres y no tanto de los nuevos ricos como tema de conversación en los bares -sin menospreciar otros como el fútbol y lo buena que está la mujer de no se quién-. Pero, ¿nos extraña que la cultura pase de puntillas? No; he ahí el viejo adagio de “un pueblo inculto es un pueblo controlado”.

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Conciencia de clase

Hace cinco años, si tenías una nómina -y no eras funcionario- los bancos te daban el 100% de la hipoteca.

Ahora, si eres funcionario -y ganas unos 1.800€ al mes-  y tienes, por ejemplo, menos de 50.000€ ahorrados, los bancos te dan el 80% del precio de tasación o el 80% de la compraventa, lo que sea menor. Los 50.000€ son indispensables. Más allá de este dato influye otro: no quieren dar hipotecas. Y para eso la gran mayoría ofrece  a sus clientes un tipo de interés tan alto: para que no la pidan.

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Las clases sociales y el inodoro

Que las clases sociales están desde el principio de las sociedades humanas no es algo novedoso. Pero ahora, sin embargo, aplicando nuevas técnicas deductivas, podremos saber, salvando el recelo del investigado, a qué clase social pertenece.

Lo primero que tendremos que lograr es una invitación a su casa. Una vez dentro, es prácticamente inevitable que entremos a su baño con cualquier excusa. Ya no hay confusión posible: conoceremos su clase social en el acto. ¿Cómo?

Para esto, lo primero es pedir un vaso de agua, y en un pequeño frasco de medicación homeopática habremos introducido, en realidad, un laxante. Pondremos una o dos gotas del mismo, mientras explicamos una dolencia leve que previamente habremos contrastado en Internet, e ingerimos el agua. A los pocos minutos pediremos a nuestros huéspedes acudir a su baño.

Mientras, nuestro acompañante les explicará que la medicación nos trastorna gravemente el estómago, y confiaremos que con esta excusa nos de el tiempo suficiente para elaborar nuestro detallado análisis. La clave está en… ¡el inodoro!

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