El lado oscuro del Community Manager
El lado oscuro del Community Manager comienza cuando no representas a una gran marca. Cuando no vendes un producto, sino una pasión. Dirán: esto ya está inventado, lo contó Naomi Klein en No Logo. Estos tiempos de capitalismo salvaje echan a un lado todo lo que no sea beneficio. Y no es improbable que al final de este texto pienses que se puede reducir mi argumentación a esto mismo, al beneficio. Entonces, pensaré, me habré explicado muy mal.
Mi producto, mi marca, era una revista literaria donde dar cabida a escritores jóvenes o aficionados. Y fue creciendo. Fui añadiendo contenidos sobre la creación literaria; basándome en mis lecturas, fueron apareciendo más y más secciones sobre grandes autores universales. Dediqué una sección a la poesía de mi tierra canaria, mostrando la peculiar poesía de sus islas, desde Cairasco de Figueroa a Eugenio Padorno. Todo a un clic; como se suele decir hoy en día sobre Internet: “todo gratis”. Ni tan siquiera pedía que se valorara mi trabajo. Pero eso sí: todos estaban encantados del nivel de calidad, porque más allá de ser una comunidad donde compartir una afición y dar a conocer tus textos -con eventos como premios, publicaciones, etc.-, había un interés pedadógico. Dar, como en algún taller que impartí -gratuitamente, de nuevo-, pautas para mejorar en la escritura.




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