La vejez y la creación
Es cada vez más frecuente encontrar creadores, artistas, cuya actividad se mantiene o se acentúa en la edad madura, e incluso en la mal llamada tercera edad. En la música, por ejemplo, tenemos dos casos recientes: los Rolling Stones, que incluso apuntan a una gira, ya en los setenta años, la misma que el genial Bob Dylan, que saca nuevo disco. Hay una relación que se establece en el imaginario colectivo entre el genio y la edad muy llamativa, probablemente porque la vejez se va mostrando en la degeneración del cuerpo, y parece que todo aquello que salga de este tiene menos valor. O el valor añadido de “viejo” en su sentido más peyorativo.
Sin embargo, me parece que no pocos artistas mostraron obras soberbias en la edad madura. Clint Eastwood ha dirigido películas de un nivel maestro, bajo el respaldo de la masa crítica, en estas últimas décadas: ganó el Oscar con Million dollar baby con 74 años. Tampoco son escasos los escritores que han alumbrado obras geniales pasadas esas edades y lo mismo podría decirse en otras artes. Por ejemplo: Goethe publicó Fausto, la primera parte, con ¡58 años! Y no cabe duda de que es una de las obras maestras de la literatura universal. Pero hay otros ejemplos llamativos.





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