Etiquetacrítica

1
5 aspectos negativos de la universidad
2
En la barca del pseudoerudito está el rey Lear
3
Nunca hablaré mal de la crítica literaria
4
Hablar bien de mi libro
5
Cincuenta sombras de Grey: la no reseña

5 aspectos negativos de la universidad

International_University_of_Africa

International University of Africa

No hay duda de que la universidad genera polémica, y más en estos tiempos de aguda crisis económica en este país. Sin embargo, no suelo encontrar críticas sobre la universidad, que pareciera tener un aura de credibilidad a prueba de bomba y de la que solo se habla en sentido positivo. Es cierto que es un sagrado templo de conocimiento, pero no es el único centro de conocimiento. El conocimiento es universal y está la alcance de todos.

Voy a intentar sintetizar en 5 aspectos negativos no solo mi experiencia, sino tratar de aunar otras opiniones que he ido recopilando a lo largo de mi vida universitaria y que, no entiendo el motivo, no encuentro debates en la red -lo que no implica que no los haya o que no conozca los foros de debate adecuados-. A saber qué opinará de esto el amigo Wert, ese ministro cuyo gran éxito es haber conseguido un profundo consenso sobre su tarea ministerial.

1) La universidad no es la máxima aspiración de las personas. Aunque la universidad desee parecerlo y sus ofertas educativas -carreras, postgrados, etc.-  regulen la adquisición del conocimiento a gran escala, lo que que han consegudo es transformarse en lobbys del conocimiento: no son el súmmum. Es una opción más para consolidar nuestra formación. El problema aparece cuando los gobiernos establecen que la educación debe estar en manos de las universidades. En España, por ejemplo, tienen el derecho a la prueba de acceso a la universidad, PAU, -cuando ya un alumno ha cumplido con la ESO y el Bachillerato, ¿para qué requiere otra nueva prueba? ¿Acaso el Bachillerato en España no es apto? ¿Y si no lo es, por qué no se mejora?-. Ken Robinson explica mucho mejor que yo este dominio del sistema educativo por parte de las universidades en todo el mundo.

Sigue leyendo

En la barca del pseudoerudito está el rey Lear

aspectos de la novela em forsterUna tesis sobre El rey Lear -a diferencia de la obra, bastante ambiciosa, del mismo nombre- puede llevarnos a alguna parte. Puede abrirnos las puertas de la Junta de Gobierno Local. Pero el pseudoerudito no suele confesárselo abiertamente a sí mismo; no anda diciendo: “Eso es lo bueno de saber las cosas: te ayuda a progresar”. A menudo, el apremio económico es algo subconsciente, y el aspirante acude a su examen pensando sólo que un estudio sobre El rey Lear constituye una experiencia tempestuosa y terrible, pero intensamente real. Sea un cínico o un ingenuo, no se le puede culpar. Mientras que obtener conocimientos esté relacionado con obtener dinero, mientras que ciertos trabajos puedan conseguirse sólo mediante oposiciones, tendremos que tomarnos en serio el sistema de exámenes. Si se ideara otra fórmula de acceso al empleo, buena parte de la llamada educación desaparecería, y nadie sería por ello más estúpido.

Sigue leyendo

Nunca hablaré mal de la crítica literaria

Nunca hablaré mal de la crítica literaria. Porque nada es peor para un escritor que enfrentarse a su ausencia. Hablo de la crítica literaria como meditación, como análisis; de la crítica literaria que sabe leer varias veces el libro del que quiere hablar (al igual que una gran música que puede escucharse sin fin una y otra vez, también las grandes novelas están hechas para reiteradas lecturas); de la crítica literaria que, sorda al implacable reloj de la actualidad, está dispuesta a debatir obras nacidas hace un año, treinta años, trescientos años; de la crítica literaria que intenta captar la novedad de una obra para inscribirla así en la memoria histórica. Si semejante meditación no acompañara la historia de la novela, nada sabríamos hoy de Dostoievski, Joyce, Proust. Ya que sin ella toda obra queda en manos de juicios arbitrarios y del fácil olvido. La crítica literaria, imperceptible e inocentemente, por la fuerza de las cosas y el desarrollo de la sociedad, de la prensa, se ha convertido en una simple (muchas veces inteligente, aunque siempre demasiado apresurada) información sobre la actualidad literaria.

Los testamentos traicionados, Milan Kundera.

[email_link]

Hablar bien de mi libro

Todo por un sueño, ergo por la crítica. Siempre que sea buena, claro. John Locke, el célebre autor del millón de e-books, presume en su web de que todos los libros que se ha autopublicado son best-sellers. En el último hasta da consejos sobre cómo repetir la hazaña. Se le olvida contar, apunta The New York Times, cómo en 2010 encargó 300 críticas para darle un empujón a las ventas de la saga del ex-agente de la CIA Donovan Creed. Y es que parece que es el precio que algunos escritores están dispuestos a pagar para que sus obras atraigan la atención que, consideran, merecen…

Fuente: Todo por la (buena) crítica, Papeles Perdidos.

[email_link]

Cincuenta sombras de Grey: la no reseña

Sigo escribiendo con la esperanza stevensiana de que la voz que es grande dentro de nosotros se levante para responder a la voz de Walt Whitman o a los cientos de voces que inventó Shakespeare. A mis alumnos y a los lectores que nunca conoceré sigo insistiéndoles en que cultiven la sublimidad: que se enfrenten solo a los escritores que son capaces de darte la sensación de que siempre hay algo más a punto de aparecer.

Anatomía de la influencia, Harold Bloom.

Una de las técnicas de venta más sorprendentes que he visto en mi vida como lector fue encontrar el nuevo superventas, Cincuenta sombras de Grey, en Tenerife, en una gran superficie comercial. En la portada habían incrustado una etiqueta que ponía: “sí, este es el libro del que habla todo el mundo”. Me sonaba vagamente haber leído sobre un libro cuya trama era la relación sadomasoquista de los protagonistas. Mi acompañante me confirmó que, en efecto, ese era el libro. ¿Y por qué digo lo de sorprendente? Porque la etiqueta no engaña a nadie y potencia lo que podemos esperar de la novela. No dice que esté bien escrita, ni que su estructura sea sorprendente; que sus personajes sean inolvidables o que haya sido premiada por la asociación de libreros de alguna feria internacional, que haya sido finalista de Médicis, el Alfaguara o el National Book Award; ni tan siquiera que retome una idea clásica y la transforme en moderna. No; el rasgo más sobresaliente del libro, según los editores, es que “es el libro del que habla todo el mundo”. ¿Y por qué? Pues porque debe ser su única singularidad, ¿no creen?

Comencé mi investigación revisando algunas reseñas en la red. No fue difícil encontrarlas; lo complicado fue encontrar alguna negativa. Sin embargo, me acordé de la fábula de Iriarte, en la que el oso preguntaba si bailaba bien: “Cuando me desaprobaba la mona, llegué a dudar; mas ya que el cerdo me alaba, muy mal debo de bailar”. A veces, por tanto, no es tan significativo el hecho de que un experto dude sino que el que desconoce aquello de lo que se pregunta lo eleve a la categoría de maravilla. Leamos algunos aspectos de la novela que subrayan esas reseñas positivas (cada frase está extraída de una reseña diferente):

Sigue leyendo

Copyright © 2014 La ciudad de un billón de sueños