crítica

Hablar bien de mi libro

Todo por un sueño, ergo por la crítica. Siempre que sea buena, claro. John Locke, el célebre autor del millón de e-books, presume en su web de que todos los libros que se ha autopublicado son best-sellers. En el último hasta da consejos sobre cómo repetir la hazaña. Se le olvida contar, apunta The New York Times, cómo en 2010 encargó 300 críticas para darle un empujón a las ventas de la saga del ex-agente de la CIA Donovan Creed. Y es que parece que es el precio que algunos escritores están dispuestos a pagar para que sus obras atraigan la atención que, consideran, merecen…

Fuente: Todo por la (buena) crítica, Papeles Perdidos.

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Cincuenta sombras de Grey: la no reseña

Sigo escribiendo con la esperanza stevensiana de que la voz que es grande dentro de nosotros se levante para responder a la voz de Walt Whitman o a los cientos de voces que inventó Shakespeare. A mis alumnos y a los lectores que nunca conoceré sigo insistiéndoles en que cultiven la sublimidad: que se enfrenten solo a los escritores que son capaces de darte la sensación de que siempre hay algo más a punto de aparecer.

Anatomía de la influencia, Harold Bloom.

Una de las técnicas de venta más sorprendentes que he visto en mi vida como lector fue encontrar el nuevo superventas, Cincuenta sombras de Grey, en Tenerife, en una gran superficie comercial. En la portada habían incrustado una etiqueta que ponía: “sí, este es el libro del que habla todo el mundo”. Me sonaba vagamente haber leído sobre un libro cuya trama era la relación sadomasoquista de los protagonistas. Mi acompañante me confirmó que, en efecto, ese era el libro. ¿Y por qué digo lo de sorprendente? Porque la etiqueta no engaña a nadie y potencia lo que podemos esperar de la novela. No dice que esté bien escrita, ni que su estructura sea sorprendente; que sus personajes sean inolvidables o que haya sido premiada por la asociación de libreros de alguna feria internacional, que haya sido finalista de Médicis, el Alfaguara o el National Book Award; ni tan siquiera que retome una idea clásica y la transforme en moderna. No; el rasgo más sobresaliente del libro, según los editores, es que “es el libro del que habla todo el mundo”. ¿Y por qué? Pues porque debe ser su única singularidad, ¿no creen?

Comencé mi investigación revisando algunas reseñas en la red. No fue difícil encontrarlas; lo complicado fue encontrar alguna negativa. Sin embargo, me acordé de la fábula de Iriarte, en la que el oso preguntaba si bailaba bien: “Cuando me desaprobaba la mona, llegué a dudar; mas ya que el cerdo me alaba, muy mal debo de bailar”. A veces, por tanto, no es tan significativo el hecho de que un experto dude sino que el que desconoce aquello de lo que se pregunta lo eleve a la categoría de maravilla. Leamos algunos aspectos de la novela que subrayan esas reseñas positivas (cada frase está extraída de una reseña diferente):

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[…] Me atribuye usted intenciones realistas. Realismo es una palabra que carece de contenido (Madame Bovary y Los Poseídos son novelas realistas, y nada tienen en común). Eso no me ha preocupado. Si hubiera de concretar mi ambición, más bien hablaría de símbolo. Por lo demás, así lo ha interpretado usted perfectamente, sólo se atribuye a ese símbolo un sentido que no tiene, y para decirlo sin rodeos, me adjudica gratuitamente una filosofía ridícula. Nada en mi libro autoriza a sostener, en efecto, que yo crea en el hombre natural, que identifique al ser humano con una planta, que considere su naturaleza ajena a la moral, etc. El protagonista no tiene iniciativas en ningún momento. Usted no ha reparado en que siempre se limita a contestar las preguntas, tanto de la vida como de los hombres. De modo que jamás afirma nada; y yo no he dado de él otra cosa que un negativo. Ningún dato pudo hacer prejuzgar su actitud íntima, como no fuera en el último capítulo. Precisamente el que usted “pasa por alto”.
Llevaría demasiado tiempo explicarle todas las razones que me decidieron a “decir lo menos posible”. Lamento solamente que un examen superficial le haya inducido a atribuirme una filosofía barata que no estoy dispuesto a reconocer. Entenderá mejor lo que digo, si le puntualizo que la única cita de su artículo es apócrifa (transcribir y rectificar) y por tanto da pie a deducciones ilegítimas. Es posible que hubiera allí una filosofía diferente, y que usted apenas la rozara al definirla como “inhumanidad”. Pero ¿acaso vale la pena demostrarlo?

Cuaderno IV (enero de 1942 – septiembre de 1943), Albert Camus

Extraído de: Calle del Orco (entra allí para leer los otros fragmentos).

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— La mala crítica: El Extranjero de Camus

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