Etiquetaensayo

1
¿Tienes el don de la lectura?
2
Memoria e inteligencia en la novela
3
El viejo mundo de las palabras
4
El cuerpo atrapado en el alma
5
Berlusconi revisited

¿Tienes el don de la lectura?

El don de la lectura, como lo he venido denominando, no es muy corriente ni, en general, muy bien comprendido. Consiste, en primer lugar, en una dotación intelectual de amplias miras (quizá debería llamarlo una gracia innata) a través de la cual un individuo llega a comprender que ni tiene siempre la razón ni aquellos de quienes disiente se hallan absolutamente equivocados. Puede sostener dogmas, puede mantenerlos de forma apasionada, y puede comprender que otros los sostengan más tibiamente o que no lo hagan en absoluto.

Bien, si posee el don de la lectura, estos otros estarán, para él, llenos de sustancia. Verá la otra cara de las propuestas y las virtudes. No tiene por qué modificar su dogma por ello, pero sí puede que cambie su concepción de tal dogma, y deberá complementar y corregir las deducciones que a partir de él lleva a cabo.

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Memoria e inteligencia en la novela

La memoria y la inteligencia están íntimamente relacionadas, pues sin recordar no podemos entender. Si cuando muere la reina hemos olvidado la existencia del rey, nunca descubriremos lo que causó su muerte.

El argumentista confía en que nosotros recordemos, y nosotros esperamos de él que no deje cabos sueltos. Cada acto o cada palabra del argumento debe contar; la trama debe ser económica y sucinta; incluso cuando es complicada debe ser orgánica y estar exenta de materia inerte.

Puede ser difícil o fácil, puede -y debe- albergar misterios, pero no debe confundir. Y a medida que se desentraña, por encima de todo ello revoloteará la memoria del lector (ese resplandor apagado de la mente cuyo borde brillante y prominente lo constituyen la inteligencia), reorganizando y reconsiderando constantemente, descubriendo nuevas pistas, nuevos encadenamientos de causa y efecto; la sensación final -si el argumento es bueno- no será de que existan pistas ni concatenaciones, algo que el novelista podría haber mostrado directamente pero sin belleza. Nos enfrentamos aquí con la belleza por primera vez en nuestra investigación: belleza a la que el novelista nunca debe aspirar pero sin la cual fracasa. Más adelante, pondremos la belleza en el lugar que le corresponde.

Aspectos de la novela, E.M. Forster.

El viejo mundo de las palabras

Un lenguaje globalEl lenguaje afecta al pensamiento porque la mayor parte de los concimientos los obtenemos mediante la lectura y la conversación. Es improbable, por ejemplo, que pudiéramos conocer el concepto de martes, el hecho de que César conquistara la Galia, o la doctrina del pecado original, a no ser que lo aprendiéramos de otras personas a través del lenguaje. Esta es una versión trillada de la hipótesis whorfiana porque es, en gran medida, una reafirmación de lo que es el lenguaje -un medio de comunicación-, además de la observación de que el lenguaje es importante en los asuntos humanos, algo que nadie puede poner en duda.

El mundo de las palabras. Una introducción a la naturaleza humana,Steven Pinker

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El cuerpo atrapado en el alma

dostoievskiTeniendo en cuenta lo común que es la enfermedad, lo tremendo del cambio espiritual que conlleva, lo que asombran, cuando se atenúan las luces de la salud, los países no descubiertos que se muestran entonces, los yermos y desiertos del espíritu que da a luz un ligero ataque de gripe, los precipicios y prados rociados de flores brillantes que revela un pequeño aumento de la temperatura, los antiquísimos y perseverantes robles que se arrancan en nuestro interior en el acto de la enfermedad, cómo descendemos al pozo de la muerte y sentimos las aguas de la aniquilación justo encima de nuestras cabezas y nos despertamos pensando que nos vamos a hallar en presencia de ángeles y arpistas cuando nos sacan una muela, y salimos a la superficie en el sillón del dentista y confundimos su “enjuáguese, enjuáguese” con el saludo de una Deidad inclinándose del Cielo al suelo para darnos la bienvenida… cuando pensamos en esto y en muchísimas otras cosas, como tan frecuentemente nos vemos obligados u obligadas a pensar, resulta muy muy raro que la enfermedad no haya ocupado su lugar al lado del amor, la batalla y los celos entre los temas primordiales de la literatura.

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Berlusconi revisited

apasodecangrejoLa diferencia entre un régimen “al estilo fascista” y un régimen mediático es que en un régimen al estilo fascista la gente sabía que los periódicos y la radio no comunicaban más que circulares gobernativas, y que no podía escucharse Radio Londres, bajo pena de cárcel. Precisamente por eso, bajo el fascismo la gente desconfiaba de los periódicos y de la radio, escuchaba Radio Londres con el volumen bajo y confiaba sólo en las noticias que le llegaban a través del murmullos, del boca a boca, de la maledicencia. En un régimen mediático donde, pongamos, sólo el diez por ciento de la población tiene acceso a la prensa de oposición y el resto recibe las noticias a través de una televisión bajo control, si por un lado está extendido el convencimiento de que se acepta el disenso (“hay periódicos que hablan contra el Gobierno, prueba de ello es que Berlusconi se queja siempre al respecto, por lo tanto existe libertad”), por otro el efecto de realismo de la noticia televisiva (si recibo la noticia de que un avión se ha precipitado en el mar, es indudablemente cierta, de la misma forma que es verdad que veo las sandalias de los muertos flotar, y no importa si por casualidad son las sandalias de una catástrofe precedente, usadas como material de repertorio), hace que se sepa y se crea sólo aquello que dice la televisión.

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