Víctor García de la Concha: “Se habla un español zarrapastroso”.
En Tafira, donde se encuentra el Campus Universitario en Gran Canaria, hace un frío que pela, pero lo que me tiene todo loco es lo listos y habladores que son los pibes del Máster del Profesorado que empecé este año; haga una humedad del copón o cuando hacía calufo en septiembre, no paran de alegar. Los escucho: “¡este Máster es una mierda!”, “¡chacho, olvídate ya de esa piba, que es una comebolas!”, y me digo: ños, qué espabilada es esta gente, da igual si es sobre el Máster o aspectos de la vida que me comían la cabeza. Aprendes mogollón de todos ellos. Sólo una circunstancia me está amargando la existencia.
Desde que tengo Whatsapp me tienen desquiciado, en particular las pibas, ¿saben?… Estarán pensando ustedes que esto debería ser motivo de alegría. Pero lo que era una relación de colegas se ha ido transformando en algo muy chungo… Comenzó mi angustia una tarde de principios de noviembre. Me llegó un Whatsapp en medio de una clase aburrida, de esas en las que piensas: “sería capaz de subir de rodillas a Teror a rezarle a la Virgen”. El mensaje me preguntaba: “Nunca sueltas prenda, ¿tienes novia o algún rollete por ahí?”. A los pocos minutos, de otro número, me preguntaban si era verdad que me habían visto morreando con una rubia de la especialidad de lengua extranjera.
El fin de semana estuve tranquilo, pero hoy lunes, y mientras entraban los GEOS en el aula, hace dos horas, porque nos habíamos sublevado y habíamos raptado al decano de la FFP -como medida extrema para exigir mejoras en el Máster-, me llega otro Whatsapp preguntándome si estoy liado con una rubia de Tecnología –lo que es sorprendente porque en Tecnología no hay rubias-; otra loca playa, a los veinte minutos, que si tengo chorbiagenda o que si soy más de follamigas, otra que qué opino de 50 sombras de Grey –como soy escritor se creen que me leo cualquier bodrio pseudoerótico-, que si tengo un lado oscuro, que si he hecho esta o aquella fantasía en un lugar público… Este mensaje ya fue la gota de Coca Cola que colmó mi cubata. Chacho loca, cómo que en un lugar público, ¡te crees que me voy a la charcutería del Mercadona a fliparme con las pibas o qué!, deja de fumarte el potaje de berros… ¡Odio que estén golisneando en mi vida!
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