Laura en 4 días
Salíamos del taxi y en ese instante ví a Laura entrando a la terraza. Iba acompañada de sus amigas. No fue una sorpresa volver a verla. Yo quería hacerme el despistado si tenía oportunidad, por supuesto. Mi amigo y yo entramos en la terraza. Quería que ella viniera a mí: nada más verla supe que no había otra forma de que sucediera algo con una mujer tan hermosa, sofisticada y elegante como Laura. Estuve unos instantes hablando con el portero, riéndome exageradamente para hacerme notar. Mi amigo se fue a por una copa bajo la carpa central mientras saludaba a algunos conocidos y le seguí a paso tranquilo. Laura, que charlaba con sus amigas desde un rinconcito con sofás y lámparas de diseño, bebía de su copa en sorbos pequeños. Me miró con cara despectiva y volvió a concentrarse en su fiesta privada. Yo, por el contrario, le sonreí, pero no me acerqué a saludarla. Pasado un buen rato, mientras mi amigo y yo nos pedíamos una segunda ronda de deliciosos mojitos, se acercó junto a dos amigas más; lo suficiente para que la viera pero no para que la tocara. Y supe que era el momento.
-¡Cómo eres! -le dije mirándola como si hubiera cometido una travesura-. ¿Cómo es que no me has saludado?
-No sé a que estás jugando… Estoy con mis amigas, si no te importa. -me respondió-.
-Parece evidente que a seducirte -le dije intentando parecer convincente.
-¿A seducirme? ¡Ja! ¿Qué te piensas?
-Dime, ¿por qué te has acercado en realidad?
-Para pedirnos una copa, para qué iba a ser.





eBook

Últimos Comentarios