La importancia de llamarse Ernesto
Aunque suele emplearse el término para clasificarla como “comedia de salón” o “drama de sociedad”, La importancia de llamarse Ernesto también suele considerarse una farsa.
Uno de los rasgos fundamentales de estas obras es que pretenden servir de espejo a la sociedad, algo que lograron, pues el público le encantó verse retratado sobre el escenario con tanta sutileza y elegancia. Wilde utiliza las historias y recursos más conocidos y habituales dentro del teatro popular de su época, y especialmente del melodrama.
La importancia de llamarse Ernesto es una joya del absurdo, llena de chispeantes epigramas tan característicos de Wilde, y en ella no hay pretensión de abordar asuntos de trascendencia. Su propio subtítulo nos avisa: “Una comedia trivial para gente seria”. Domina en ella el principio del placer, por encima de cualquier otro requisito moral; el mundo que nos retrata Wilde es un mundo donde reina la armonía, la mayor libertad, muy afín a la Utopía que él soñó para el estado del socialismo. Como farsa que es, se sitúa en el terreno de la paradoja, la fantasía, de la contradicción, donde se da rienda suelta al espíritu dionisiaco y desaparece cualquier atisbo de superego.


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