imbéciles

Cobardes e imbéciles

Cobardes.

Me encuentro rodeado de gente cobarde: que os corten a todos la cabeza. A veces el aparato fonador lo afina el diablo y de ahí esos disparos de fogueo que sueltan. Mi máxima es: decir la verdad es de valientes porque para la mentira vale cualquiera. Hablo de la verdad necesaria porque nos pasamos la mitad de la semana mintiendo, e incluso algunos mienten cuando sueñan. A mí me mienten hasta mis sueños. Es desesperante estar todo el día disfrazado de lo que yo pensaba que era una persona normal. Y no digo nada cuando el afinador arpegia mis cuerdas vocales ahumadas con su colonia de azufre. Decir la verdad no es un valor postmoderno: vivimos una época clasista. Inventa una excusa para no ir, inventa una excusa para decir que no, inventa una excusa para no pagar tus errores, el diablo sentado sobre tu faringe.

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Los pitagóricos y las masas de imbéciles

jimcarreyLos pitagóricos eran una organización griega de astrónomos, músicos, matemáticos y filósofos, que creían que todas las cosas son, en esencia, números. ¿Nos hicieron un favor explicando el mundo en números?

El mundo vive absorto en los recuentos. En las profesiones, se mide la importancia por el número de títulos y másters del currículum profesional. Quien más tiene, se aduce casi como refranero popular, más sabe.

En las artes, el recuento no es ajeno. El músico que vende más millones de discos, que mantiene una audiencia fiel, es mejor artista que otro minoritario y de seguidores bohemios y descarriados; el escritor que saca a la venta una edición de un millón de ejemplares lo convierte en alguien más que excelso: necesario.

Las mejores playeras son las más caras; el número, de nuevo, es más alto. La tortilla más sabrosa es la que tiene más huevos; el helado más rico es el que tiene más bolas.

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