La importancia de llamarse Ernesto

La importancia de llamarse Ernesto

Aunque suele emplearse el término para clasificarla como “comedia de salón” o “drama de sociedad”, La importancia de llamarse Ernesto también suele considerarse una farsa.

Uno de los rasgos fundamentales de estas obras es que pretenden servir de espejo a la sociedad, algo que lograron, pues el público le encantó verse retratado sobre el escenario con tanta sutileza y elegancia. Wilde utiliza las historias y recursos más conocidos y habituales dentro del teatro popular de su época, y especialmente del melodrama.

La importancia de llamarse Ernesto es una joya del absurdo, llena de chispeantes epigramas tan característicos de Wilde, y en ella no hay pretensión de abordar asuntos de trascendencia. Su propio subtítulo nos avisa: “Una comedia trivial para gente seria”. Domina en ella el principio del placer, por encima de cualquier otro requisito moral; el mundo que nos retrata Wilde es un mundo donde reina la armonía, la mayor libertad, muy afín a la Utopía que él soñó para el estado del socialismo. Como farsa que es, se sitúa en el terreno de la paradoja, la fantasía, de la contradicción, donde se da rienda suelta al espíritu dionisiaco y desaparece cualquier atisbo de superego.

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De Profundis

Es trágico que tan pocas personas “posean su alma” antes de morir. “Nada hay más infrecuente en todo hombre – dice Emerson – , que un acto que sea propiamente suyo.” Es totalmente cierto. La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro, su vida un remedo, sus pasiones una cita.
Oscar Wilde, De Profundis.

He releído De Profundis (Siruela, 2003), de Oscar Wilde, y me confirmó que es aún mejor de lo que mi mente recordaba. Es de esos textos inmortales, capaces de introducirnos en la mente de su creador y mostrarnos una cosmovisión propia. Wilde no se reserva nada y da toda su sensibilidad, inteligencia y talento para un texto de una categoría superior: delicatessen.

Una de las primeras cosas que me llamaron la atención, y que no recordaba, fue el “Querido Bosie” del comienzo de la carta. Es una intención que va más allá de una formalidad: pide un intento de comprensión, a mi juicio para entrecomillar el resto de la carta. Sí, resulta obvio que De profundis es un gran reproche (y más cosas, como todo texto genial), pero creo que desde el dolor y la concepción del mismo Wilde (que lo interioriza; ni en La importancia de llamarse Ernesto o El retrato de Dorian Gray vemos ese canto del alma malherida, y eso que fueron dos de sus mayores logros) logra algo muy bello. Según vas leyendo, ese “querido” se diluye en una retahíla de quejas, reproches, acusaciones, y un análisis pormenorizado de la angustia que sintió Wilde por la funesta compañía de su “amigo” del alma.

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