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Cropolectura

Es un duelo a muerte entre tu esfínter y el inodoro. Cuando sientas las posaderas sobre él está a temperatura ambiente, de forma que durante el invierno te aspira como un bizcocho en un café. ¿Por qué crees que me puede interesar esa información?

Lo que no le has explicado a nadie, y que te daría más rubor que reconocer tu suscripción a la web de zoofilia, es la costumbre que tienes de ir al baño con un libro en la mano. No como hace todo el mundo, con una revista del corazón o una tableta de esas modernas donde leer las últimas noticias. No es lugar para el Angry Birds. No, me dijiste, mejor un cuento breve de Monterroso o de Boris Vian.

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Libros sin acabar y libros que no leí (y no confesé)


No hablo de los bibliófilos -que más que leerlos, entiendo, los coleccionan, aunque imagino que será un deleite hojear o releer alguno de los estupendos ejemplares de sus colecciones-: me refiero al común de los mortales que, como deporte, le apasiona la lectura.

Estos lectores pueden desglosarse, a su vez, en dos clases: amateurs y profesionales. Los amateurs leen de vez en cuando, y para ellos no se trata de una selección minuciosa sino de un placer que ejercitan cuando pueden. Los amateurs, si está de moda Murakami, se tiran al cuello con un nuevo ejemplar; pero si Dan Brown publica una nueva novela, no les hacen ascos y también se la leen. Los profesionales son aquellos que investigan qué autor o qué temáticas le atraen; tienen sentido de la vastedad de la literatura universal y, definidos los gustos, van eligiendo éste o aquél para zambullirse en un placer que va más allá de lo estético.

Es frecuente que tanto amateurs como profesionales vayan adquiriendo una biblioteca propia. Los profesionales con más cuidado: un libro tiene un valor que va más allá de la relevancia cualitativa que éste posea. Van apareciendo: El extranjero, de Camus; algunos ejemplares de En busca del tiempo perdido, de Proust; compran de Asimov o de Dashiell Hammett, y se lanzan a por Tanizaki, Norman Mailer y la pléyade del boom hispanoamericano, precedentes incluídos -como Carpentier o Faulkner-.

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Las portadas de bitácoras son reflejo del voto sin leer

La portada de hoy de Bitacoras.com me sirve de ejemplo para demostrar que la gente no lee el contenido ANTES de votarlo. Y es un reflejo de la calidad de la demanda. He tenido unos cuantos en la portada -para mi sorpresa, pero eran todos artículos de opinión o textos literarios, si no recuerdo mal. Dicho esto: si estás en Bitacoras.com, ¿porqué me votas si no me lees?

Me interesa, en todo caso, gente que quiera entrar conmigo en un debate de ideas, si expreso una opinión y le interesa; si es un texto literario, si le llegó, le gustó, etc.

Ahora, esto de votar por votar sin leerme, NO.

Por favor, si no me lees,  NO ME VOTES. Si a mí me da igual tener 90 votos que 7.

Un ejemplo. Hoy en Bitácoras, lo que la masa social vota en portada, y mi opinión -como siempre, metiendo el dedo en el ojo, si es que soy un escéptico epicúreo y un provocador, y perdiendo lectores, I know, me da igual.

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