Una mujer se recogió el pelo
Una mujer se recogió apretado el largo pelo negro
y violineó música de susurros en esas cuerdas
y murciélagos con caras de niñitos en la luz violeta
silbaron, y agitaron las alas
y reptaron cabeza abajo por una pared ennegrecida abajo
y patas arriba en el aire había torres
repicando campanas reminiscentes, que daban las horas
y voces que cantaban desde cisternas vacías y pozos agotados.
La tierra baldía, V, “Lo que dijo el trueno”, T.S. Eliot.
La vida roja
Esta mano viviente, ahora cálida y capaz
de dar un apretón honrado, si estuviera fría
y en el silencio helado de la tumba,
tanto rondaría tus días y refrescaría tus noches de sueño
que tú desearías que tu propio corazón se secara de sangre
para que la vida roja corriera de nuevo por mis venas
y tu conciencia volviera a estar tranquila -mira, aquí está-.
This living hand, John Keats.
La belleza del cuerpo
Cuéntase de la primera mujer de Adán, Lilith,
(la bruja a quien amó antes de recibir el regalo de Eva)
que sabía su lengua engañar antes que la de la serpiente
y su pelo embrujado fue el oro primigenio.
Inmóvil permanece; joven, mientras se hace viejo el mundo;
y, sutilmente contemplativa de sí misma,
hace que miren los hombres la red brillante que va tejiendo,
hasta que su corazón y cuerpo y vida en ella quedan presos.
La rosa y la ampola son sus flores, pues ¿dónde
podremos encontrar, oh Lilith, aquel a quien no engañen
tus perfumes, tus suavísimos besos y tus sueños tan dulces?
Ah, en el mismo momento en que ardieron los ojos del joven en los tuyos,
tu embrujo lo penetró, dobló su erguido cuello
y estranguló su corazón con uno solo de tus cabellos de oro.
Dante Gabriel Rossetti.





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