Hay una habitación blanca y amplia –tanto que parece un loft- en la planta 32. La habitación está casi desnuda; tan sólo un cuadro de Chagall, La Virgen de la aldea, y una mujer de edad madura que acaba de entrar. Lleva jersey y minifalda –hasta la rodilla- blancos. Zapatos negros de charol. El cabello [...]







De curas pedófilos a homosexuales efebófilos
El humanismo y Belén Esteban










