reseña

La doctora Woolf y Miss Dalloway

Con La señora Dalloway, Virginia Woolf nos introduce en la mente de los personajes para deleitarnos con una de sus mejores novelas (aseguran que las otras dos son las posteriores Al faro y Las Olas, pero yo me niego a omitir Orlando).

Woolf creó un lenguaje capaz de describir, de forma veraz, la subjetividad humana. Encontramos, en la novela, un equilibrio, que es ajeno al experimento formal de la autora. Asistimos, pues,

al delicado e incierto tramado de ocurrencias que protagonizan un puñado de seres humanos en una cálida jornada de verano, por las calles, parques y viviendas del centro de Londres. La vida está siempre allí, en cada línea, en cada sílaba del libro, desbordante de gracia y de finura, prodigiosa e inconmensurable, rica y diversa en todos sus instantes y posturas. «Beauty was everywhere», piensa, de pronto, la extraiada cabeza de Septimus Warren Smith, a quien el miedo y el dolor llevarán a matarse. Y es verdad; en La señora Dalloway el mundo real ha sido rehecho y perfeccionado de tal manera por el genio deicida del creador que todo en él es bello, incluido lo que en la deleznable realidad objetiva tenemos por sucio y por feo.

(Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras, Alfaguara, 2002)

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¿Es útil la literatura?

En La Literatura como lujo, George Bataille plantea la cuestión de la gratuidad de la literatura o, en palabras de Jordi Llovet, de la “idea de la Literatura como gasto improductivo, en contraste con lo que se entiende por producción de bienes materiales en una sociedad moderna”. La reflexión de Bataille sobre la creación literaria gira en torno a tres conceptos claves: “fiesta”, “soberanía” y “sacrificio”. Y en esta obra, publica un artículo llamado ¿Es útil la literatura?, que comienza así:

No hay nada más corriente en la actualidad que la poesía política. Se desarrolla en la clandestinidad, a la cual se propone sobrevivir.

Sobre ello quisiera enunciar un primer principio.

Todo aquello que es humanamente posible se debe intentar, merece la pena hacerlo y se puede lograr con éxito.

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Thomas Pynchon o El arco iris de gravedad

Portada de El arco iris de gravedad (Gravity’s Rainbow) en la edición de Penguin Classics.

Después de La subasta del lote 49 y V., Thomas Pynchon, el escritor alejado de los mass-media, receloso de la privacidad como lo son Salinger o McCarthy, publica El arco iris de gravedad (Tusquets, 2002), una maravillosa ingeniería novelesca donde descolla todo el talento y su carácter renovador de la literatura estadounidense.

La acción se sitúa en el año 1944, en un Londres que vive angustiado por los ataques alemanes. Su protagonista es Tyrone Slothrop, un militar norteamericano que trabaja para la inteligencia aliada y que sufre un problema grotesco, por llamarlo de alguna manera: cada vez que cae una de las famosas bombas V-2 alemanas, tiene una erección. Ciertos experimentos pavlovianos a los que fue sometido de niño por un loco científico alemán que ahora trabaja para los nazis tienen algo que ver…

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George Orwell: 1984

bigbrotherDespués de la lectura de 1984 (Destino, 2003), una novela de política-ficción, ya nada parece lo mismo. La imaginación, el desarrollo de la trama, los personajes principales, conforman un todo expansivo que desemboca en un análisis de la realidad actual, del mundo en que vivimos. No pocos aspectos de la novela podemos encontrar desarrollados hoy, aunque no sea con la acritud y la alienación o sometimiento con que nos los narra Orwell ; nadie diría que fue editada en ¡1949!.

En la novela se narra, guardando cierto paralelismo, en los capítulos finales, con el proceso de readaptación de Alex en La naranja mecánica, el intento de escapar al sistema opresivo del Gran Hermano (que en la novela podría bien ser un símbolo de la propaganda y no un ser vivo, aunque Orwell no lo aclara, y en cierta medida no es necesario hacerlo), que lo es todo, el líder, el dios, el juez supremo, de Winston Smith. En su intento de comprender lo que sucede a su alrededor, Winston conoce a Julia, otra persona que, al contrario que Winston, no desea huir del sistema, sino adaptar sus necesidades al mismo, buscando sus lugares de desahogo mientras aparenta una vida conforme y plena en el sistema totalitario.

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