Rocinante

Don Juan Tenorio, disfrazado de Don Quijote

Añoso ya y tonto de capirote,
aburrido de tan largo jolgorio,
una tarde pensó Don Juan Tenorio
divertirse en hacer de Don Quijote.

Después de siesta se rascó el cogote,
se ajustó más ceñido el suspensorio,
mandó a Ciutti copiar el relatorio
y puso al manso Rocinante al trote.

Mas al sentir la no ligera carga
el pobre bruto, enjuto de sudores,
tropezó luego, se tendió a la larga,

renunció a la victoria y sus honores
y tuvo allí Don Juan, mozo de adarga,
que aligerarse haciendo aguas mayores.

De Fuerteventura a París, Unamuno.

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