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Ese no es mi nombre

Ese no es mi nombre

¡Aish! Milo Manara...

Uno. Ulises.

Las manifestaciones en contra de un régimen son también una forma de negación: rediseñan nuestra identidad porque limitar nuestras libertades conforma una nueva realidad ajena. “Ese no soy yo” equivale a decir “dices mi nombre y crees conocerme, pero ese no soy yo”, “yo soy yo”.

Ulises, cuando es interrogado por el Cíclope, evita darle su nombre. Esto es porque para los griegos dar el nombre era como dar (en el sentido de entregar) tu propia identidad y, además, significaba exponerlo a lo que viniera. Así que está presto y le dice que se llama “Nadie” (en algunas traducciones, “Ninguno”). Ulises está a salvo (su verdadero nombre no ha sido expuesto, no lo conocen su enemigo ni el destino), pero solo de momento. Cuando deja a Polifemo tuerto, ya alejándose victorioso en su barco, le vocifera que en realidad el que le hizo tal daño y burla fue Ulises, lo que será un error fatal: ahora el Cíclope le dirá su nombre a Poseidón, su padre, que sí actuará contra él.

Moraleja: nunca le digas tu verdadero nombre a un Cíclope ni aún habiéndole burlado.

Dos. Interrogatorio.

Cuando detienen a un automovilista en una carretera piden su DNI: necesitan saber su nombre. Es una obligación identificarse. Sin embargo, es muy común que tanto en la vida administrativa como en la red abunden quienes se nieguen a dar sus datos personales. ¿Mi nombre y apellido? Qué va: ese no es mi nombre, lo puse porque lo pedía el registro.

Moraleja: esos mensajes cariñosos de Loly, la chica guapa de Huelva de tu red social, en realidad son de una estudiante de Erasmus chipriota que se parece a Tinar Turner con ictericia.

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