Feb 05 2010

Capítulo XXI. Amigos y maratones.

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Un amigo mío se enteró que estábamos en el sanatorio y vino a ver si se encontraba algún conocido, y efectivamente, allí nos vimos. También en Caravacas nos encontramos.

Era un íntimo amigo de la quinta del treinta y seis -yo del cuarenta-. Me contó que estuvo operando por el norte, en las brigadas de Navarra, con un hermano mío. Por desgracia, mi hermano fue hecho prisionero en Teruel. Gracias a este amigo me enteré con todo detalle de lo que acontecía en Madrid, ya que en ese momento se econtraba en las trincheras, en primera línea de batalla.

Nos fuimos a una cantina y pasamos la tarde fumando cigarrillos Canarios, ya que acababa de recibir un paquete de una madrina. Nos despedimos con emoción deseándonos encontrarnos muy pronto. Lo cierto es que esa noche no dormí muy tranquilo con las nuevas informaciones que tenía.

El día siguiente amaneció un sol reluciente. Salimos a unas trincheras, al exterior, a contemplar Madrid. Podíamos ver bien las calles destrozadas, y oíamos con claridad el tiroteo que había dentro. Las bombas de mano también explotaban constantemente. En las trincheras, sin embargo, había un silencio profundo durante el día, y por la noche se escuchaba algún tiro aislado.

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Feb 03 2010

Capítulo XX. Muere como un perro.

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En el frente también me puse enfermo; tanto, que pensé que no lo contaba. Padecí las fiebres palúdicas, y no fue desde luego muy agradable.

Antes de llegar la noche me empezaba la fiebre con mucho frío y mucho temblor en el cuerpo. La cama era a suelo abierto, pues mi compañero de habitación (que siempre nos quedábamos juntos) buscaba hierba seca y la extendía en el suelo haciendo de colchón. Luego ponía la manta encima.

Yo me acostaba, me ponía la manta de él y encima me volvía a poner hierba seca para así tener más abrigo. Él se acostaba entonces a mi lado, de tal forma que si yo comenzaba a sudar, él también. Yo le decía que se retirara un poco que las fiebres palúdicas decían que se contagiaban, pero él no hacía caso y seguía durmiendo conmigo. Las fiebres nunca se le pegaron.

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Ene 27 2010

Capítulo XIX. Pinto. ¿A Madrid?

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Imagen: El imperio de trapisonda.

Pinto era un pueblo hermoso, que era importante en tiempos de paz pues desde allí había doble vía hacia Madrid. Como en tantos otros, sus habitantes se habían marchado por culpa de la guerra.

Nuestra vida cambió por completo. El servicio era muy pesado: cada tres noches que dormíamos en el pueblo, pasábamos una al aire libre, a unos cuatro kilómetros de donde nos alojábamos. A menos distancia se encontraba el Cerro de los Ángeles, del que tanto se habló cuando nuestras tropas lo tomaron.

En aquel lugar se habían hecho unas trincheras por precaución y en ellas pasábamos las frías noches de Febrero. No había chabolas donde refugiarse y pasábamos las horas libres al pie de la lumbre… si no llovía. Entonces, ¡qué amargas noches, en las que llegábamos al pueblo con la ropa mojada! Sólo nos quedaba esperar a que el fuego, de nuevo, las secara.

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Dic 21 2009

Intermezzo 3. Rancho.

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Rancho a brigadistas presos. Imagen: todoslosrostros.blogspot.com.

-Abuelo, el rancho cómo era.

-Carne y garbanzos, la mayoría de las veces frío.

-¿Caldoso?

-No, espesito.

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Dic 12 2009

Capítulo XVIII. Los regalos de Reyes.

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1936-navidad-bombardeo-aereo-contra-la-poblacion-civil-madridNavidad 1936. Imagen: Leyendas de la guerra civil.

Nos dan ropa nueva para el desfile. Por la mañana llega el convoy que, a las nueve, nos lleva a Toledo. Formamos y seguidamente vamos a misa en la catedral, en la que el obispo bendijo la bandera para entregarla a continuación a nuestro batallón.

Salimos de la catedral para desfilar por las calles, que estaban llenas de gente aplaudiéndonos, lanzado vivas al batallón, y nosotros, claro, muy orgullosos de pertenecer a Voluntarios de Toledo.

Terminado el desfile almorzamos. El rancho fue extraordinario, y hasta habían adornado las mesas con flores. Por la tarde hubo función teatral, que gustó a todos, cantándose al final de la misma el himno del batallón.

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Dic 02 2009

Capítulo XVII. Preparando el desfile.

Categoría: GeneralJulio |

caballeradelpoum5xpDesfile caballería. Imagen: Elgrancapitan.org

Salimos de allí caminando muchos kilómetros, pasando por Seseña, hasta llegar a otro pueblo llamado Borox. Era la una de la madrugada y nos dijeron de meternos en la iglesia, que había sido saqueada por los rojos. Acabamos allí la noche, muy contentos de haber casi terminado con aquella pesadilla de batalla.

Comenzaron los comentarios al ver que faltaban muchos de nuestros compañeros.

-Te fijastes -dijo uno- cómo hirieron a fulano.

-Sí, yo lo vi por tal sitio y veía que corría peligro.

-Pobrecillo, quizás muera a consecuencia de las heridas.

-¿Es verdad que murió fulano? Buen muchacho era ése.

Y así estuvimos hablando hasta que nos venció el sueño.

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Nov 30 2009

Intermezzo 2. Espías.

Categoría: Recetas para el hombre modernoJulio |

spy-who-came-in-from-the-cold-lp-front
Cartel de la película El espía que volvió del frío, 
basada en la novela homónima de John Le Carré.
Imagen: Vintagescore.

Recordando este incidente del Capítulo XVI:

Al aclarar el día vemos un cadáver a dos metros de las trincheras. El cabo me ordenó a mí y a otro que cogiéramos al muerto y que lo arrastrásemos a la trinchera para luego ser evacuado a retaguardia.

Lo registramos y mi compañero cogió las alpargatas que tenía en el morral, que eran nuevas. Yo le cogí billetes de veinticinco pesetas y de cincuenta, que eran iguales a los nuestros, pero que carecían de valor porque no estaban estampillados -creo que aún los tengo como recuerdo-.

Y pregunté qué había pasado con ese dinero.

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Nov 25 2009

Capítulo XVI. La sed de los muertos.

Categoría: GeneralJulio |

Brigadas
La noche era triste. Y con ella empiezan los contraataques del enemigo, que le resultaron infructuosos.

Permanecimos allí tapados con la manta; parecíamos mendigos. Podíamos ver, a pesar de la noche, el trasiego de del enemigo recogiendo a sus heridos y muertos. Veíamos el convoy con sus refuerzos. Mañana, decíamos, será su gran ataque. Durante toda la noche se oyó al enemigo construyendo sus trincheras para su defensa.

El amanecer fue gélido. El frío nos dejó el rostro helado. ¡Cómo echábamos de menos un café caliente! Pero a cambio, esa noche nos habían dado rancho frío de cena y la munición, así que de desayuno teníamos una tableta de chocolate que no tendría ni cien gramos.

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Nov 24 2009

Capítulo XV. Contraataque. Vísceras. Sardinas.

Categoría: GeneralJulio |

guerra-civilTrincheras en la Guerra Civil Española. Imagen: ociolatino.com

Oscurecía.

Aumentaba el silencio, roto por algún disparo esporádico de fusil. Nuestro trabajo consistía en vigilar. Aguardábamos el contraataque del enemigo, y la oscuridad de la noche les era una buena oportunidad.

Llegaron las diez cuando empieza un fuerte tiroteo seguido de bombas de mano. El enemigo quería aproximarse a las trincheras. Cruzaban el campo unas grandes bengalas que iluminaban todo el terreno para ver si los rojillos se acercaban. A la media hora cesó todo. Empieza a llover: no tengo más que una vieja manta, y quedo al amparo del cielo.

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Nov 23 2009

Capítulo XIV. Sorteando balas.

Categoría: GeneralJulio |

fosaenbadajozec7Fosa en Badajoz. Imagen en Google.

Junto a las ametralladoras se oyen las explosiones de las bombas de mano. Y estas explosiones sólo podían significar una cosa, nos decíamos aguardando en el valle: están asaltando las trincheras. El temido combate cuerpo a cuerpo.

Los rojos resistieron hasta con el último hombre, y tras una batalla encarnizada conseguimos vencerlos. Al poco de cesar el fuego comenzaron a desfilar los camilleros con los heridos. En su mayoría eran moros, junto a sargentos y alférez. Nosotros estábamos preparados para salir cuando nos dieran la señal.

En aquellos instantes previos no sentía nada en el más puro sentido de la palabra. A las cuatro llega el enlace con la orden de que íbamos a salir. Y vamos en formación a las primeras trincheras que nuestro ejército tenía cerca de allí. Al llegar, nos habla un brigada:

-Muchachos, a ver si os portáis como buenos soldados.

Empezamos a caminar por la trinchera. Como yo pertenecía a la Primera Escuadra, Primera Compañía del Batallón, tenía que entrar el primero en el jaleo. Delante mío sólo iban el jefe de la compañía, el brigada que nos había hablado antes y que era jefe de sección, y el cabo de mi escuadra.

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