Nov 23 2009

Capítulo XIV. Sorteando balas.

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fosaenbadajozec7Fosa en Badajoz. Imagen en Google.

Junto a las ametralladoras se oyen las explosiones de las bombas de mano. Y estas explosiones sólo podían significar una cosa, nos decíamos aguardando en el valle: están asaltando las trincheras. El temido combate cuerpo a cuerpo.

Los rojos resistieron hasta con el último hombre, y tras una batalla encarnizada conseguimos vencerlos. Al poco de cesar el fuego comenzaron a desfilar los camilleros con los heridos. En su mayoría eran moros, junto a sargentos y alférez. Nosotros estábamos preparados para salir cuando nos dieran la señal.

En aquellos instantes previos no sentía nada en el más puro sentido de la palabra. A las cuatro llega el enlace con la orden de que íbamos a salir. Y vamos en formación a las primeras trincheras que nuestro ejército tenía cerca de allí. Al llegar, nos habla un brigada:

-Muchachos, a ver si os portáis como buenos soldados.

Empezamos a caminar por la trinchera. Como yo pertenecía a la Primera Escuadra, Primera Compañía del Batallón, tenía que entrar el primero en el jaleo. Delante mío sólo iban el jefe de la compañía, el brigada que nos había hablado antes y que era jefe de sección, y el cabo de mi escuadra.

Detras de mí iban seis más.

Avanzaba bastante molesto por el peso que llevaba encima. Tenía cuatro bombas de mano, los dos morrales que iban llenos de ropa y comida, que aunque eran pequeños molestaban, y además la manta y el fusil con las cartucheras lleinas de peines con balas.

Así que el paso por las trincheras lo hice con bastante dificultad, ya que aparte de su estrechez tenían que pasar los camilleros con los heridos. Después de pasar por aquellas trincheras recién conquistadas llegamos a un pequeño olivar.

Aquel terreno no era de nadie. Había que pasarlo a toda carrera para que el enemigo no pudiera hacer puntería con nosotros. Tres veces me tiré al suelo para pasarlo, y la cuarta ya me encontraba en las trincheras que hasta hacía unos momentos eran de los rojillos.

En el trayecto vi pasar infinidad de cadáveres, que como dije anteriormente en su mayor parte eran moros.

Junto a una tapia iban poniendo a los prisioneros. Cerca de ella me tiré al suelo y veo llegar a varios, y uno de ellos herido y con las manos levantadas como pidiendo perdón.

Doy otro salto -y pensé que no lo lograría- con las balas cruzando por todas partes. Caían alrededor de mi cuerpo, en mis pies. Fue un milagro salir ileso de una situación que creía imposible, mientras veía las balas atravesando los cuerpos de otros compañeros.

Me puse contento al llegar a las trincheras, pues lo más peligroso había pasado ya. Una vez allí veo a los moros delante, en tierra, haciendo huír al enemigo, que se batía en retirada por fin.

Eran las seis y la noche iba cayendo. Mandaron a los moros que se retiraran a las trincheras, en la que preparábamos los parapetos para la defensa de la noche.

Me saqué el carnet de conducir ya con cincuenta y tantos años, porque uno de mis hijos no podía llevarme a buscar mercancía para la tienda. Tras aprobar el teórico, y como me urgía, uno que conocía mi urgencia en la autoescuela me pregunta cuándo me voy a examinar. Le dije que no me habían dado día. Entonces me respondió que no me preocupara, que fuera al lugar de exámenes tal día a tal hora y que dijera que iba de su parte. Llego el día que acordamos y me dice el señor que me examinaba:

-¿Es usted mengano?

-Sí, vengo de parte de tal que me dijo que me presentara aquí.

-Muy bien. Suba al coche.

Me hizo dar una vuelta por allí. Cuando le pareció bien, me llevó a una acera marcada con dos conos.

-Aparque aquí.

Aparqué el coche.

-Muy bien. Ya puede salir.

Pocos días después me dijeron que había aprobado.

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2 Responses to “Capítulo XIV. Sorteando balas.”

  1. JChef

    Estoy asombrado, fantástico trabajo el que estás realizando. Enhorabuena.

    Un abrazo.
    Último artículo del blog de JChef… La filologa que acabó dominando el lenguaje html. My ComLuv Profile

    • Julio

      @JChef: Pues con esas palabras de ánimo y tan cariñosas, ¡cómo no seguir! Muchas gracias, me siento muy feliz de que alguien valore estas memorias. ¡Un abrazo compartido con mi abuelo! :grin:

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