Nov 24 2009

Capítulo XV. Contraataque. Vísceras. Sardinas.

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guerra-civilTrincheras en la Guerra Civil Española. Imagen: ociolatino.com

Oscurecía.

Aumentaba el silencio, roto por algún disparo esporádico de fusil. Nuestro trabajo consistía en vigilar. Aguardábamos el contraataque del enemigo, y la oscuridad de la noche les era una buena oportunidad.

Llegaron las diez cuando empieza un fuerte tiroteo seguido de bombas de mano. El enemigo quería aproximarse a las trincheras. Cruzaban el campo unas grandes bengalas que iluminaban todo el terreno para ver si los rojillos se acercaban. A la media hora cesó todo. Empieza a llover: no tengo más que una vieja manta, y quedo al amparo del cielo.

La lluvia era constante y el terreno se volvía arcilloso. La tierra húmeda se pegaba a todas partes, la ropa, la manta, y nuestro estado era bastante lamentable.

A las once empieza otro ataque. El barro había llenado los fusiles y era imposible apuntar con precisión, y había que estar constantemente limpiándolo. La situación se volvió crítica; había que coger las bombas de mano y lanzarlas de vez en cuando. Una de los rojos reventó tan cerca de los parapetos que me llenó la cara y los ojos de tierra.

Había que rezar algo para ver si salía con vida de aquella noche, pues entre el sueño -llevaba tres noches sin dormir-, el agua torrencial, el frío y el tiroteo me sentía desfallecer en aquellos momentos.

También había que salir al polvorín en busca de munición, pasando por encima de los cadáveres de los rojos y algunos de los nuestros. Muchas veces, al ir al polvorín o desplazarte en la trinchera, pisaba vísceras de los muertos, que debido a la metralla estaban esparcidos por allí, y se te erizaban los pelos.

El día aclara. Y después de la noche más larga nos damos perfecta cuenta de dónde nos encontrábamos. Era peligroso de defender: el enemigo no tenía tan difícil recuperar el terreno, y podríamos haber caído prisioneros en el mejor de los casos. Sin embargo, la tranquilidad del cuerpo en que estaba me ayudó a serenarme. El Batallón de Voluntarios de Toledo era conocido por su arrojo en el combate y sus victorias antes las unidades marxistas.

Lo mejor del día es que salió el sol, que nos hacía buena falta para secar las mantas y nuestras ropas. Ese día no bebimos agua: tan sólo latas de sardina, pan de hacía ya varios días, una pequeña lata de carne y chocolate. Aquella noche volverían los contraataques.

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Capítulo XV. Contraataque. Vísceras. Sardinas.

2 Responses to “Capítulo XV. Contraataque. Vísceras. Sardinas.”

  1. yomisma77

    No me extraña que tu abuelo aún recuerde con tanta nitidez los horribles momentos que vivió en la guerra :(

    No creo que nadie pudiese olvidar algo asi :(

    Dale un gran beso de mi parte :) porque recordar esos momentos no le debió resultar nada fácil.

    pd: otro beso muy grande para ti :) Último artículo del blog de yomisma77… 365 días para no olvidar… My ComLuv Profile

    • Julio

      @Yomisma: Muchas gracias por tus comentarios, en cuanto tenga un hueco se lo comento. Tienes razón en ambos comentarios. Por cierto, este es mi primer break de la noche, y no sé si es la oscuridad de la noche pero tengo algo importante que hacer mañana y lo veo negro… Vamos a ver qué pasa. Horas quedan. Besos. :grin:

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