Nov 25 2009

Capítulo XVI. La sed de los muertos.

Categoría: GeneralJulio @ 1:43

Brigadas
La noche era triste. Y con ella empiezan los contraataques del enemigo, que le resultaron infructuosos.

Permanecimos allí tapados con la manta; parecíamos mendigos. Podíamos ver, a pesar de la noche, el trasiego de del enemigo recogiendo a sus heridos y muertos. Veíamos el convoy con sus refuerzos. Mañana, decíamos, será su gran ataque. Durante toda la noche se oyó al enemigo construyendo sus trincheras para su defensa.

El amanecer fue gélido. El frío nos dejó el rostro helado. ¡Cómo echábamos de menos un café caliente! Pero a cambio, esa noche nos habían dado rancho frío de cena y la munición, así que de desayuno teníamos una tableta de chocolate que no tendría ni cien gramos.

Ese día había que trabajar duro. Había que enviar una avanzadilla para observar mejor los movimientos del enemigo. Era el segundo día que amanecíamos en las trincheras y teníamos una sed horrible y se hacía insoportable con el trabajo, las sardinas y el pan que comíamos.

Trabajé por la mañana y luego me acosté, vencido por el sueño. Llevaba cuatro noches sin dormir. Apenas había conciliado el sueño cuando me despierta nuestra artillería tirando sobre el enemigo. Les hacemos muchas bajas y los vemos retirarse en una carrera desordenada. Pensamos que ahora nos tocaría avanzar, pero nos retuvieron.

Aguardamos a la intemperie de las noche, que fue una tónica durante el tiempo que duró la resistencia en las trincheras. Aquella tarde los rojillos hicieron unos siete ataques más.

El tercer día, para no variar, seguíamo sin beber agua. Nos resultaba imposible tragar el pan y las sardinas pues se nos secaba la boca, y esto hacía que nos fuera casi imposible trabajar.

Ese día pasaron tres aviones de los rojos que tiraron bombas sobre el puesto de mando, pero por fortuna cayeron a gran distancia de allí y nuestras baterías anitaéreas los hicieron dar media vuelta.

Pasamos de nuevo la noche. El frío aumentaba y las manos se nos helaron tanto que apenas podíamos coger el fusil.

El cuarto día nos dieron una onza aproximada de chocolate para desayunar, pero ya no podíamos comer nada con la sed tan grande que teníamos. Más de una vez nos hubiéramos expuesto al fuego enemigo para atravesar el paso que llevaba al agua, pero el comandante no nos lo permitía. Aquella mañana tuve que acercar los labios a la cantimplora, que había dejado la noche al sereno, y con pequeñas gotas de agua parecía que me aliviaba algo.

Pasa el día. A las diez de la noche traen una cuba de agua. Teníamos que repartirla entre los ciento sesenta hombres que estábamos en las trincheras. La reparten dando un plato, sin colmar, para una escuadra -siete hombres-, y sólo podíamos mojar los labios, pero nos sirvió para poder comer algo.

Serían las cuatro cuando el enemigo volvió a las andadas. Se acercaron a las trincheras. Yo estaba preparando una bomba y ya tenía la cinta casi quitada para arrojarla a tres o cuatro metros de distancia. Tuvieron que retirarse, rechazados por nuestras defensas.

Al aclarar el día vemos un cadáver a dos metros de las trincheras. El cabo me ordenó a mí y a otro que cogiéramos al muerto y que lo arrastrásemos a la trinchera para luego ser evacuado a retaguardia.

Lo registramos y mi compañero cogió las alpargatas que tenía en el morral, que eran nuevas. Yo le cogí billetes de veinticinco pesetas y de cincuenta, que eran iguales a los nuestros, pero que carecían de valor porque no estaban estampillados -creo que aún los tengo como recuerdo-.

También tenía cartas que iba a mandar a su familia, en las que decía que la victoria estaba próxima. Tenía razón, si es que contaba las retiradas continuas de su ejército como victorias.

En ese punto en que nos encontrábamos había una fuente de agua a unos quince o veinte metros, pero era vigilada por el enemigo y el que fuera a por ella era muerto o herido. El comandante puso un centinela con la misión de pegarle un tiro a quien intentara ir a por agua. Consideraba que así habría menos bajas, pues debido a la fuerte sed que estábamos pasando el que iba a por agua y moría pensaba que mala suerte, pero si era herido era suerte: así estaría un par de meses en el hospital y luego uno de convaleciente en casa, lo que suponía tres meses lejos del frente.

Por la tarde sale uno de mi escuadra y volvería con las cantimploras llenas. Desde aquel día no pasamos falta de agua.

A la quinta noche, ¡oh, qué alegría!, nos dan un plato de judías para cenar… ¡caliente! Parecía que esa comida nos hacía olvidar las penas, o al menos las hacía menos.

De esta forma estuvimos ocho días. Los últimos nos dieron capotes -abrigos-. La mayoría tenían más agujeros que una sardinera, pero valía más la pena aquello que nada.

A los ocho días llegó el relevo, sobre las nueve. Era un batallón de nuestra división. Llevábamos todo ese tiempo sin lavarnos, llenos de tierra y suciedad. También nos traíamos grandes recuerdos del sector, llamado La Cuesta de la Reina, así como un gran número de prisioneros, en su mayor parte guardias de asalto y carabineros y gran cantidad de armamento. También un enorme número de muertos del enemigo, entre ellos muchos jefes.

Y mientras que los rojos cantaban la Internacional para darse ánimos entre sí, nosotros volvimos orgullosos de nuestra victoria, cantando el himno de Falange, el Legionario y el de infantería.

Imagen: Faculty Staff.

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2 Respuestas a “Capítulo XVI. La sed de los muertos.”

  1. yomisma77 dice:

    Ir a por agua y jugarse la vida en el intento, y que un capitán ordene disparar a sus propios soldados para impedirlo me parece asombroso. :o

    Creo que tu abuelo al igual que muchos de sus compañeros, no eran conscientes de lo que se iban a encontrar en la guerra el día que partieron de sus hogares…
    A medida que pasaban los días y por lo que cuenta tu abuelo, se iban dando cuenta de que aquello era como poco una locura, y muchos de haber podido marchar aún poniendo en riesgo sus vidas lo hubiesen hecho :(

    Esto mismo también lo debieron sentir muchos en el bando contrario :(

    Un abrazo muy grande para tu abuelo y otro para ti :) Último artículo del blog de yomisma77… 365 días para no olvidar… My ComLuv Profile

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