Navidad 1936. Imagen: Leyendas de la guerra civil.
Nos dan ropa nueva para el desfile. Por la mañana llega el convoy que, a las nueve, nos lleva a Toledo. Formamos y seguidamente vamos a misa en la catedral, en la que el obispo bendijo la bandera para entregarla a continuación a nuestro batallón.
Salimos de la catedral para desfilar por las calles, que estaban llenas de gente aplaudiéndonos, lanzado vivas al batallón, y nosotros, claro, muy orgullosos de pertenecer a Voluntarios de Toledo.
Terminado el desfile almorzamos. El rancho fue extraordinario, y hasta habían adornado las mesas con flores. Por la tarde hubo función teatral, que gustó a todos, cantándose al final de la misma el himno del batallón.
A las doce de esa noche volvimos al punto de partida, donde pasaríamos todo el mes de noviembre, diciembre y parte de enero. El frío, como no podía ser de otra forma, era muy intenso, y había días en que no se podía salir de la habitación: permanecíamos calientes al pie de la lumbre.
Fue entonces cuando comenzó la ofensiva por Cataluña. Todos los días compraba el periódico y muchas veces había que hacer cola para comprarlo, pues teníamos gran interés en oír el parte oficial y cada vez con más entusiasmo oíamos victorias, como la toma de Tarragona. Saltamos de alegría al recibir la noticia porque sabíamos que se aproximaba el fin de la guerra.
Desde nuestra posición veíamos el Frente de Madrid, pues había intendencia e infinidad de camiones iban y venían con suministros para las unidades en el frente. También veíamos llegar y salir el tren, que transportaba material de guerra y soldados, principalmente cuando los rojos dieron la ofensiva por Brunete, o mejor dicho, cuando lo intentaron, porque de nuevo fracasaron.
La Noche de Reyes llegó la orden de que nos preparásemos para salir, pues parece que los rojillos habían empezado la ofensiva de nuevo. Ya lo habían intentado muchas veces y esperaban detener nuestro avance victorioso por Cataluña.
Esta vez la ofensiva fue por el sur. Aquella noche fría de Reyes la pasamos sin dormir esperando la hora de salida de un momento a otro.
-Grandes regalos nos van a traer los Reyes -decíamos.
Pasó la noche. Llegó el día frío. De nuevo oscureció.
-Podéis dormir tranquilos -nos dijeron. Otras unidades estaban más cerca y no hizo falta ir.
Nos acostamos sobre el frío suelo, pues la noche anterior habíamos quemado las hierbas secas que nos servían de colchon porque no aguantábamos el frío.
Pasamos la noche como pudimos. Nos enteramos, al día siguiente, de que no sólo se les impidió el paso, sino que además conseguimos ganar mucho terreno, prisioneros y material en gran número.
El veintinueve de enero llega la hora de la salida. Sentíamos irnos porque le habíamos cogido mucho cariño a aquel pueblo y además pasamos una vida, exceptuando el frío, muy agradable allí. Nos dirigimos a Pinto. Ese día llovía a cántaros, lo cual sentíamos mucho en los relevos.
Había un niño que siempre comía pan duro. Y un día le preguntó a la madre:
-Mamá, ¿cuándo comeré pan de hoy?
-Mañana, mi niño, mañana.
Mi abuelo, humor negro de la posguerra.
« Capítulo XVII | Capítulo XIX »
Capítulo XVIII. Los regalos de Reyes.






Además, este proyecto -el conjunto de artículos de este blog- está registrado en SafeCreative con este número de licencia:
Lunes, 14 de Diciembre de 2009 15:18
Me llama la atención que se organizaran desfiles triunfales en medio de una guerra que todavía no habían ganado, imagino que sería para levantar el ánimo de las tropas y de la población.
Al menos para los soldados debieron ser un respiro momentáneo y una oportunidad de comer rancho caliente.
Por cierto, si puedes pregúntale a tu abuelo qué tipo de comida era el rancho, porque en canarias es un potaje con fideos gordos, papas y carne… pero con variaciones en cada isla. De repente me entró curiosidad por saber qué tipo de comida podían comer los soldados.
Un abrazo enorme para los dos!!
pd: es bueno saber que tu abuelo no ha perdido el sentido del humor, jejeje
Lunes, 14 de Diciembre de 2009 18:14
@Yomisma77: Sí, yo creo que también era por eso, supongo que lo harían los dos bandos. Nada mejor que hacerlo para levantar el ánimo y hacerles creer que hacen lo correcto. Le preguntaré lo del rancho, gracias por seguir su historia, ¡un besote!