Imagen: El imperio de trapisonda.
Pinto era un pueblo hermoso, que era importante en tiempos de paz pues desde allí había doble vía hacia Madrid. Como en tantos otros, sus habitantes se habían marchado por culpa de la guerra.
Nuestra vida cambió por completo. El servicio era muy pesado: cada tres noches que dormíamos en el pueblo, pasábamos una al aire libre, a unos cuatro kilómetros de donde nos alojábamos. A menos distancia se encontraba el Cerro de los Ángeles, del que tanto se habló cuando nuestras tropas lo tomaron.
En aquel lugar se habían hecho unas trincheras por precaución y en ellas pasábamos las frías noches de Febrero. No había chabolas donde refugiarse y pasábamos las horas libres al pie de la lumbre… si no llovía. Entonces, ¡qué amargas noches, en las que llegábamos al pueblo con la ropa mojada! Sólo nos quedaba esperar a que el fuego, de nuevo, las secara.
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Capítulo XIX. Pinto. ¿A Madrid?




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