Un amigo mío se enteró que estábamos en el sanatorio y vino a ver si se encontraba algún conocido, y efectivamente, allí nos vimos. También en Caravacas nos encontramos.
Era un íntimo amigo de la quinta del treinta y seis -yo del cuarenta-. Me contó que estuvo operando por el norte, en las brigadas de Navarra, con un hermano mío. Por desgracia, mi hermano fue hecho prisionero en Teruel. Gracias a este amigo me enteré con todo detalle de lo que acontecía en Madrid, ya que en ese momento se econtraba en las trincheras, en primera línea de batalla.
Nos fuimos a una cantina y pasamos la tarde fumando cigarrillos Canarios, ya que acababa de recibir un paquete de una madrina. Nos despedimos con emoción deseándonos encontrarnos muy pronto. Lo cierto es que esa noche no dormí muy tranquilo con las nuevas informaciones que tenía.
El día siguiente amaneció un sol reluciente. Salimos a unas trincheras, al exterior, a contemplar Madrid. Podíamos ver bien las calles destrozadas, y oíamos con claridad el tiroteo que había dentro. Las bombas de mano también explotaban constantemente. En las trincheras, sin embargo, había un silencio profundo durante el día, y por la noche se escuchaba algún tiro aislado.
Continuar leyendo “Capítulo XXI. Amigos y maratones.”
Capítulo XXI. Amigos y maratones.





Además, este proyecto -el conjunto de artículos de este blog- está registrado en SafeCreative con este número de licencia: