Era la época en que había acabado la guerra, y mi abuelo se encontraba destinado a un cuartel en Gran Canaria -me adelanto un poco a los siguientes capítulos pero considero que vale la pena-. A los soldados, en aquella época, se les repartía plátanos en las comidas. El ejército pagaba a un almacén y mi abuelo era uno de los encargados de ir a buscarlos.
Intermezzo 5. Plátanos y militares.Por ejemplo, pongamos que pedíamos ocho cajas de plátanos para los que estábamos en aquel cuartel. Le decía: déjame cuatro cajas de plátanos buenos y dame las otras de plátanos pequeños. ¿Por qué? Bueno. Ese día tocaba el rancho y los soldados se ponían en fila con su plato para darles el rancho, y luego un soldado se encargaba de ir dándole a cada uno un plátano.
Al principio, claro, se daba un plátano a cada uno, pero según iban pasando se consumían las cajas de plátanos grandes y empezaban la de los pequeños, de tal forma que al final del día sobraban cajas. Esas cajas iban de vuelta al almacén. Al final de mes, pongamos que quedaban 30 cajas sin repartir. Pero estaban “pagas” -pagadas- por el ejército. Así que hablaba con el del almacén y cada uno se quedaba con quince para venderlas luego. Amigo, qué hambre se pasaba.







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