Dic 02 2009

Capítulo XVII. Preparando el desfile.

Categoría: GeneralJulio @ 18:11

caballeradelpoum5xpDesfile caballería. Imagen: Elgrancapitan.org

Salimos de allí caminando muchos kilómetros, pasando por Seseña, hasta llegar a otro pueblo llamado Borox. Era la una de la madrugada y nos dijeron de meternos en la iglesia, que había sido saqueada por los rojos. Acabamos allí la noche, muy contentos de haber casi terminado con aquella pesadilla de batalla.

Comenzaron los comentarios al ver que faltaban muchos de nuestros compañeros.

-Te fijastes -dijo uno- cómo hirieron a fulano.

-Sí, yo lo vi por tal sitio y veía que corría peligro.

-Pobrecillo, quizás muera a consecuencia de las heridas.

-¿Es verdad que murió fulano? Buen muchacho era ése.

Y así estuvimos hablando hasta que nos venció el sueño.

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Nov 20 2009

Capítulo XII. Las toledanas son presumidas.

Categoría: GeneralJulio @ 15:51

medallasPara volver nos recogieron en un camión que pasaba por la plaza mayor. Nos dijeron que el lugar donde nos habían llevado se llamaba Venta del Hoyo.

En nuestros días allí la rutina diaria no había cambiado. Seguíamos haciendo muchísima instrucción por la mañana, desplegándonos campo a través y una hora de teórica por la tarde.

Lo más curioso es que de cada tres noches que dormíamos allí había que pasar una a la intemperie, con el correaje, el fusil y una manta. Salíamos de allí a las seis, y tras siete u ocho kilómetros nos encontrábamos el río donde hacíamos la guardia. Nuestro miedo era que los rojos estaban al otro lado y podían iniciar una ofensiva en el momento más inesperado.

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Nov 19 2009

Capítulo XI. Salvoconducto al Alcázar de Toledo.

Categoría: GeneralJulio @ 17:48

alcazar-toledoAl bajar del tren vimos que un convoy salía para contener la ofensiva de los rojillos. Nos llevaron a una era, que tenía forma de circunferencia, y en donde nos hicieron esperar el regreso del convoy.

Buscamos leña para hacer lumbre. Repartieron picos y palas de pequeño tamaño, y acostumbrado a la azada, el rastrillo y demás útiles de campo me dije que si nos iban a poner a cavar con eso tardaríamos una eternidad. Nada más lejos: nos explicaron que los usáramos para hacer agujeros en la tierra y ocultarnos del enemigo.

A las doce de esa noche nos llaman a formar y pensamos que había llegado el convoy. En cambio, nos dirigen a un lugar bastante abrigado, lo que me produjo mucha alegría. Se podría pensar que mi alegría era porque retrasábamos la lucha, pero aunque no me alegraba precisamente del destino: ¡es que esa noche, por fin, iba a dormir caliente! La vez anterior me fue imposible dormir -ni a nadie- a la intemperie.

Al día siguiente no sucede nada. Llega la tarde y nos dicen que tenemos que cargar la munición en el tren. Los rumores de que nos destinaban a otro frente se dispararon y nos alegramos por ello. Pero en la guerra las alegrías duran poco: una contraorden, que en estos tiempos eran muy habituales, nos hace devolverla al almacén. ¿Y qué me dicen si les cuento que, al poco de trasladarla, nos apremian para volver a subirla al tren? La guerra es una cosa de locos, y no me extraña que duren tanto si los que se supone que la tienen que dirigir cambian de opinión cada tres por cuatro.

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