Aisthesis: el aspecto receptivo de
la experiencia estética.
(extracto)
"Media
are not mediations": los nuevos mass-media
del arte contemporáneo no sólo han
conmocionado la vieja cultura del leer, propia de
la era burguesa, sino que, además, amenazan
la primacía del signo sobre la palabra, con
la efectividad del shock y con la invasión
mediante estímulos que hay que recoger y
que eliminan tanto el placer lectivo de la lectura
como la formación de experiencia estética
en el sentido tradicional. Lo que caracteriza a
la experiencia estética actual es el cuestionamiento
de los efectos de la aisthesis clásica, y
no el apocalíptico "fin del arte",
con que, en fecha reciente, tanta lata se ha dado.
Bajo las nuevas condiciones
de la revolución técnica, que abre
a la percepción sensorial humana insospechados
ámbitos de experiencia, la percepción
estética adopta una nueva imagen: por un
lado la fotografía, y el cine; por otro,
"la naturaleza que habla a la cámara
es distinta de la que habla al ojo", y que
aumenta también la posibilidad de "manipular"
la consciencia receptora. Esa es la razón
de que la actitud placentera y la crítica
reflexiva del público estén más
separadas que nunca.
La contraposición
creciente entre una producción artística
exclusivamente de consumo y otra sólo de
reflexión, es lo que, a partir del "final
de periodo artístico", caracterizará
la praxis estética. La estética esotérica
y exotérica de la Modernidad quedaron por
completo separadas, debido a la tan distinta valoración
que, de esta opción, hacen W. Benjamin y
Th. W. Adorno. Desde entonces, la cuestión
de cómo puede superarse el abismo existente
entre arte de masas y vanguardia esotérica
sigue siendo el problema capital de la teoría
estética. Ante esta reciente crisis de la
Aisthesis, la teoría estética ha desarrollado
teorías que o llevan a la utopía de
un arte futuro o que recomiendan la vuelta a aquella
soledad de la experiencia artística.
Dieter Henrich ha opuesto
a esta alternativa otro diagnóstico: habría
que entender el arte actual -"más allá
de los esquemas sospechosos de decadencia progresiva
y de anticipación del progreso"- de
una forma nueva; nos revela que la percepción
sensorial del hombre no es una constante antropológica,
sino que es históricamente mutable, y que,
desde siempre, el arte ha tenido, como función,
la de descubrir o contraponer nuevas formas de experiencia
en una realidad por sí cambiante.
El intento de describir
con ejemplos el cambio histórico de la aisthesis
en sus realizaciones poéticas, topa con una
dificultad hermenéutica. Esta función
hermenéutica de la aisthesis se explica,
porque la mirada humana, por su propia naturaleza
y por interés, no se conforma con lo que
se le ofrece de inmediato, y está expuesta
a la seducción de lo ausente y a extraer
lo todavía oculto. La percepción estética
renueva esta energía de la mirada, sublima
la exigencia de ver y de ser visto, y la convierte
en una "poética de la mirada".
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