CAIN Y ABEL


“ ... Y dijo Caín a su hermano Abel: -Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.”

Génesis, Capítulo 1 al 8.

— ¡Qué hermosos hijos tenemos, querida!

La mujer sonríe, apura su martini, y apoltronada piensa que la de ellos, es una buena vida, aunque soportando las bajas temperaturas sureñas. Viven en un barrio exclusivo, vacaciones en Europa y sus hijos…, hmmm. Rubén con doce años ya es toda una promesa para seguir la medicina, como su padre. Estudioso, tranquilo. Ejecuta sus deberes sin que sea necesario recordárselos. Algo introvertido claro, pero es un hijo que toda madre quisiera tener. Es un niño perfecto. Y Gustavito, el huracán de la casa, alegría del hogar, desordenado y hermoso como un sol. A sus ocho años ya toca guitarra y compone canciones. Hmmm, ¡qué orgullo sienten ellos cuando se luce delante de las visitas! Es un verdadero tesoro.

—Sí, querido, son hermosos.

Y prosiguen degustando su trago mientras observan, casi fascinados, las evoluciones de unas lenguas caprichosas que se mueven y elevan como luchando entre ellas, de colores que del rojo intenso varían al salmón, luego anaranjado y algunas de un blanco nebuloso, en la chimenea. Hay ambiente de paz, de alegría contenida. Villancicos de navidad, suaves, ronroneantes, envuelven el entorno desde un equipo musical incrustado en la pared del salón. Al frente, un óleo con un autorretrato de Rembrandt, personificando al apóstol San Pablo.

Arriba, en las habitaciones se mueven dos mundos paralelos. En una de ellas está Rubén, en su escritorio investigando sobre la cura del cáncer. Su cuarto luce ordenado, pulcro. Lleno de libros y cuadernos. Con un notebook de última generación que muestra en la pantalla una página de wikipedia. En la otra habitación está Gustavito. Las paredes cubiertas de pósters de cantantes juveni...